‘Maggie’ – Schwarzenegger contra los zombies

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En 1997 Ridley Scott preparaba una adaptación de Soy Leyenda, la novela de Richard Matheson, cuando su protagonista tuvo que someterse a una cirugía para arreglar un problema con su corazón que había estado dejando pasar durante años. Fue un punto de inflexión en la carrera de Arnold Schwarzenegger, que perdió el apoyo de los estudios para sus siguientes proyectos porque éstos no querían invertir millones de dólares en un actor que quizá había perdido lo que le hizo destacar: su gran fuerza física.
Con los productores supervisando el rodaje de El Fin de los Días, y con sus aspiraciones políticas cada vez más claras, Arnold dejó el cine en 2003 para convertirse en gobernador del Estado de California, y no tenía planes de regresar tras sus ocho años de mandato, pero su divorcio le arrastró una vez más a ponerse frente a una cámara con proyectos que o son secuelas de sus grandes éxitos o ponen a prueba su capacidad para adaptarse al nuevo siglo.
Maggie es de las segundas.

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Lo que tenemos aquí no es la típica película de Schwarzenegger, en la que esperamos que aniquile hordas de zombies con un arma en cada mano y diciendo frases lapidarias antes de cada disparo final. Nos encontramos ante un drama intimista y con poco presupuesto (lógico, si nos paramos a pensar) en el que se nos cuenta la reacción de un padre al descubrir que su hija Maggie está infectada con un virus que acabará transformándola en un zombie. Ante sus últimos días juntos, él debe decidir si entregarla a las autoridades, que la llevarán a una zona de cuarentena donde presumiblemente morirá, o tomar decisiones más drásticas.
En el saturado mercado de los zombies, Maggie tampoco es algo especial, pero sí supone un acercamiento interesante porque prefiere centrarse en las emociones humanas más que en el maquillaje, el gore y la violencia gratuita. Buscando la forma de destacar con lo poco que tiene, la película adopta una visión preciosista con planos que recuerdan a Terrence Mallick, y una fotografía desaturada y tan fría como las actuaciones. Schwarzenegger no se rasga el pecho y grita, sino que contiene su actuación demostrando que, como dije hace días con lo último de Stallone, la experiencia es un grado. Está muy correcto en su papel de padre angustiado, y por una vez no recurren a mostrarle como un hombre todopoderoso capaz de tumbar a un policía de un puñetazo desganado.

Pero quien realmente se luce aquí es Abigail Breslin, que es quien experimental la transformación y que nos recuerda que la ciencia ficción sirve para lanzarnos un mensaje que tiene mucho que ver con nuestro tiempo, pero con la suficiente distancia como para verlo sin prejuicios. Sustituyamos el virus zombie por cualquier otra enfermedad infecciosa que haya hecho estragos en nuestro mundo y entenderemos que las virtudes de Maggie no relucen cuando la comparamos con las otras cintas del género, o incluso con videojuegos como The Last of Us. Y hasta me he cansado del jueguecito de hacer chistes sobre las capacidades interpretativas de Schwarzenegger o criticar la mayoría de las películas con mala leche. Maggie es una cinta pequeña, y para lo que cuenta, lo hace bien. Y en ocasiones creo que eso debería ser todo lo que valorásemos a la hora de dedicarle hora y media de nuestro tiempo.

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  1. #1 por manuel el 5 abril, 2016 - 19:48

    habra que darle un vistazo

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