Miley Cyrus – Icono Trash (NSFW)

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Es imposible permanecer indiferente ante Miley Cyrus. La antigua chica Disney se ha convertido en un torbellino mediático y musical arrasando en premios, siendo considerada una de las mejores artistas de todos los tiempos por la revista Billboard y ganando millones de dólares. No hay una semana sin que surja una nueva noticia sobre ella; la última , su regreso con el actor Liam Hemsworth y su posible compromiso matrimonial. Así que para no ser diferentes vamos a hablar un poco de ella aquí, y os advierto de que el texto NSFW es el que indica, por primera vez en este blog, que lo que publico no es apto para leer si estáis en el trabajo.
La razón es que se ven tetas.

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Con veintitrés años, Miley Ray Cyrus ha logrado una carrera de éxito tanto en la música como en la actuación, pero ha cambiado tanto que cuesta imaginar que se trate de la misma persona que protagonizó Hannah Montana entre 2006 y 2011. Desde su salida de la casa de Mickey ha pasado por tantos cambios de estilo y personalidad que parece estar descontrolada. Pero en realidad Miley es mucho más, aspirando (tal vez involuntariamente) a convertirse en un icono trash.
No soy un experto en cultura basura, y este campo es mucho más amplio de lo que voy a resumirlo. Pero en particular, Miley parece estar empeñada en representar lo más bajo, sucio y basto del mundo del espectáculo. La cultura basura convierte todos los grandes logros en productos de fácil consumo para un público masivo, cada vez más perezoso y con ganas de ser entretenido en lugar de instruído. Realities, series de televisión de dudoso humor o la explotación de celebrities como Kim Kardashian o la familia de Honey Boo Boo son de esas cosas tan desagradables como un accidente de tráfico, y por desgracia igual de hipnóticas. En una de sus acepciones, la cultura basura es el ensalzamiento de lo soez, estúpido, lerdo y desagradable.
En el caso de Honey Boo Boo, su programa retrataba a la familia redneck más repulsiva de los Estados Unidos. Perezosa, gorda y con una gran afición por los fluidos corporales, estos engendros se convirtieron en millonarios por la veneración que obtenían de un público que los observaba entre maravillados y asqueados. Quizá, al ver una familia tan disfuncional como nauseabunda, los espectadores se daban cuenta de que ellos no estaban tan mal y tenían un subidón emocional, cumpliendo así todos con su objetivo en este circo. En este aspecto, la cultura basura se encarga de elevar al estatus de leyendas las personas más desagradables, como también los fenómenos o géneros cinematográficos.

Hannah Montana fue la serie de mayor éxito de Disney y eso, aparte de proporcionar a su protagonista fama y dinero, se encargó de poner sobre sus hombros una gran responsabilidad. Desde Michael Jackson a Macaulay Culkin, los niños que trabajan para la industria del espectáculo rara vez salen indemnes. Y Disney suele controlar hasta el más pequeño aspecto de sus trabajadores infantiles. Modifican su imagen, su forma de responder en las entrevistas, su edad (nunca, NUNCA os creáis la edad de un famoso) y hasta controlan su alimentación, corte de pelo o desarrollo. Es una leyenda urbana que a las gemelas Olsen les administraron hormonas para retrasar su crecimiento (pero no una idea tan descabellada ya que a muchas de estas jóvenes les ciñen el pecho con cinta adhesiva cuando empiezan a necesitar sujetador).
El efecto que esto tiene sobre una persona joven tiene que ser devastador. Famosas y al servicio de padres que casi siempre acaban teniendo problemas por las “diferencias creativas” sobre el control y administración del dinero de sus pequeños, no tienen una infancia normal ni tiempo para establecer baremos o filtros similares al del resto de personas. Una de las fantasías de Michael Jackson era ir a un supermercado, coger un carro e ir lanzando a su interior los productos de las estanterías, y cuando por fin, en un supermercado cerrado para él solo, pudo hacerlo, el contenido del carrito incluía chicles, revistas, botes de nata y un par de gorras.

Miley Cyrus HOT! Performs Topless While Wearing A Strap On Penis

Pero la madurez sexual llega tarde o temprano, y Disney no se dedica a tratar con este tipo de público. Sus productos están destinados a niños y preadolescentes a los que engatusa con su humor blanco y sus historias facilonas. No son seres diabólicos empeñados en alimentarse de jóvenes inocentes, pero en el esquema de una gran corporación, los sentimientos de una joven a la que están haciendo rica no son muy importantes. Cuando el contrato con Disney finaliza, estas estrellas se enfrentan a la realidad de tener que reconducir su carrera o desaparecer. Aparecen managers y todas esas personas que venden a artistas y los sitúan en estadios y revistas, e inevitablemente sugieren en “radical cambio de imagen” (inserta un corte de pelo aquí). Miley ya no es una niña, anuncian. Ahora es una adulta. Y para aumentar el rango de público hacen lo más sencillo, que es vender su incipiente sexualidad. Para defenderla, muchos aún creen que ella era Hannah Montana y no un personaje que interpretaba en una serie de televisión. Así que una vez ese personaje, el de la chica Disney, desaparece, tenemos que conocer a la persona que hay detrás de la peluca rubia. Y lo que hay es una chica con talento para la música y una serie de complejos. Todos los fans comentan cómo sus “estándares de belleza” están distorsionados, pero en realidad, lo que ocurre es que ella está dispuesta a ir más allá de lo aconsejable.

Construyendo su nueva carrera, Miley ha apostado por su cuerpo, por mostrarnos cómo es edgy y transgresora. Ha aparecido chupando martillos o bailando desnuda sobre una bola de demolición, pero su Twitter e Instagram, que se han convertido en ventanas directas a las vidas de los demás, muestran drogas y experiencias lésbicas que se han convertido en noticia. La que fuera el modelo a imitar de muchas niñas hizo twerking en los Video Music Awards de 2013, frotándose con Robin Thicke como si estuviesen en pleno doggystyle, o aparece simulando una masturbación en un videoclip, o masturbándose de verdad en una autosesión de fotos.
Lo suyo es polemizar, llamar la atención y romper las líneas rojas de lo políticamente correcto. Y ni siquiera lo hace por el bien de su carrera o vender discos. Lo hace porque quiere o no puede parar, porque quiere demostrar cómo es una persona liberada que hace lo que quiere, aunque lo que quiera sea bajar al barro y fotografiarse abrazando a un cerdo. Las imágenes que adornan este post son parte de una sesión fotográfica con Terry Richardson, un hombre que es considerado poco menos que un pornógrafo frustrado y que ha recibido varias denuncias por acoso sexual a las modelos con las que trabaja, imágenes centradas ni siquiera en el erotismo, sino en rebajar a una superestrella hasta los límites más chabacanos del porno mal iluminado.
Y eso es precisamente lo que el público desea, un equivalente sofisticado de Honey Boo Boo. Gran parte de los que la siguen creen que es valiente/loca, que tiene serios problemas mentales o que nunca habían visto nada tan divertidísimo. Y por supuesto están aquellos que dan gracias a Dios por haber nacido en una época en la que las famosas nos deleitan cada cinco semanas con una nueva foto con el culo en pompa o mostrando su consolador. Si Andy Warhol viviese ahora, diría que en el futuro todos tendrán su peli porno casera filtrada en internet, y es lo que a Miley le falta… por ahora.

El juego (y la fama) de Miley Cyrus consiste en sobrepasar los límites del buen gusto. En ir hasta donde ningún otro haya llegado jamás, como una Enterprise pop destinada a un público cada vez más sediendo de chorradas. Es entretenimiento para aquellos que no tienen tiempo ni paciencia para escuchar la música que vende, o para los que ya se han cansado de Lady Gaga y su artificial interés por la moda realizada con filetes crudos. Es el espectáculo de esta semana, el plato del día, un icono de esta cultura basada en concursos de escupitajos o enseñar quién lleva más tiempo sin cambiarse de bragas, todo pensado para que el público se sienta cómodo en sus casas, apague la televisión (o el móvil) y se den cuenta de que ellos son los únicos cuerdos en un mundo de locos.

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  1. #1 por OVER el 31 enero, 2016 - 03:29

    • #2 por sara7k12 el 31 enero, 2016 - 13:40

      Noooo jajajajaa Madre mía!
      Me tiro por un puente antes de hacer eso delante de mi padre.

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