Hablemos sobre personajes femeninos

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Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer, y por debajo de todos los logros alcanzados y todas las felicitaciones, están no sólo el camino que queda por recorrer sino la realidad de lo obtenido. Podemos verlo en Twitter en forma de mensajes, chistes y reclamaciones sobre la necesidad de un Día del Hombre, o en las sonrisitas de los compañeros de trabajo que te felicitan por estar ahí hoy. Y por supuesto también podemos encontrarlo en el cine y los videojuegos, que son quienes mejor representan el papel asignado a las mujeres en nuestra sociedad.

El que se conoce en España como Día de la Mujer Trabajadora no es algo que haya caído del cielo, o tan ridículo como el día de la croqueta, el de las tortitas o incluso el día de la toalla. Existe para recordar a todo el mundo la situación de las mujeres en desventaja con sus compañeros masculinos, y desde su concepción, sus objetivos han ido cambiando, pero no así la esencia. El Feminismo es la búsqueda de igualdad de oportunidades y derechos para los dos sexos, pero se amplía a tanto que seguramente ya haya alguien torciendo el gesto por mi “sexista” forma de explicarlo. Lo he visto. La idea de que hombres y mujeres somos iguales y deberíamos ser vistos de esa forma es sencilla, pero en realidad todo es mucho más complejo. Y si habéis vivido en una cueva en último año quizá os hayáis perdido algunas cosas. Sin embargo ese no es el tema este blog, que tiene que centrarse solamente en películas, series y videojuegos, y donde la presencia cada vez más palpable de las mujeres no siempre ha sido recibida con los brazos abiertos, sino que ha llevado a la ira e incluso a los boycotts de próximos estrenos.

Existe una clara diferencia entre un personaje masculino y otro femenino. La mayoría de los hombres son presentados como héroes, villanos, secundarios graciosos, personas que tienen que luchar por superar los obstáculos o las diferencias con la sociedad… como vemos, existen en un amplio abanico de posibilidades. Batman es un hombre, y también lo son Superman, Lex Luthor, Spiderman, Michael Corleone, Tiggs y Murtaugh, Harry Potter, Luke Skywalker o miles más que no repetiré y me quedaré en los clichés. Puedes sentirte identificado con todos estos personajes porque damos importancia no a su físico, sino a sus emociones y propósitos. Desde los justicieros a quienes comprendemos por su lucha contra el mal, hasta los propios villanos cuyas motivaciones son cada vez más afines al espectador. Series como Breaking Bad o Narcos nos han puesto al villano como protagonista logrando que el público se identifique con ellos, que quieran verles vencer y ser más listos que nadie. Matar al dragón y rescatar a la princesa.
Las mujeres en cambio tienen papeles más simples. En Syrup, Amber Heard explicaba que los hombres catalogaban a las mujeres en cuatro categorías: “madres, vírgenes, putas y zorras”. Y casi que podríamos resumirlas en tres: “La madre, la puta y la compañera.” Mujeres que forman a los hombres, mujeres que son paradas en boxes sexuales para los hombres, y mujeres que deben ser rescatadas o conquistadas al final del juego o película. La princesa de Mario encajaría en esta categoría, cogida de la mano de la pobre Zelda.
Como vemos, las opciones que tiene una mujer en una historia son muy limitadas, pero esto no se debe a un acto patriarcal que busque aplastar a las mujeres y convertirlas en meros objetos o trofeos que conseguir. Se debe simplemente a que muchos de los productos que tenemos son escritos por hombres. Ellos son quienes crean las historias y las llenan de intereses propios masculinos, y no hay nada que lo represente mejor que la historia del origen de Superman, cuando Siegel y Schuster tenían tan poco éxito con las chicas que estaban convencidos de que tener poderes sobrehumanos como levantar coches o poder volar les harían ligar con todas (era la década de los treinta).
Su ingenuidad nos sirve para darnos cuenta de que muchas de las cosas que vemos están escritas desde un punto de vista masculino, heterosexual y blanco, la clase dominante en nuestra sociedad. Peter Parker es blanco. Rambo es blanco. John Wayne fue el más blanco de los blancos. Así que sin darnos cuenta, las historias están pensadas para el disfrute de ellos mismos. Héroes que matan al malo y encuentran una satisfacción sexual (otra forma de poder y éxito) hacen que no nos fijemos en si la chica en realidad podría estar loca por el malo, o si salvarla de la prisión hace que te merezcas un beso.

Cuando yo tenía siete años, ya me preguntaba por qué los hombres tenían siempre que ir rescatando princesas de torres y brujas y no podían rescatarse ellas mismas. Y con el paso del tiempo me he ido preguntando por qué el amor que recibían los personajes masculinos siempre estaba condicionado por lo que ellos hicieran, no por quienes fueran. En cambio las mujeres rara vez tenían opción. Estaban esperando en sus castillos y se lanzaban por sus héroes y salvadores, quizá porque era lo que ellas habían aprendido. Por eso Shrek fue tan brillante al jugar con los tópicos de princesas, besos y ogros con armadulla de caballero. En la mayoría de estas historias, la chica no sólo no pinta nada, sino que acaba cuando la conseguimos. No hay mucho tiempo para saber si somos compatibles o cuáles son sus aspiraciones. Su único papel en las historias es el de ser conquistadas. Esta fantasía masculina está claramente representada en la película Transporter de Jason Statham y donde él, un pétreo militar retirado que se gana la vida transportando mercancías ilegales, abría uno de los paquetes encontrándose a una chinita buenorra. No podía ser una mujer de mediana edad con dientes torcidos. Qi Shu rápidamente se iba con Statham, su salvador, y huían de un tiroteo con bazookas incluídos para, dos minutos después, quitarse la ropa para literalmente “compensarle” por sus pérdidas. Lo normal.

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Incluso cuando ya todos sabemos que el típico beso final entre el héroe y la chica ha quedado explicado no como el triunfo del amor sino como un subidón de adrenalina por parte de los protagonistas (Un punto a favor de Pacific Rim y su no-beso y otro al pobre empleado de Jurassic World en la sala de control que ha visto tantas películas que intenta recrearlo topándose con una chica con novio), hay poco más que puedan hacer en las películas. Todas han de ser guapas y jóvenes, produciéndose un enorme desequibrio entre las edades del reparto. Hombres de cincuenta no se besan con mujeres de cincuenta sino de veinte, y Maggie Gyllenhaal se quedó de piedra cuando le dijeron que con treinta y siete años era demasiado vieja para interpretar al “interés romántico” de alguien de cincuenta y cinco.
Y es que eso es lo que son, intereses románticos. No tienen ideas propias y no aportan nada para la trama más que el detonante de las motivaciones del protagonista o alegrar la vista. El casting de Megan Fox para Transformers consistió en hacerle limpiar el coche de Michael Bay. No es broma.
En historias pensadas por hombres, los destinatarios son hombres. Los cómics, las consolas y hasta el cine eran entretenimientos mayoritariamente masculinos, quizá porque la educación de las mujeres siempre las empujaba hacia otros temas. Esto quedaba reforzado cuando los guionistas y directores demostraban un absoluto desconocimiento de la mentalidad femenina. Las mujeres no son complicadas, pero su comportamiento no es el de un hombre con tetas por mucho que se empeñen en que en cintas de acción deba haber por lo menos una Rambo. Es más, casi podríamos asegurar que quienes hacen eso son mujeres que han adaptado su comportamiento para ser más aceptadas en el grupo, o han tenido que escuchar demasiados chistes sobre lesbianas. La separación por sexos hace que en realidad sepamos poco de las motivaciones e intereses de las mujeres, y por eso perpetuamos los roles que antes he mencionado. Lo que tenemos muchas veces son mujeres interpretadas por mujeres que no actúan como mujeres, y eso no quiere decir que sean más débiles o incapaces de luchar por lo que les interesa. Son escritas como sensiblonas que buscan el amor verdadero y no entienden de temas complejos. Incluso en este blog un iluminado escribió una vez que District 9 era una de esas películas que una mujer no puede comprender como un hombre. Casi parece que cuando aparece un personaje femenino que se preocupa más por las emociones que por el físico ocurre por accidente. Ripley fue durante varias versiones del guión de Alien, un hombre. Pero se ve que Sigourney Weaver era más barata.
También dice mucho que uno de los pocos iconos femeninos del cine pertenezca a una película de 1978.

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Esta representación sesgada de las mujeres en las películas afecta a las actrices que las interpretan, y que con cuarenta años no encuentran papeles al mismo nivel que el de sus compañeros de la misma edad. En cuanto alcanzan la categoría de MILF quedan condicionadas para interpretar solamente eso, madres. Y a la vez, limita sus opciones y sus posibilidades. Hace dos días publiqué aquí un post donde explicaba cómo las nuevas generaciones se crían frente a la televisión o el portátil, pasando más tiempo con actores y ficción que con sus propios familiares. Los roles y enseñanzas vitales, por tanto, los aprendemos de ellos y no de las personas que viven en nuestras casas, de ahí que sea importante que exista representación femenina en las pantallas. Porque como dice el lema “No puedes ser lo que no puedes ver”. Así, se pide más presencia femenina en otro tipo de papeles. Porque la sociedad (y el cine como extensión) acostumbra a decir a las mujeres que no están destinadas a trabajos físicos o a la ingeniería o programación informática. De hecho, The Big Bang Theory no hace más que potenciar el tópico de que quien se interese por la ciencia debe ser un nerd, y que ser una chica buenorra con grandes tetas significa ser tonta de remate. Pero si necesitáis una muestra más de que las mujeres son meros accesorios en las historias en lugar de piezas indispensables os recomiento echarle un vistazo al test Bechdel, una sencilla prueba que consta de tres preguntas:

1— ¿Aparecen dos mujeres en esta película que tengan nombre?
2— ¿Hablan entre ellas?
3— ¿Hablan de algo que no sea un hombre?

Con vídeos como el anterior, Anita Sarkeesian se ha ganado el título de mujer más odiada de internet, seguida a corta distancia por Zoë Quinn. Y ahora bien, podemos estar de acuerdo con ella o no, pero eso no justificaría la enorme cantidad de amenazas e insultos que ha recibido y que podéis revisar en el artículo titulado #gamergate que publiqué aquí hace unos meses. También habría que añadir que Sarkeesian no ha buscado en ningún momento prohibir los videojuegos ni se opone a la violencia en ellos, sino que los analiza desde un punto de vista feminista. A modo de curiosidad. Y también repite constamente que eso no significa que esos juegos sean buenos o malos, o que una mujer no pueda disfrutar con los GTA a pesar de que allí rara vez hay mujeres que no sirvan para otra cosa que para ser asesinadas o folladas. Lo único que pide son heroínas que no sean tetudas o vayan enseñando carne, historias con protagonistas de ambos sexos y una ruptura en este punto de vista masculino.

Y es que a pesar de todo, a las mujeres les gustan los cómics, los videojuegos y las películas. En un mercado pensado para adolescentes calenturientos, ellas han descubierto las emociones de Spiderman, la oscuridad de Batman o la diversión de Star Wars, y a la vez, han querido dedicarse al desarrollo o a la dirección, encontrándose siempre una barrera al principio invisible que las impide avanzar. En el caso de Zoë Quinn, la forma más directa de acabar con su carrera por sus supuestas (que no ciertas) prácticas poco profesionales fue atacarla sexualmente. Hubo una amenaza de bomba en la universidad de Utah donde Sarkeesian iba a dar una conferencia, y desde entonces vive rodeada de medidas de seguridad. Incluso en el mejor de los casos, una mujer que aspire a ser directora de cine tendrá que escuchar comentarios desdeñosos sobre su comportamiento tildándola de “mandona”.

La entrada de las mujeres en el cine no está siendo fácil, porque lejos de permitírselo, los estudios y fans las ven como unas intrusas, como la madre que entra a barrer en la habitación de los jueguetes y quiere tirar a la basura los incontables tesoros que tenemos allí. Es lo que ocurrió cuando dos de las películas más importantes del año pasado contaron un reparto multicultural y femenino. Mad Max: Fury Road, no estaba tan centrada en Max como en Imperator Furiosa, el personaje de Charlize Theron que llevaba a sus compañeras hacia la libertad. Los fans acérrimos de la saga se quejaron de que Miller intentaba crear una película de justicia social, o que ninguna mujer podía estar a la altura de Max. Otro caso es Rey, la protagonista de Star Wars: The Force Awakens, y que ha sido criticada exactamente por lo mismo. La ira de los internautas llega al paroxismo cuando se dan cuenta de que otros protagonistas son un stormtrooper negro y un piloto espacial sudamericano y posiblemente gay, y lo ven como parte de una “agenda” (la famosa Agenda Gay) que busca introducirnos por la garganta sus ideales retorcidos, asegurando que el feminismo está degenerando en un odio de los hombres y sobre todo a los blancos heterosexuales, quienes han sido convertidos en el mayor mal sobre la tTerra. Páginas web como Returnofkings.com incluso lanzaron campañas contra Star Wars y aseguran ser los responsables de supuestas pérdidas millonarias de Disney.

La pregunta es cómo conseguir que los personajes femeninos rompan las barreras que tienen por delante. Lograrlo no es algo absurdo, ya que es una representación de la imagen que las mujeres en conjunto tienen en la sociedad. Y el camino no será fácil ya que no se enfrentan a la indiferencia o al paternalismo, sino al rechazo y la agresividad. El feminismo mal entendido (tanto por hombres como por mujeres) está convirtiendo el cambio necesario no sólo en una lucha sino en una guerra abierta entre los sexos. Y esos puntos de vista están tan equivocados como la saga Cincuenta Sombras de Grey, que lejos de ser lo que muchas consideran un avance en la liberación sexual de la mujer, no es más que el machismo más duro que se ha visto en años. Anastasia Steele, lejos de ser un referente,es un personaje flojo y débil que vive exclusivamente para hacer realidad los deseos sexuales de un hombre. Christian Grey es un controlador y que tiene fantasías sexuales que impone sobre su compañera. Ella, cómo no, se apega a él esperando que cambie y ese final feliz con boda que le han enseñado a soñar. Y ahí está lo triste: que Anastasia acaba en una relación tóxica donde puede ser violada analmente siempre y cuando su amante (que no pareja formal, porque ni siquiera tiene compromiso) le compre un coche. Y mientras esto ocurría en las pantallas y en las páginas de la saga, millones de mujeres clamaban que por fin existían historias para ellas sin interferencias masculinas sin darse cuenta de que todo era una ilusión, y de que estaban perpetuando ese velado machismo que tanto decían repudiar. Incluso hay un juego en internet que nos enseña que Clarice Starling tenía una relación más saludable con Hannibal Lecter que Anastasia con Christian Grey.

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A lo que se enfrentan los personajes femeninos ahora es a ser consideradas una molestia, pertenecer a esa tan molesta “cuota” que nos obligan a meter por el mero hecho de ser mujeres, algo muy parecido a lo que les ocurrió a sus homólogas en el mundo laboral. Los inesperados cambios de género en algunas películas, como la reciente Ghostbusters, no parecen responder a nada más que a la idea de que ahora todos somos muy progresistas y creemos en las mujeres, pero a la vez, las presentamos como pegotes de carne que están ahí por su sexo. Lejos de avanzar, lo que hacen es mostrar a las mujeres como seres especiales a las que hay que darles todo tipo de facilidades porque no pueden valerse por sí mismas. La tremenda reacción negativa que Ghostbusters ha tenido en internet no se debe su casting (estoy generalizando, habrá machistas, por supuesto). Los que ya de por sí se oponían al reboot de un clásico de los ochenta algo sobrevalorado ven fatal una prueba más de la falta de ideas en Hollywood, y al reparto femenino como un caso más de feminismo molesto que al final, poco o nada tiene que ver con la igualdad o con la calidad de la película en sí. Para muchos, la sensación no es de que las mujeres sean capaces de protagonizar películas de acción, sino que parece que han tenido que dárselas. También he de añadir que criticar el reciente tráiler de estas Cazafantasmas no implica ser un machista, y que nuestros gustos personales sobre Melissa McCarthy no nos convierten en misóginos. Significa que aquellos que ven forzados los chistes o los diálogos la están tratando como otra de tantas películas de su clase. Sólo hay que aprender quiénes se están fijando en cada cosa.
Otros personajes, como la Agente Peggy Carter, son abanderadas del movimiento feminista, pero la forma de conseguir este efecto pasa por convertir a todos los hombres de la serie en personajes cerrados de mente o directamente inútiles, bobos e incapaces de estar a su altura. Lo que lastra un poco la diversión de su serie, que por otra parte es magnífica, es la necesidad constante de recordarnos que ella es una mujer en un mundo de hombres, y  de nuevo no está mal (está contando una historia que no es inventada) pero su empezño en hacerlo a palo seco. Habrá incontables situaciones semejantes en las que al final, un hombre se lleve el mérito de los logros de una mujer, pero la importancia del mensaje se pierde por las formas, con Peggy casi mirando a la cámara y diciendo “I know my value”. La idea es buena, la de no tener que depender de los halagos o palmaditas en la espalda de los demás, pero hay una diferencia entre comprenderlo y recitarlo al público de una forma tan burda. Y aun así, se queda muy lejos del patetismo de The Abominable Bride, el episodio navideño de la serie Sherlock y que debido a la forma tan rebuscada de escribir de sus guionistas acabó contando la historia de una secta feminista que iba matando a hombres que habían ignorado a mujeres, y que no sólo no deberían ser castigadas por ello, sino que habría que honrarlas. Un despropósito de personas que intentan hablar de mujeres conociéndolas poco, o sin saber muy bien aún cómo representarlas debidamente.

Curiosamente, los dos mejores personajes femeninos, al menos en el entretenimiento mainstream del año pasado, fueron Rei y Furiosa, personas de quienes no nos importan su físico sino sus motivaciones y retos personales. Furiosa intenta salvar a sus compañeras de su esclavista, y Rei no sólo busca llenar su vida de la misma forma que Luke Skywalker, sino a su familia. Al centrarse menos en recordarnos constantemente que se trata de una mujer (aunque Finn, cogiéndola de la mano, no pueda evitarlo), nos preocupamos por ellas y lo que intentan conseguir, haciendo que por fin, queden atrás los forzados aunque tal vez necesarios discursos ideológicos y nos centremos en su propia aventura.
Y por último, otro de los problemas a los que se enfrentan los personajes femeninos es a tener la necesidad de ser catalogados como “fuertes”, y que cualquier otro puesto para ellas sea considerado como denigrante o sexista. Sería una especie de discriminación positiva, aunque tal término no tenga sentido, y sería aumentar la idea de que están ahí por una “cuota” más que porque realmente se lo merezcan. Existen muchas novelas juveniles protagonizadas por chicos, pero eso no quiere decir que ahora todas las chicas tengan que ser Katniss Everdeen. La idea general sería que las mujeres, al menos en el cine, los videojuegos o las novelas, puedan ser como siempre lo han sido los hombres: cualquier cosa. Y que por ello no sean juzgadas por lo que tienen bajo la ropa o a quién se llevan a la cama. Y es un camino mucho más complicado de lo que parece y donde deberíamos entender incluso que una película con un personaje machista no convierte a esa cinta en sexista, ni que una cinta donde una mujer se acuesta con quien quiere es la revolución soñada contra el patriarcado.

“Que le den a aquello de escribir mujeres “fuertes”. Escribe mujeres completas. Escribe mujeres complicadas. Escribe sobre una mujer que patee culos, escribe una mujer que se esconda en un rincón. Escribe una mujer desesperada por un marido. Escribe una mujer que no necesita a un hombre. Escribe a una mujeres que lloran, mujeres que se enfadan, mujeres que son tímidas, mujeres que no aguantan mierdas. Mujeres que necesitan validación y mujeres a las que no les importa lo que nadie piense.” Lori Summers.

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