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J.J. Benítez – El biógrafo de Jesucristo

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En 1973 el ejército estadounidense descubrió la forma de viajar en el tiempo. El proyecto, conocido secretamente como Caballo de Troya, permitió a dos soldados de las fuerzas aéreas retroceder hasta el año treinta de nuestra era y presenciar uno de los acontecimientos más importantes para la sociedad occidental: la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Los militares, con los nombres en clave de Jasón y Eliseo, realizaron varios saltos temporales que les permitiría también visitar otros pasajes de la vida del supuesto hijo de Dios, entrevistarse con la Virgen María, Poncio Pilatos o incluso convivir con los discípulos. Tras regresar a casa, enfermos y debilitados por el viaje, uno de ellos escribiría un diario para dejar un legado del mayor programa secreto de la historia de los Estados Unidos para, al final de su vida, ponerlo en las manos más capaces de revelar al mundo lo ocurrido: el periodista y ufólogo navarro J.J. Benítez.

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Alienígenas: Mitología del Siglo XX – Parte 2

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Ir a la primera parte.

El reciente estreno de El Juego de Ender me animó a leerme por fin la novela, escrita en la década de los ochenta por Orson Scott Card, donde imagina un futuro en el que los niños son educados a través de videojuegos para liderar a la humanidad en una guerra contra una raza extraterrestre llamada Los Insectores. Discursos antifascitas al margen, lo que me interesó del libro fue que parecía asociar la idea de la aparición de una raza alienígena con una inevitable guerra contra ella. Eso, aparte de decir mucho sobre nuestra incapacidad para comprender a otros seres o culturas, también deja claro que la figura del alienígena ha servido durante mucho tiempo como la personificación de un enemigo distante y con el que aparentemente no tenemos nada en común, más que como una auténtica forma de vida extraterrestre.

El post anterior exploraba el interés por los OVNIS que surgió durante la década de los cincuenta como respuesta a un momento político e histórico singular, y en él dejábamos claro que los platillos volantes no son más que invenciones del público que sirvieron para alimentar al cine de la ciencia ficción mientras que éste, a su vez, inflaba las fantasías de los espectadores en un círculo vicioso. Pero ahora tendríamos que ir mucho más lejos, y analizar a los seres que tripulaban dichas naves y que durante años han entusiasmado y aterrorizado al mundo entero.

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Alienígenas: Mitología del Siglo XX – Parte 1

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No podríamos entender el género de la ciencia ficción o nuestra Historia reciente sin la supuesta existencia de visitantes de otros planetas. La fiebre de los OVNIS comenzó hace sesenta años y mantuvo un alto nivel de popularidad hasta hace unos diez, fecha que además podríamos cifrar casi de manera exacta. En estas décadas, las imágenes de platillos volantes y extraterrestres cabezones han encontrado un hueco en el imaginario colectivo asociándolos con términos como abducción, nave nodriza o las tan conocidas y hasta un poco cómicas sondas anales. Lo cierto es que no hay ni una sola prueba de que estos seres existan realmente, así que la pregunta es cómo hemos llegado a un punto en el que lo sabemos todo sobre los alienígenas si nunca nos hemos topado con alguno, o por qué prestigiosos canales de documentales orientados hacia la Historia obtienen grandes audiencias cuando dejan volar su imaginación en programas que aseguran que seres de otras galaxias moldearon nuestra especie.

Sería Michael Crichton quien en su novela “El Mundo Perdido” utilizaría por primera ve el término “Tecnomito” lanzando la idea que la sociedad había perdido a los mitos clásicos como Prometeo y habían surgido otros nuevos, sobre todo relacionados con aspectos más cotidianos para los habitantes del Siglo XX y que contaban con una base científica y tecnológica. Y es que sólo cien años nos separan del primer vuelo a motor de los hermanos Wright, y en ese tiempo los aviones han dejado de ser un misterio para nosotros, al igual que tampoco lo son los GPS, la conexión a Internet o la presencia del hombre en la Luna. Incluso, hemos construido estaciones espaciales y sondas no tripuladas que han abandonado el Sistema Solar. Pero a pesar de que cada vez tenemos más acceso a la ciencia y la tecnología, es poco lo que comprendemos de ella, y esa brecha se hace cada vez más grande debido a lo rápido que avanza el mundo en campos tan básicos y en apariencia insignificantes como la telefonía móvil.

Carl Sagan ya comentó los problemas que entrañaba depender de una tecnología sin saber comprenderla, pero también constató otro detalle fundamental: La gente quería conocer. Nacemos curiosos, pero sólo si tenemos suerte, para cuando salgamos del circuito educativo los profesores y educadores no habrán logrado extirpar nuestro interés por la investigación. El resto de la población por el contrario saldrá dispuesta a creer cualquier cosa que venga envuelta en un halo científico, como fotos de OVNIS en Internet o foros de supuestos contactados que aseguran haber estado en el planeta Marte. O historias de pactos secretos del gobierno estadounidense con seres reptilianos que controlan nuestras vidas, alienígenas vivos retenidos en el Área 51 capturados seguramente en el accidente de Roswell de 1947, y hasta la graciosa teoría de que a los alienígenas les gustan los helados de fresa. Este público fiel ha sido quien ha instaurado la figura del extraterrestre y del platillo volante como parte importante en la mitología moderna, pero si realmente hay una Verdad, no está ahí fuera, sino que deberíamos buscarla dentro de nosotros.

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‘Caballo de Troya’ – Viaje en el tiempo a la época de Jesucristo

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Siempre hay libros polémicos que llaman la atención del público y que generan dos bandos enfrentados entre los que lo defienden y lo critican. Crepúsculo, 50 sombras, El Código Da Vinci… por regla general suelen tratarse de libros bastante malos que sólo han conocido el éxito por una excesiva promoción demostrando que la gente se deja llevar por modas. En España, además, tenemos desde hace años un fenómeno literario similar que dejaría en bragas al profesor Robert Langdon y su búsqueda de los hijos de María Magdalena, ya que el ufólogo y escritor Juan José Benítez escribió en 1984 un texto que sólo se puede catalogar de peculiar.

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