Lo que Simon Pegg piensa de los frikis

Hace aproximadamente un año, Simon Pegg abandonó Twitter. No es el primero que lo hace, y yo mismo estoy en proceso de desconexión mientras intento canalizar todo ese esfuerzo a la cuenta de @tierracinefagos que lleva Almudena, y centrarme en varias publicaciones a las que tengo que atender al mismo tiempo. Otros muchos, como Steven Moffat o Josh Whedon, también se han bajado del carro de la disponibilidad inmediata, conscientes de que no siempre es una buena idea tener un canal directo con el resto del mundo.

En los últimos días se está comentando muchísimo todo lo relacionado con El Despertar de la Fuerza, y aquí también lo hemos hecho, Dije que ya bastaba por este año y que podíamos pasar a lo siguiente, pero al parecer eso no es posible. He leído tantos artículos y comentarios en internet y aguantado y presenciado tantas discusiones y hasta gritos en persona por una puñetera película que voy a hacer una cosa. Voy a publicar un último artículo, y se acabó. Para ello, sé que citaré el texto que Simon Pegg, friki reconocido y guionista de la próxima película de Star Trek, escribió en Mayo cuando hizo enfurecer a horas de nerds al comentar que la fantasía nos volvía un poco más tontos cada vez. Como quiero que nos pongamos en situación, he traducido el texto completo y lo he puesto más abajo. Hagamos una cosa, leedlo y esperad al resto. Ya entraremos en detalles.

De los titulares que os trajeron “Que os jodan, fans de Star Trek” y “Grrrrr Princesa Leia” os traigo esto: “La cultura nerd es producto de una conspiración capitalista designada para infantilizar al consumidor como medio de control no agresivo”.

Me ha llamado la atención (gracias, Google) que la excelente web Io9 publicó algunos comentarios controvertidos que hice a Radio Times, que pueden resumirse en la frase anterior. Tal vez estaba siendo un poco juguetón. Puedo ser una especie de Mary Contrary en algunas entrevistas, porque cuando haces muchas, llegas a cansarte tanto de tus propias opiniones que empiezas a exponer las de otros. Habiendo dicho esto, la idea de una prolongada juventud es algo que me ha interesado desde hace mucho tiempo. Es esencialmente de lo que Spaced trataba, al menos en parte.
Una de las cosas que nos inspiraron a Jessica y a mí hace tanto era la extensión sin precedentes que nuestra generación tenía con respecto a su juventud, en contraste con la generación anterior, que recibió una lección de madurez mucho antes. Los niños de los setenta y ochenta fueron la primera generación donde no era imperativo “crecer” inmediatamente tras dejar el colegio. Por qué ocurrió esto es otra discusión sociológica: un aumento en la población estudiantil, progreso en materia de igualdad de género, la ausencia de una Guerra Mundial… todas esas cosas contribuyeron a la evolución social.
Lo que nos fascinó a Jess y a mí fue la forma en la que utilizamos ese tiempo. Para Tim y Daisy (los protagonistas de Spaced), no tener que crecer de la forma que hicieron sus padres simplemente significaba una continuación de su infancia. Tim canalizó sus pasiones infantiles en su vida adulta, preocupándose por ellas al mismo nivel de tiempo, importancia y emoción. Sus Hobbies e intereses definían quién era más que su estatus profesional.

En los dieciocho años que han pasado desde que escribimos Spaced, esta adolescencia extendida ha sido canalizada por fuerzas comerciales, que han identificado este relativamente nuevo grupo demográfico como uno con un gran potencial consumista. Ahí fuera había una nueva generación llorando por una versión mejorada de cosas que consumían cuando eran niños. Este grupo demográfico está bien servido en todas las facetas del entretenimiento, y la primera y segunda infancias se han convertido en un fenómeno corriente.

Antes de Star Wars, los grandes estudios de Hollywood hacían películas artísticas con personajes ambiguos, temáticamente problemáticos y en ocasiones, oscuros. (Una oscuridad más del tipo de Travis Blicke que de la de Bruce Wayne)*. Esto era debido en parte a la guerra de Vietnam y el hecho de que una gran porción de hombres fueron obligados a crecer muy rápidamente. Imágenes que llegaban desde el conflicto eran perturbadoras, y un grupo emergente de protestas forzaron a la nación a cuestionarse la intervención. En el resto de lugares, el feminismo era visto como una idea lunática por la vieja guardia patriarcal mientras la cultura mainstream perpetuaba activamente los roles de género tradicionales. Star Wars fue como una especie de antídoto a la confusión moral de la época, solventando el problema de quién era bueno y quién malo. En el corazón de la historia había una princesa capaz de patear culos que tiene que haber inspirado a una generación entera de chicas. Fue un bálsamo para una nación en crisis en varias maneras, y fue tanta la influencia sobre la nación, que la película se convirtió en un fenómeno global.

Recientes desarrollos en la cultura popular fueron descritos por el filósofo francés y teorista cultural Jean Baudrillard en su libro “América”, donde habla acerca de la infantilización de la sociedad. Resumiéndolo está la idea de que la sociedad nos mantiene en un desarrollo atrofiado por fuerzas dominantes para mantenernos dóciles. No hacen apasionarnos acerca de las cosas que nos ocuparon de niños como medios para desviar nuestra atención de asuntos que realmente deberían interesarnos como la desigualdad, corrupción, injusticia económica, etc. Tiene sentido que cuando hemos experimentado algunas de las injusticias del mundo o la realidad que nos rodea, nuestros instintos buscan confort. ¿Y dónde hemos estado más cómodos que en nuestra juventud? Una época en la que nos escudamos de la realidad en nuestras pasiones recreativas, con los juguetes que teníamos, los juegos a los que jugamos o los cómics que leímos. Ha habido en Twitter más discusión acerca de El Despertar de la Fuerza y el tráiler de Batman vs Superman que sobre el terremoto nepalí o las elecciones generales británicas.

Mi comentario acerca de que cada vez estábamos más atontados vino por una enorme generalización hecha por un gran estúpido. No me refería a que la ciencia ficción o la fantasía sean tontas, ni mucho menos. ¿Cómo podría decir eso? En las palabras de Han Solo: “Eh, soy yo”. En las últimas dos semanas he visto dos brillantes exposiciones del género, Ex Machina y Mad Max: Fury Road, las cuales hicieron girar mi cabeza en diferentes y maravillosas formas a la vez que son muy adultas (Y eso que Max tiene una exuberancia juvenil que no se queda corta en diversión, gracias, George Miller, a tus setenta años). Aún no he visto Tomorrowland, pero con Brad Bird a la cabeza, no puede ser otra cosa que una pieza realmente entretenida.
Lo que quería decir era que cuanto más espectacular se convierte la prioridad creativa, menos directas o desafiantes pueden ser las películas. El espectáculo de Mad Max no sólo está supeditado a varias capas de guión o personajes, sino también a una perdida sensación cinematográfica acerca de cómo hicieron eso. Lo mejor que puede hacer el arte es obligarte a pensar, a reevaluar opiniones que creían que eran tuyas. Es interesante ver cómo un cineasta tan cerebral como Cristopher Nolan cogió algo como Batman e hizo algo más adulto, desafiante siguiendo la idea de Frank Miller de un Caballero Oscuro en un mundo sólo un poco menos moralmente cuestionable. Pero incluso esas películas están al final movidas por las fuerzas de mercado y alguien en alguna parte querrá suavizar los bordes, así que los juguetes y las cajas de Happy Meals puedan venderse. En ese aspecto, la vigilancia fascitoide de Bruce Wayne nunca pudo llegar a los límites a los que Nolan quiso llevar esa idea. ¿Tenía él realmente interés en Batman o era una forma de convertir su idea para una película en algo más comercial?
En todas sus formas, la fantasía es probablemente la forma más potente de metáfora, casi tanto como poética y compleja puede llegar a ser. Nadie acusaría a Juego de Tronos de ser infantil. George R.R. Martin vio claramente el género de espada y brujería como medios fértiles para expresas sus reflexiones de ambición, poder y lujuria. Quizá lo hace más comercial, también, pero, ¿Habría durado tanto un drama histórico? Quizá Juego de Tronos no podría haberse hecho hace diez años. ¿Un mundo sin Juego de Tronos? Si Baudrillard hubiese predicho eso, yo seguramente habría dejado la universidad y me hubiese hecho zapatero. **
El sentido de todo esto es que quiero dejar mi postura clara. No estoy saliéndome del grupo, mis pasiones y preocupaciones persisten. A veces es bueno echar un vistazo al informa del Estado de la Unión, y asegurarnos de que estamos haciéndolo lo mejor posible. Por una parte es una cosa maravillosa encontrar esas ideas y preocupaciones copando el mercado, pero a la vez, esas ideas han sido monetizadas y comercializadas, y las cosas que nos interesaron no son siempre lo primero. (¿De acuerdo, fans de Star Trek?)
También, es bueno preguntarnos a nosotros mismos por qué nos gustan estas cosas, qué las hacen tan apasionantes, tan comentadas, tan sagradas. ¿Canalizamos nuestra pasión e indignaciones en fantasías en lugar de la realidad? No solamente en fantasía y ciencia ficción, sino en programas de cotilleos y concursos de talento, y nostalgia y tonterías. ¿Está bien? ¿Es peligroso? Son cosas sobre las que discutir por encima de un juego de ajedrez en 3D, tal vez.
Dicho esto, será mejor que suba a bordo del viejo hipocritocóptero y me ponga a escribir para terminar Star Trek Beyond.

Resumiendo:
Amo la ciencia ficción y la fantasía y no pienso que sean infantiles.
No creo que toda esté generada por fuerzas dominantes como métodos directos de control… del todo.
Sigo siendo un friki orgulloso.

Amos y cohetes,
Simon
p.s. Timothy Dalton y Pierce Brosnan son también Stormtroopers en El Despertar de la Fuerza.
*Ese tipo de películas se sigue haciendo hoy día, pero no por los grandes estudios. Antes de Star Wars, la ciencia ficción y la fantasía fueron vistas como películas de serie B. Alan Ladd Jr no recibe el crédito que se merece por apoyar a George Lucas.
** Sin faltar el respeto a los zapateros. Simplemente quería mencionar una profesión que no llenaría mis días con fantasía. No es que los zapateros no puedan disfrutar la fantasía. Pueden.

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