‘El Camino: Una película de Breaking Bad’ – Un pequeño epílogo sin mucho que contar

Un rápido vistazo a tu plataforma de vídeo a la carta seguramente baste para darte cuenta de una cosa: Hay demasiadas series. Tantas, que es inevitable que algunas de ellas se conviertan en fenómenos populares y temas de conversación en los medios. No solo porque tienen la capacidad para atraer a la audiencia, sino también porque, cuando están en el aire, hay que venderte esos productos de cualquier forma. Finalmente es el paso del tiempo quien decide cuáles de esas series van a perdurar, y en este caso, seis años han bastado para confirmar que Breaking Bad es uno de los mejores ejemplos de televisión de todos los tiempos.

 

Hace también muchos años, cuando yo era joven, inocente e idealista, escribí un artículo doble analizando la serie. No he vuelto a leerlo, así que me limitaré a pedir perdón por los fallos que hubiese podido cometer. Pero lo hecho, hecho está, y así es como se va a quedar, a menos que, con más de un lustro de diferencia, Vince Gilligan venga a aportar un granito más a su montaña de oro, y yo a este pequeño blog.

De eso trata El Camino, un epílogo para Netflix en forma de película envuelta en secretismo y, a primera vista, algo innecesaria, porque, ¿qué más queda por contar? Walter White ha muerto, los malos han sido acribillados y Jesse Pinkman huye hacia el horizonte conduciendo y llorando de alegría. Añadir algo más no solo tiene la difícil tarea de ampliar este ya de por sí complejo mundo, sino no lastrarlo en el intento. Y aquí es donde empiezan los spoilers.

 

Lo primero que tenemos que saber es que la película de Breaking Bad fue rodada en secreto para no desvelar detalles sobre tu trama. Y eso es evidente desde el primer plano. Si nos fijamos bien, lo que estamos viendo es un trabajo muy simple, menos atractivo visualmente, y con poca gente, Casi todo ocurre en lugares cerrados o apartados, lo que contrasta muchísimo con aquel virtuosismo visual al que nos tenían acostumbrados. Hay un par de detalles curiosos, pero se nota mucho el cambio tanto de formato, como de fotografía.

Y una vez quizás esa forma tan inteligente de mover la cámara, y dejamos fuera una gran trama con tiempo suficiente para ir cociéndola a lo largo de varios capítulos, además de habernos quitado de encima todos los grandes personajes a excepción de Jesse, hay muy poco que podamos hacer. Tenemos una historia algo alargada, pesada y sin mucho sentido, que se hubiese podido solucionar solo con una frase, o mejor aún, dejándola a la imaginación. La búsqueda de dinero es algo simple, y el gran duelo final, que pretende imitar al western, no está mall, pero no nos dice tanto porque se trata de personajes nuevos que no han tenido tiempo ni carisma para calar en el espectador.

De modo que nos queda la otra opción: ir hacia atrás en el tiempo, y llenarnos la película de Flashbacks donde ahondamos más en la tortura de Jesse a manos de Todd, aquel cabroncete que parecía un Matt Damon de marca blanca y que con buenas maneras, ocultaba un auténtico monstruo. Su muerte a manos de Jesse fue muy celebrada, pero ahora debería serlo más tras comprender hasta dónde llega el alcance de su locura. Lo malo es que ha pasado tanto tiempo desde el rodaje de Breaking Bad que el actor Jesse Plemons, que interpreta a Todd, haya cogido unos cuantos kilos para nada disimulados por la caracterización (aunque intentan dejarnos su cara en la sombra en los primero planos). Todos han cambiado demasiado como para que no nos demos cuenta de que ha habido un salto enorme en el tiempo, no solo unos pocos días, como intentan decirnos, y eso nos saca constantemente de la película, que tampoco tiene mucho más que ofrecernos. Sí, hay algún que otro golpe de humor y los previsibles cameos, que sirven para que recordemos lo buena que fue la serie, pero poco o nada queda ya del oscuro y sugerente mundo de Vince Gilligan, solo una última pincelada representada en el papel final de Robert Forster, fallecido en el mismo día que esta película sale a la luz. Es él quien interpreta a este personaje casi mítico al que todos acuden para tener una segunda oportunidad en un mundo nuevo, libre de los pecados del pasado, y que personifica la esencia del personaje de Jesse Pinkman: la eterna búsqueda de perdón y libertad donde nosotros, que le hemos acompañado a lo largo de todo este camino, esperamos que finalmente encuentre.

 

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