The Predator – Una película indescriptible

 

Sé que llego muy tarde para hacer una reseña de esta película, pero tengo una explicación: Para empezar, he tardado dos años en verla. Y eso ha sido porque a estas alturas, The Predator ya no le importa a nadie en absoluto. Lo que tenía que haber sido un acontecimiento cinematográfico (en su escala, por supuesto), resultó ser otro producto desechable más, y ya hemos perdido la cuenta de cuántas secuelas tardías, remakes o reboots han intentado lo mismo, estrellándose de la misma manera.

En muchos casos, se debe a que las personas que las ruedan tienen poco talento y sí muchas prisas, y en otros ejemplos, como el que nos ocupa, lo que tenemos es otro de esos innumerables casos en los que un estudio contrata a un director solvente, y al que luego le dicen cómo tiene que hacer su trabajo.

Pero vayamos por partes.

 

 

Ok, Predator, de 1987, no es ninguna obra maestra. Pero por una serie de pequeños detalles, sigue aguantando muy bien el tipo más de treinta años después. Una narración sencilla pero efectiva, un reparto curioso, variopinto y con muchos músculos, y también una criatura llamativa. Tuvo el suficiente éxito como para que hiciesen otra. Y después otra. Y después de decenas de videojuegos y cómics, se lanzasen a aquel entretenimiento llamado Alien Vs Predator, con una primera entrega pasable y la segunda, jodidamente horrible. Fox decidió hacer un alto, volver a separar las dos franquicias, y revitalizarlas como pudiese antes, (imagino que la idea era por estas fechas), de volver a juntarlos.

Es una historia de la que ya hablé hace años en este blog. Por si hay algún despistado, Fox encargó el reboot de Alien a Ridley Scott, que hizo justamente lo contrario a lo que se le pedía. Y para el Depredador, contrataron a Shane Black, secundario en la película original, guionista de éxito, y director de joyas como Dos Buenos Tipos.

 

Shane tiene un estilo muy personal. Arma Letal o la ya mencionada película de Ryan Gosling y Russell Crowe son cintas densas, bien escritas, con diálogos ágiles y mucho tabaco, tetas y palabrotas. La única razón por la que dirigió Iron Man 3 fue debido a su amistad con Robert Downey Jr., y ahí aprendimos, por enésima vez, cuál es la trampa de los grandes trabajos de estudio.

Marvel, Disney, Star Wars (que, si nos fijamos, son los mismos), rara vez hacen películas. Lo que tienen montado es un negocio donde cada x meses nos ofrecen una ración de su producto. No han tardado ni cinco años en agotar Star Wars, y Marvel ahora mismo tiene tantas películas, que me costaría enumerarlas todas. Ellos controlan hasta el menor detalle de sus productos, en base a lo que podríamos llamar una “línea editorial”, claramente orientada a todos los públicos.

Por eso, Iron Man 3 es una mezcla perfecta entre el cine de Black, y los intereses de la multinacional. Hay buenos diálogos y el nivel está por encima de la típica película de superhéroes, pero se notan mucho los machetazos y los intentos por hacer que cuadre dentro de un universo compartido. Al final, el punto de vista personal del director no llega a lucirse, y sólo aparece de vez en cuando.

El resultado, como ya imaginamos, se queda en tierra de nadie.

 

Así que después del estreno de Iron Man 3, Fox se acerca a Black, y le pide que haga exactamente lo mismo con la franquicia de Predator. Y esa es la razón por la que nos encontramos con la misma película y casi el mismo guion, salvando las distancias, pero casi con el mismo niño.

The Predator es una mala película, porque está hecha a pedazos. No sabemos muy bien quiénes son los protagonistas, y nos quedamos con una especie de copia de Con-Air a bordo de un autobús donde dos frases mal escritas intentan dar personalidad al reparto. El protagonista, Boyd Hollbroock, es uno de los mayores damnificados por un guion que no les da absolutamente nada con lo que crecer y desarrollarse. Por otra parte, tampoco nos queda la historia muy clara, ya que, en su intento de ahondar en la mitología de los Predators, nos queda una historia mal contada en la que dos criaturas parecen estar enemistadas, y se pelean brevemente en la pantalla. Las razones, al igual que todo, tendrá que dárnoslas alguien en un diálogo sobreexplicativo. O lo arreglarán en una escena post créditos que no sirve para nada y parece sacada de otra película.

A pesar de que debería gustarnos lo que estamos viendo, la sensación es que nos encontramos ante un caos narrativo. Y no lo digo con intención de que parezca que sé de lo que estoy hablando. Cualquiera puede fijarse en que las cosas ocurren porque sí. Que hay perros alienígenas por alguna razón. Que un Predator es un “traidor”, y que un plano insertado nos va a intentar dar un poco más de coherencia en todo esto. Y lo peor es que los diálogos no son ni tan rápidos ni divertidos como podríamos esperar. La esencia está ahí, pero es como si alguien la hubiese diluido a conciencia.

 

Las películas deberían funcionar como experiencia cerrada y completa. No como presentación de una nueva fase o secuela. Puede que a Nolan le quedase genial cuando enseñó la carta del Joker al final de Batman Begins, pero no deberíamos copiar películas que ya hemos visto, y peor aún, que hemos visto fracasar. La escena con el traje Predator (que se supone, tócate los cojones, que ha estado en la nave alienígena todo este tiempo y que era la razón por la que el primer Predator vino a la Tierra para darnos), es un reshoot que intenta lo que no consiguió Independence Day 2: elevar la escala, y convertir una pequeña escaramuza en la Tierra en una gran saga cósmica y espectacular. Es tan malo, que hasta la escena parece dirigida por un equipo diferente al que rodó el resto de la cinta.

 

No hay muchas noticias sobre una secuela, o sobre los planes que Fox tiene con respecto a la franquicia. Tampoco los hay sobre Alien. Según se comenta, la productora ha metido ambas series en “la cámara”, expresión que se refiere a cuando deliberadamente, deciden cancelar todos los proyectos en desarrollo de una saga para ponerla a dormir durante cinco o siete años, esperando que el público esté ansioso por verlos de nuevo. Algo que ya hicieron en 2007, tras AVP2, y que sin duda, ocurrirá dentro de poco con Terminator, a la que también se le han acabado las ideas.

Mientras tanto, Ridley Scott continúa hablando de sus planes para nuevas películas del xenomorfo, a quien nunca hemos visto con menos energía. Pero aun así, incluso una cinta menor de Scott como es Covenant, supera con creces a esta nueva versión del Depredador.

 

 

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