Especial Expediente X – Octava parte: El Revival

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En septiembre de 2012 terminaba de analizar Expediente X, tras siete post larguísimos donde llegué incluso a repasar los dos largometrajes protagonizados por David Duchovny y Gillian Anderson. En ellos, aseguraba que los agentes del FBI Mulder y Scully podrían regresar algún día, pero que no sería fácil: Fox había quedado muy descontenta con la serie en su última etapa, y los actores parecían haber seguido adelante con sus vidas. Los fans eran los únicos que deseaban volver a verlos, pero cada vez el interés era más pequeño. Páginas webs dejaban de actualizarse por falta de interés, tiempo o noticias que compartir, y el panorama televisivo avanzaba por caminos muy diferentes. Y sin embargo, esta misma madrugada hemos podido ver el último capítulo de la nueva temporada.
Los Expedientes X han sido abiertos de nuevo.

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Recapitulando un poco, ya todos sabemos que Expediente X trataba de dos agentes del FBI, uno escépico y otro creyente, enfrentados a todo tipo de situaciones sobrenaturales. La novedosa forma de contar historias se dividía en dos partes, porque en algunos capítulos, Mulder y Scully investigaban la posible existencia de vida extraterrestre, que llevaba además a una conspiración secreta por parte del gobierno estadounidense contra sus propios ciudadanos. A lo largo de nueve temporadas y dos películas, se convirtieron en iconos de los noventa y ayudaron a dar un nuevo impulso a la televisión aportando conceptos e incipientes estrellas. La tensión sexual jamás resuelta entre los protagonistas, la eterna sombra de los conspiradores, siempre un paso por delante, la sensación de que se quedaba algún cabo sin atar, la mezcla entre mitología y capítulos autoconclusivos protagonizados por “los monstruos de la semana” e incluso el tiempo para la relajación con episodios paródicos han sido copiados por otras cadenas y series hasta el agotamiento. Perdidos, CSI, Caso Abierto, Breaking Bad, Fringe, Castle, Hannibal, Sobrenatural, El mentalista… desde las relaciones entre los protagonistas al auge de las series procedimentales donde había una autopsia por episodio, los Expedientes X fueron la llave. En 1998 se estrenó una cinta titulada Fight the Future que ampliaba la historia central, y tras eso entró en un suave declive que se precipitó al final, con una resolución que intentaba explicarlo todo, pero que no terminaba con la trama. En 2008 tuvimos un segundo largometraje titulado I Want to Believe que se centraba en un pequeño caso sobrenatural sobre un sacerdote con visiones, y que fue un moderado fracaso en taquilla.En realidad, la segunda película debía servir de trampolín para una tercera, o quién sabe si incluso para una nueva temporada. Pero Fox, que invirtió muy poco dinero en una cinta que pensaba que podía venderse sola frente a El Caballero Oscuro, no pareció muy contenta con la recaudación. Si había algún plan de seguir adelante, desapareció tras el primer fin de semana.

Cuando publiqué el último especial, decía que nos acercábamos a una fecha muy esperada. Según la mitología de la serie, el 22 de Diciembre de 2012 sería el día en el que los alienígenas nos invadirían sin que nosotros pudiésemos hacer nada por evitarlo. Era lógico esperar un estreno de la tercera cinta en esa fecha, pero a pesar de las declaraciones de Chris Carter o de los actores acerca de que “estábamos concretando cosas y hablando de ello…” no parecía haber ningún movimiento. El día llegó, los fans convirtieron The X Files en Trending Topic en Twitter, y el mundo siguió adelante. No hubo ninguna invasión.
Duchovny y Anderson continuaron con unas carreras bastante buenas. El primero ha protagonizado Californication, donde interpretaba a un escritor con problemas del alcohol capaz de enamorar a cualquier mujer, y después se ha dedicado a la música con un disco de rock, publicado un libro titulado Holy Cow y volviendo a la televisión con Aquarius, sobre Charles Manson. Ella se dedicó al teatro y a la televisión con The Fall o Hannibal convirtiéndose en una actriz muy reconocida. Así, ambos han conseguido lo que parecía imposible: distanciarse de los personajes que les hicieron famosos y sobrevivir al éxito.

No parecía haber ningún interés en regresar a los Expedientes X, pero pronto empezó la fiebre de los remakes, reboots, nuevas versiones, adaptaciones, etc. Las series de televisión han experimentado un gran avance en la última década, sobre todo con un panorama cinematográfico centrado sobre todo en películas de superhéroes o cintas para todos los públicos. La televisión (o los portátiles) parecen estar llenando ese hueco con historias adultas, complejas, oscuras, moralmente cuestionables y con una calidad técnica excepcional. Incluso grandes actores de la talla de Kevin Spacey parecen haber encontrado su hueco en House of Cards, y la Scarface de Al Pacino palidece ante el Breaking Bad de Walter White. Con más oferta también han aparecido estructuras diferentes a la clásica de veinte episodios por temporada. Series más cortas permiten distribuir mejor el presupuesto y consiguen que los actores no tengan miedo a aceptar contratos. Les facilitan trabajar en otros proyectos y también atrae a actores de renombre, en una forma de trabajar que es mucho más parecida a la británica que a la americana.
Los ingleses no tienen miedo a terminar sus series o a dejar pasar largos periodos de tiempo entre temporadas. Sherlock, una de las más conocidas, sólo tiene tres episodios. La mayoría de las producciones de Netflix tiene trece, y Duchovny y Anderson no parecían muy dispuestos a trabajar muchos meses seguidos. Los americanos en cambio exprimen un producto hasta que ya no se puede sacar más de él, lo que le sienta muy mal a la narración. El caso más representativo es el de Perdidos, otra serie que analicé aquí y que cuando emitió un capítulo centrado en los tatuajes de Jack, obligó a sus responsables a sentarse y preguntarse qué narices estaban haciendo.

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En 2014, las cosas empezaron a moverse. David Lynch anunció que regresaba a Twin Peaks, una de las mayores influencias de Expediente X. Parece que todo se debió a que en el extraño final de la serie, el fantasma de Laura Palmer le decía al agente Dale Cooper que le vería dentro de 25 años. Ese día, Twitter se llenó de mensajes y recordatorios sobre la serie, y quizá algún genio pensó que aún podría dar beneficios. Tras confirmarse el regreso de Twin Peaks, cuyo estreno está ahora programado para 2017, Fox anunció que estaba planeando resucitar dos series más: Prison Break y Expediente X.
A toda velocidad se firmaron los contratos, que incluían la mitad del sueldo para Gillian Anderson. Ella se negó a regresar hasta que cobrase lo mismo que su compañero y él ayudó insistiendo en que al ser parte de una pareja, los dos personajes tenían la misma importancia y debían cobrar lo mismo. En pocas semanas supimos que Vince Gilligan no iba a regresar por esta ocupado con Better Call Saul, y Frank Spotniz también se quedaba fuera de este revival. El director Kim Manners, fallecido en 2009, era otro importante agujero en el equipo. Pero aun así todos parecían estar de vuelta, incluyendo el personaje de Walter Skinner y también el del Fumador.
Y es ahí cuando empezaron los problemas.

El revival iba a contar con ocho episodios, pero fueron reducidos a seis. En ellos, íbamos a tener tanto mitológicos como también monstruos de la semana, una versión comprimida de todo lo que fueron los expedientes X en su momento. Por una parte los fans estaban contentos, ya que era más de lo que habían pedido. No era una película para el cine, pero sí una pequeña temporada con espacio y tiempo para explorar todo lo que nos gustaba. El marketing además fue excelente, con ovnis estrellados en diversas ciudades del mundo que intentaban recordarnos que los extraterrestres nos importaron alguna vez. El primer capítulo, titulado My Struggle, se estrenó el pasado Enero, y es ahí cuando tenemos que meternos en materia.

Pero antes, tengo que recordaros un episodio de Futurama en el que una raza alienígena invadía la Tierra, ansiosa por descubrir el final de una serie de televisión centrada en una abogada al estilo Ally McBeal. Ayudados por Fry, la serie acababa sin ninguna resolución, dando a entender que el secreto de toda buena serie es que al final de cada episodio, todo tenía que volver a la normalidad. El problema era que Expediente X ya había perdido todo rastro de normalidad hacía años. Con la mitología resuelta en la sexta temporada, una segunda conspiración incompleta y una fecha (2012) ya dejada atrás, a eso había que sumarle que Mulder y Sully ya no eran agentes del FBI. Mulder era un fugitivo de la justicia y ella abandonaba el departamento para dedicarse a la medicina. Eso sin contar con que la tensión sexual ya había sido resuelta e incluso tenían un hijo en común, William, que es uno de los mayores errores de toda la serie. Intentar arreglar este desbarajuste para que cuadre con la idea de continuidad no es fácil. Intentaron hacerlo en la segunda película explicando que Mulder salía de su letargo al final del film, volviendo a ser alguien ansioso de verdad y conocimiento, pero a la vez, Chris Carter demostraba que pese a ser el creador del show, era la persona menos indicada para desarrollarlo. Expediente X brillaba más en manos de otras personas, y algunas de ellas no estaban allí para apoyarle. Por eso, esta décima temporada es la más floja de todas.
Cada uno de los cambios en esta historia era como pequeñas piedras arrojadas a la vía del tren. Un par puede que no alteren el rumbo, pero cuando acumulas las suficientes, pierdes el control y ya no puedes hacer nada por redirigirlo. Y Expediente X es ahora mismo un tren que da banzados e intenta volver a los rieles sin que parezca que vaya a conseguirlo.

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Para empezar, My Struggle traiciona todo lo que alguna vez fue la serie. Nos muestra el accidente de Roswell (aunque algunos piensan que se trata de otro OVNI), y cómo el gobierno se hace con el cuerpo de un alienígena. Aparte de ser un cambio muy grande para una serie que siempre se basó más en insinuaciones y sutileza, más tarde veremos que no aporta nada en absoluto. Fue un golpe de efecto muy bueno a la hora de vender la nueva temporada, pero como con otras muchas series, sus premisas nunca resultan tan interesantes como prometen ser. Con la voz en off de Mulder, hacemos un rápido repaso por si alguien se ha perdido y entramos de nuevo en nuestro mundo, uno que ya nos parece lejano. El público norteamericano se ha olvidado de los OVNIS. Snowden, Irak, el Estado Islámico, el calentamiento global, la militarización de la sociedad… esos son los temas que preocupan ahora a la gente, y Chris Carter intenta adaptarlos para su nueva mitología. Porque eso es lo que tenemos, una tercera conspiración acerca de hombres que utilizaron tecnología alienígena recuperada en Roswell para preparar… algo. Un testigo, el médico que recogió los cuerpos en Roswell, le dice a Mulder que todo lo que ha visto hasta ahora son mentiras y engaños, una premisa que ya conocemos, pero que ahora suena realmente mal.

¿Nueve temporadas, dos películas, y ahora nos dicen que todo es falso? No sólo es un intento de resetear la historia esperando atraer público nuevo. Es una tomadura de pelo total. No tenemos menciones al aceite negro, a los cazarrecompensas, a los extraterrestres grises y ni siquiera a los supersoldados. Intentan que creamos que todo fue un engaño o una cortina de humo, pero no podemos jugar a la fanesia constamente.
Carter escribe lo que quiere, convertido en el George Lucas de la televisión. Tras años construyendo la relación entre Mulder y Scully, decide que los personajes han de estar separados románticamente otra vez. Pero a la vez, no deja de mencionar a William su hijo perdido y dado en adopción. Todo eso nos interesa mucho menos que la historia de Tad O’Malley, un conspiranoico de la era youtube que intenta reintroducir a Mulder en el terreno de la paranoia. Lo que no nos queda muy claro es si la chica a la que han abducido para quitarle sus fetos ha sido víctima de alienígenas o humanos, ni por qué se la destruye al final con un OVNI, o incluso si ese OVNI es humano o viene de otro planeta. El regreso en este piloto es prometedor, pero nos damos cuenta de que no se trata de Expediente X. Han cambiado tantas cosas (no sólo físicamente) que es imposible que lo sea. No puede ser un ejercicio de nostalgia, sino que debe avanzar en el tiempo y presentar a los personajes con honestidad. El problema es que al hacerlo, se carga lo poco interesante que quedaba.

En el último momento, Carter decidió alternar el orden de salida de los capítulos para intentar dar un poco más de coherencia a la trama. El segundo episodio es autoconclusivo, pero al tratar sobre niños con poderes, Mulder y Scully regresan una y otra vez a William. Este episodio debería ser capaz de introducirnos de nuevo en la serie y tiene algunos puntos buenos, como las visiones de ambos personajes sobre su idea de la paternidad, como el miedo a ella a que hijo tenga algún accidente o mucho más terrorífico, el miedo de Mulder a una abducción. Pero es entonces cuando empezamos a fijarnos en los detalles. Para empezar, que Mulder ha perdido una vez más las ganas de creer, y también que Scully ha encontrado su propio mantra. Si el de Mulder es “I Want to Believe”, el de ella es “Don’t give up”, frase pronunciada por el padre Joe. Carter hace tiempo que perdió el interés por Mulder, y siempre ha estado más preocupado por desarrollar a la doctora en medicina, aunque sus historias sean en ocasiones secundarias y acaben entorpeciendo la trama principal. El resultado es que en esta temporada, los actores están muy flojos y casi no parecen sus personajes. No tenemos tiempo para explorarlos, y han pasado tantos años que cuesta meterse de nuevo en sus pieles. Scully habla con más acento británico del que debería (Gillian vive en Londres desde hace años), y Mulder parece… flojo. Sin energía. La monótona voz de Duchovny no hace mucho por mejorarla, pero es que entre que el personaje sufre de depresión y sus líneas son las más flojas, Fox Mulder ha dejado de ser el protagonista, el cruzado de la humanidad. Ahora es otra cosa.
Scully por el contrario es la que más se está encargando de investigar, de crear vacunas o la que incluso soporta más presión emocional. Y por eso, resula paradójico que quisieran pagarla menos.

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En Mulder & Scully meet the Were-Monster, tenemos uno de esos episodios cómicos que tan bien le sentaban, pero que en realidad es un guión recuperado para otra serie de Frank Spotniz que trataba sobre temas sobrenaturales. Lo interesante de su planteamiento es que trata de un monstruo al que le muerde un ser humano, y que de pronto empieza a mostrar todo tipo de comportamientos similares. La necesidad de encontrar un trabajo, mentir sobre su vida sexual, comprarse un perrito… el equilibrio entre el humor más negro, los chistes sobre Mulder y los teléfonos móviles y las partes existencialistas hacen que este episodio sí merezca la pena. Puede ser ridículo para muchos, y es cierto que Mulder nunca es del todo Mulder sino un David Duchovny extrañamente hinchado y con la misma energía en su actuación que la de una boa constrictor después de tragarse una cabra, pero merece la pena verse. El Were-monster es amable e inocente y nos devuelve el amor por los monstruos incomprendidos, y a la vez nos hace pensar en qué consiste ser humano, y en recordar a los fallecidos miembros del equipo de Expediente X a quienes se hace un pequeño homenaje.
Sin embargo, esto sigue sin ser lo que nosotros recordábamos, y por suerte está Home Again, que mezcla los títulos de dos de los capítulos más famosos de la serie y que están, cómo no, centrados en Scully. La falta de tiempo hace que lo que debían ser dos capítulos se condensen en uno. Por una parte está la historia del Band Aid Man, un monstruo que va matando a aquellos que se meten con los indigentes y que a pesar de todo repite el esquema del Golem de Arcadia, y también tenemos el drama personal de Scully cuando su madre fallece. La interpretación de Gillian Anderson aquí es magistral, y se nota que ha crecido como actriz y está acostumbrada al drama. Es también un acercamiento al terror, algo que por fin se hace presente, porque hacía mucho que la serie no nos metía miedo de verdad, a pesar de que el misterio sea tan típico. Está bien realizado y no se nota atropellado, lo que es suficiente para que recordemos por qué echábamos de menos a estos personajes. Y por supuesto, Duchovny se mantiene en un discreto segundo plano, pero aquí es comprensible: el capítulo no trata sobre él.

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Babylon es el capítulo más polémico, y también uno que por mí habría podido quedarse en la sala de montaje y jamás haber salido a la luz. Es el punto más bajo de la temporada, y a la vez intenta más que nunca estar a la vanguardia introduciendo la figura de un terrorista suicida, algo que por desgracia está tan de moda. Mezclar integrismo islámico con visiones oníricas es algo absurdo, y aunque a veces una serie como esta ha recurrido en seguida a la explicación sobrenatural, aquí tenemos un guión ridículo con todo lo que hizo que Expediente X echase a correr cuesta abajo. Lo primero es la aparición de dos nuevos agentes, Miller y Einstein, replicas juveniles de Mulder y Scully que hacen que le veamos las orejas al lobo (o al zorro). Es entonces cuando entendemos de qué va todo esto y por qué Fox ha invertido de nuevo en los expedientes X. Nos acercamos a un reboot, una nueva versión en la que Duchovny y Anderson no regresarán, y aquí tenemos a dos copias sin carisma que se encargan de medio episodio y se pegan a sus originales. Podríamos pensar que se trata de una parodia, pero cuando vemos que los nuevos personajes regresan también en el episodio final, fruncimos el ceño.
El resto del capítulo juega con la idea de que un tipo de alucinógeno podría ayudar a meterse en la mente de un terrorista comatoso para conocer sus planes, pero sólo sirve para que Duchovny haga el tonto de una forma demasiado exagerada. El humor de expediente X muchas veces era involuntario, a costa de los personajes, no utilizándolos como cómicos que confunden los champiñones con el LSD y nos dan un baile country y unos Pistoleros Solitarios que regresan de entre los muertos para un cameo tan breve que Byers casi se pierde por el camino. Su aparición es otra de esas cosas que nos deja claro que la serie se perdió en la década pasada por hacer demasiados chistes internos y centrarse en el fanservice más que en la historia en sí, y también que Carter es un experto en esas premisas que se quedan en nada. El viaje lisérgico es ridículo, como también las visiones de Mulder, y ya no decimos nada acerca del momento aleccionador en el que Carter utiliza a su personaje para darnos una charla sobre el valor de la vida, el poder de las palabras y la fuerza de las madres para evitar que sus hijos vengan al mundo dispuestos a irse de él con una bomba atada al pecho. No es un mal mensaje acerca de la fragilidad del mundo y de nuestras vidas, pero está hecho de forma descarada, haciendo que las formas lo estropeen todo.

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Y con solo cuarenta minutos para el final, parece que hay mucho que contar. En My Struggle II, Carter utiliza el punto de vista de Scully para hacernos un repaso a toda la historia y nos preparamos para una infección vírica a gran escala que, sin embargo, se acaba convirtiendo en algo muy soso y confuso. Mulder y Scully jamás han tenido menos diálogo en un capítulo, ni nunca ha tenido esto menos que ver con lo que nosotros conocemos. Mientras ella no se separa de Einstein y repiten cien veces las palabras “ADN alienígena”, Mulder recibe la visita de un asesino (aunque no tenga mucho sentido) que le lleva hasta el fumador. El hombre en las sombras, el padre de Fox y el mayor villano del mundo resulta que no ha muerto. A pesar de que al final de la serie vimos su cuerpo carbonizarse hasta el hueso, resulta que sobrevivió con graves heridas y ahora vive convertido en el fantasma de la Ópera, asistido además por Monica Reyes, la agente del FBI que fue ideada para sustituir a Scully en la octava temporada. Reyes parece haberse pasado al otro bando, pero lo más interesante es ver cómo de nuevo Carter, o George Lucas, hacen uso de la retrocontinuidad para salvar el guión. Como necesitan un villano, recuperan a uno que a todas luces fue reducido a cenizas. Y si crees que es improbable, no se molesta tampoco en decirte lo contrario. Volvemos a las historias sin fin, a las respuestas que sólo traen más preguntas y a la suspensión de esta tercera conspiración donde a través de las vacunas inyectadas durante la infancia, millones de personas van a morir para despoblar un planeta enfermo y contaminado. Carter introduce la última de las conspiraciones actuales, los famosos chemtrails, y afirma que en realidad, la invasión extraterrestre se trata de una limpieza del planeta, algo así como una versión sádica de Ultimátum a la Tierra en la que sólo sobreviven, de nuevo, unos pocos elegidos.
¿Qué tiene esto que ver con el aceite negro, el Sindicato, la hermana de Mulder, los alienígenas que salían de los vientres de las personas o incluso el médico de Roswell? NADA. Es una nueva historia pensada para tapar con ella las incoherencias de las anteriores. No esperamos ver Supersoldados en ningún momento, ni tampoco un nuevo ser gris violento. Tras tantos años esperando el 2012, en 2016 nos encontramos con una conspiración de hombres que no tiene sentido y que además no llega a concluirse, pues cuando un OVNI aparece por fin sobre Scully y sobre cientos de personas, la temporada acaba con un brusco corte a negro que nos recuerda a Los Soprano.

¿Qué acabamos de ver? Mientras twitter se incendia y el perfil de la serie en IMDB empieza a comentar todos los guiños y rumores, la sensación que tenemos es de insatisfacción. Estos seis episodios no sólo no han respondido ninguna de las conspiraciones pendientes, sino que han cogido los elementos más interesantes y los han tirado por la borda, a la vez que plantean una nueva historia que no queda resuelta. La décima temporada no tiene final, y casi creemos que es así para que Fox se vea obligada a renovarla. Pero si lo hacen, yo no creo que esté presente, y lo mismo le ocurrirá a gran parte de la audiencia.
Si bien ha sido un éxito, se debe en parte por la alta expectación generada por el enorme paso del tiempo, y no por lo que nos cuentan en sí. Con sólo dos capítulos interesantes, el resto son homenajes sosos más centrados en contentar a los fans que en ser eficientes. Duchovny está muy flojo, tanto que casi parece no querer estar por ahí, y Scully se encarga de arrojar más piedras con el nombre de William a esas vías que ya hemos mencionado antes. El hijo, que se convirtió en un elemento molesto en la narración, regresa una y otra vez sin hacerlo realmente, entrometiéndose en la trama y cambiando para siempre la estructura. No va a haber “vuelta a la normalidad “aquí. Cada capítulo es más diferente de su fuente original y se pierde más en tonterías, con una narración ridícula y desaprovechando lo que alguna vez fue la serie más grande de la televisión. Lo que podemos esperar es una nueva temporada igual de corta dentro de un año o dos, o un reboot protagonizado por Miller y Einstein, la segunda vez que intentan quitar a Mulder y Scully de en medio por el afán de la cadena de seguir exprimiendo una historia, y no parece muy probable una tercera película para terminar con ese cliffhanger que señala un nuevo punto de no retorno, y que a mí me da que será despachado en dos minutos.

Para esto, Expediente X no debería haber vuelto. Sus actores jamás han estado menos comprometidos o se han parecido menos a sus personajes, y no han resuelto nada, sino complicado lo poco que quedaba en el aire. Este revival/reboot decide ignorar o directamente contradecir lo que han visto a lo largo de los años, y cada vez aprecio más la pequeña I Want to Believe, donde sí podíamos creernos a Mulder. Pero aquí, Chris Carter demuestra que le importa poco el conjunto de la historia y que Fox simplemente quiere una nueva franquicia que explotar, y Miller y Einstein, personajes de los que hemos oído hablar desde antes incluso del rodaje, parten no sólo de cero para conquistar al espectador, sino desde el recelo. El resultado es un ejercicio de nostalgia sin fundamento, guiones flojos, un par de buenos detalles y muchas cejas enarcadas, porque no somos tontos y sabemos lo que va a pasar, de la misma forma que sabíamos que Scully corría serio riesgo de morir, y que puede que acabe pasando en algún momento a pesar de que sea un chiste recurrente que es inmortal. Este regreso tardío confirma que hay cosas que es mejor no tocarlas, o que hay creadores que no son capaces de sacar todo el jugo a sus historias, y también, que la televisión ha mejorado mucho desde los tiempos en el sótano del FBI y ahora no podemos usar cliffhangers para mantener a la audiencia esperando si lo básico, la esencia de la serie, no aparece por ningún lado. Es posible que la verdad aún esté ahí fuera, como dice la promoción, pero desde luego, no la vamos a encontrar en este revival.

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