‘The Hateful Eight’ – El teatro de Tarantino

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Diez películas. Ese es el tope que Quentin Tarantino puso a su filmografía hace ya algunos años, insistiendo en que tras alcanzarlo, se retirará del cine para siempre. Cuesta imaginar lo que un hombre como él, que vive por y para el cine, puede hacer aparte de escribir y rodar, pero el caso es que ya estamos viendo el horizonte con el estreno de The Hateful Eight, su, curiosamente, octava película.

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Tras Django Desencadenado, el director vuelve a interesarse por el Western adoptando un enfoque muy diferente. Aquí, ocho desconocidos se ven obligados a pasar una noche en una cabaña para protegerse de la ventisca, y ese será el único escenario que veremos en toda la cinta. Con un gran interés en recuperar la técnica y el aspecto del cine clásico, Tarantino compone una película que podría tener décadas de antigüedad pese a llegar ahora a los cines, y que cuenta con todos sus tópicos y guiños.

Como ya he dicho en muchas ocasiones, Tarantino y Kevin Smith son directores muy similares porque ambos desarrollaron el amor por el cine a través de su trabajo en un videoclub, prestando en muchas ocasiones atención sólo a los diálogos. Pero al contrario que el responsable de Clerks, Tarantino ha aprendido con el paso de los años cómo convertir cada uno de sus trabajos en una obra de arte. Todo está cuidado, desde las palabras dichas por sus personajes hasta la portentosa fotografía y el uso de la música. Lo que hace puede gustarte más o menos, pero al menos no peca de impersonalidad y sabes que estás viendo algo hecho con dedicación. Por supuesto ha tenido algún tropiezo como Malditos Bastardos, porque es muy difícil encontrar el equilibrio entre lo que a él le gusta y lo que realmente beneficia a la historia. Ese es el motivo del “divorcio” artístico entre Tarantino y el compositor Ennio Morricone, porque éste último se quejaba de que el director exigía mucho, no le daba tiempo para componer y utilizaba la banda sonora en momentos muy extraños.

Y sí, la música es la más floja de la filmografía del director porque pierde la esencia de Tarantino de idear las escenas en base a los temas que había escuchado previamente, y aquí tiene que hacerlo después. Es por eso también que es la película más densa y lenta de Tarantino, con menos juegos en el montaje y alargada hasta la extenuación. Tres horas en una cabaña no es una tarea imposible, pero lo que nos encontramos es la estructura típica del cineasta, escrita en capítulos y de nuevo con frases interminables y recurrentes. También están las ya habituales y laaaaargas escenas que culminan en una violenta explosión de sangre para después esperar a la siguiente y a la siguiente, en una película compuesta por bloques que sólo mejora en su tercio final.

Los amantes de la acción frenética de Kill Bill van a sentirse decepcionados cuando se encuentren la vena más seria de Tarantino, y también todos los que esperen una película ágil. The Hateful Eight es como un pegote de brea que tienes que sufrir hasta que al final todo cobra sentido, y una vez más, sus partes separadas son mejores que el conjunto final.

Partes aisladas como las de Samuel L Jackson (el actor perfecto para Tarantino) y Jennifer Jason Leigh son sencillamente geniales. Ambos actores tienen personajes muy trabajados y en el caso de Jackson, su monólogo acerca del hijo del general de la cabaña es brutal y sin concesiones. Pero luego tenemos a Michael Madsen, al que casi podemos notarle el esfuerzo por actuar y donde nos damos cuenta que es lo malo de contar con tus amigos en una cinta donde todo el peso recae en el reparto. Porque si uno de ellos cojea, lastra todo lo demás. Así que a pesar de que hay partes brillantes, vemos que en realidad la película no parece tener argumento ni trama, simplemente una genial atmósfera donde los personajes habitan y su creador les da rienda suelta para que hablen y hablen y hablen todo lo que quieran, mientras vemos hasta los veintiún martillazos que necesitan para atrancar la puerta cada vez que salen afuera. El resultado es una obra de arte donde Tarantino explora lo que a él le gusta e interesa, y donde nosotros podemos entrar en el juego si nos apetece, porque desde siempre lo interesante de este hombre no es lo que cuenta, que puede ser muy poco, sino cómo lo hace.

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  1. #1 por chus1986 el 28 enero, 2016 - 15:33

    Con respecto a esta película he oído de todo; q gusta, que no gusta… a mí sí me gustó. Muy buena la crítica y en general el sitio tuyo. saludos

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