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‘Valor de ley’ – Casi, casi

Vaya por delante que hace tantos años que vi la “Valor de ley” (1969) de Henry Hathaway (y tengo una memoria bastante atrofiada, añado) que no voy a caer en el topicazo de comparar ésta con la “Valor de ley (True Grit)” de Joel y Ethan Coen. Queda dicho. ¡Ah! Y otra advertencia: si no la habéis visto, cuidadín que por aquí se escapa algún que otro detalle del argumento. Queda dicho II.

En ambas, eso sí, se narra la misma historia, historia basada en la obra homónima de Charles Portis cuyo guión adaptado es una de las diez nominaciones que atesora la película en cuestión.

Mattie Ross es una decidida joven de 14 años que acaba de perder a su padre asesinado a sangre fría por un tal Tom Chaney que huyó tras cometer el crimen y todavía no ha sido detenido. Dispuesta a que el criminal pague su deuda con la justicia, contrata al federal Rooster Cogburn (que siente tanto apego a una botella de whisky como a su pistola) para que la ayude a encontrarlo.

Los hermanos Coen, que últimamente suelen prodigarse en las galas de los Oscar (véase, por ejemplo, la excelente “No es país para viejos” o el coñazo de “Un tipo serio”), no han faltado a su cita de este año con las diez nominaciones antes mencionadas. Leer el resto de esta entrada »

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“Un tipo serio” – El colmo de la mala suerte

 

Años 60. Larry Gopnik es un judío norteamericano que trabaja como profesor de física, está casado y tiene dos hijos adolescentes. Parece que en su vida todo funciona como un perfecto engranaje hasta que una serie de imprevistos acontecimientos van hundiéndole en el pozo más profundo.

Éste sería un resumen muy breve de “Un tipo serio” (2009), la última cinta de los hermanos Coen que opta a conseguir los Oscar a la Mejor Película y al Mejor Guión Original.

Esta tragicomedia nos presenta a un hombre que se ajustaría a la definición de “serio” si no fuera porque su aspecto y sus ademanes provocan una media sonrisa en cuanto aparece en pantalla. Pero es que además, Larry debe enfrentarse a su mujer (que le pide el divorcio y lo echa de casa para “liarse” con un viudo), a sus hijos (dos niñatos egoístas –uno de ellos fumador de marihuana- que pasan olímpicamente de su padre), a uno de sus alumnos (un coreano que pretende sobornarlo para conseguir un aprobado), a su hermano Arthur (un simplón jugador compulsivo que se pasa el día drenándose un quiste que tiene en la nuca) o a sus rabinos (tres “elementos” que son incapaces de dar respuesta a sus dudas existenciales).

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