Ese actor negro

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Hace justo un año, The Force Awakens ya era noticia. Tenía que ver con el estreno online de su primer teaser donde por fin íbamos a poder regresar a esa galaxia tan lejana. Por todo el mundo, con la cuenta atrás en marcha y los ojos como platos, los fans se reunían frente a la pantalla del móvil o del ordenador, algunos incluso listos para grabar sus reacciones y subirlas a Youtube, algo que parece que está de moda. El caso es que cuando por fin da la hora en punto, Apple Trailers tarda unos angustiosos segundos en empezar y la pantalla se llena con un enorme desierto, uno real, sin ningún tipo de efecto especial. Es entonces cuando vemos…
A un negro.

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Desde su elección para participar en Star Wars, John Boyega ha tenido que lidiar constantemente con las críticas debido a su color de piel, y hasta el pasado mes de Noviembre, horas antes de que saliera el último tráiler, diversos intentos de boicotear la película en sitios como Twitter han recordado a todos por qué es mala idea que un actor “negro” interprete a Finn, o ya puestos, casi a cualquier otro personaje. Poco tiene que ver con las teorías fan acerca de que casi cincuenta años después de la creación del ejército de la república, aún deberían seguir siendo clones de Jango Fett, con lo que Finn debería ser el actor Temuera Morrison. Al parecer, los que lanzaron el Hastag #boycottstarwarsvii se quejaban de que Disney, aparte de eliminar el abundante Universo Expandido de Star Wars (cómics, novelas y demás material), parecía empeñada en ser políticamente correcta, como mandan hoy día, y precisamente por eso habían puesto como protagonista a un negro y a una chica, como si no hubiese más opciones en el mundo.

Boyega y Daisy Ridley están orgullosos de sus personajes y son, les pese a quien les pese, los protagonistas de la nueva trilogía de Star Wars. Dice mucho de nosotros cuando en una galaxia formada por alienígenas verdes, calamares naranjas, babosas gigantes y todo tipo de criaturas que se reúnen a tomar algo y amenazarse en la cantina de Mos Eisley, no puede haber un hombre de raza negra, y que ese sea precisamente el detalle más comentado. Los que se erigen como defensores de la libertad aseguran que no es un gesto casual, sino que es el siguiente paso en una “agenda” de proselitismo racial, junto con el miedo a que las mujeres ahora parezca que también hablen de Star Wars o se empeñen en adaptar las películas a sus propios gustos.

La verdad es que siempre ha habido mujeres fans de Star Wars, como también de El Club de la Lucha, Marvel, La naranja mecánica y hasta del porno. Pero siempre han sido consideradas un público de segunda categoría por debajo de lo que se conoce como el “hombre blanco”, el varón caucásico de siete a cuarenta y cinco años (aunque la edad cada vez es más amplia) que es quien en teoría va a comprar nuestros productos. En la teoría, los niños jugaban con el Halcón Milenario mientras que las niñas tenían sus propios juguetes como las barbies, las princesitas, las cocinas de juguete o las videoconsolas de color rosa en el que las enseñaban a ser buenas madres, así  que no había ninguna razón en considerarlas un público potencial. Por tanto, los protagonistas de las historias de superhéroes o spaces operas eran siempre fantasías adolescentes masculinas: tipos duros, musculosos y como dicen en el Tráiler Honesto de Guardians of the Galaxy, blancos.
Es uno de los recursos más utilizados del cine. Sea cual sea la galaxia, planeta o cultura en la que transcurra la acción, nuestro héroe debe pertenecer a ese sector objetivo para que el público pueda sentirse identificado como él. Ocurrió con Tom Cruise cuando conoció a los samuráis, con Kevin Costner cuando conoció a los indios norteamericanos, cuando Sam Worthington se transformó en un alienígena azul para Avatar y sí, cuando Chris Pratt (tras un espectacular y obligado cambio físico), protagonizó la ya mencionada cinta de Marvel. El hombre blanco es un concepto indisoluble en muchos guiones, como ya dejaron bien claro los guionistas de la serie Perdidos cuando se plantearon matar a Jack en el capítulo piloto, algo que decidieron que era una mala idea porque, textualmente, al “eliminar al único hombre blanco joven con trabajo conocido, eliminabas alguien con quien el público se pudiera identificar”. En ese esquema, incluso un reparto tan coral como el del vuelo 815 de Oceanic lleno de coreanos y afroamericanos tenía que estar siempre subordinado a lo que hiciesen Jack, Kate y como mucho, Sawyer. Locke, que a pesar de ser un hombre blanco superaba los cincuenta, no entraba en la categoría porque era (según los productores) parte de un grupo demográfico que no compraba series en DVD.

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Suponer que las personas a las que van dirigidas las películas y series de televisión siempre deban ser hombres no sólo es erróneo, es una pésima idea. Porque las mujeres también se sientan en el sofá, tienen cuentas de Netflix o les interesan las películas de Marvel, de las que hemos tenido que esperar nada menos que trece para tener una protagonizada por un actor de raza negra (Black Panther) y ninguna por una mujer, ya que hay quien considera que la Viuda Negra de Scarlett Johansson no tiene potencial suficiente para atraer al público. Y al no pensar en ellas, Marvel, Disney, Doctor Who o cualquiera que sea la compañía pierden sólo en Estados Unidos a más de ciento cincuenta y seis millones de personas, el número de mujeres que había en el país en 2013. Un repaso por Twitter dejará claro que son ávidas compradoras de merchandising, comentan hasta el más mínimo detalle de la serie de moda y saben lo que quieren, junto con la certeza de que no están “arruinando la diversión” ni quieren menos violencia en los contenidos.
Al contrario. Lo que ellas quieren, al igual que el 13% de la población, que es de raza negra, o el 5,5 %, de origen asiático, es representación. Quieren, como todos, tener héroes y villanos con los que sentirse identificados y que exploren sus propios problemas. Quieren que las heroínas de las películas de ciencia ficción no sean princesas tetudas a las que Jabba el Hutt decide vestir como una esclava sexual, sino que ellas también puedan ser las Jedi herederas de un legado místico con el que tienen el destino de la galaxia en sus manos. Les interesa la guerra civil entre Tony Stark y el Capitán América y hasta insisten en por qué los Señores del Tiempo son siempre hombres y hay tan pocas “timeladies”.

Y lo mejor de todo es que cumplen como público y abren un amplio abanico de posibilidades. Series como Orange is the New Black aporta una visión fresca al género carcelario al entregarnos una trama en la que mujeres de todo tipo de formas, colores y edades demuestran que pueden ser interesantes y que hay otras muchas formas de ver la vida o enfrentarse a los problemas en los que no habíamos reparado hasta ahora. Personas con una sexualidad diferente o minoritaria como Ruby Rose o Laverne Cox, que representan a una parte de la población del mundo entero que muchas veces ha permanecido en la sombra. El papel de las “madres de la cárcel” que forman grupos en las que ejercen de matriarcas sobre las reclusas más jóvenes, señoras de la droga y la constatación que hasta una anciana en camisón víctima del cáncer como la Señora Rosa puede ser el personaje más duro de toda la prisión. Eso es lo que nos permite jugar con los géneros o razas de nuestros personajes, aparte de mostrar toda la gente que hay ahí fuera esperando ver películas cada vez más originales, arriesgadas y que le toquen de cerca. Es posible que ahora veamos muchísimos cambios injustificados de género en remakes o adaptaciones intentando igualar (no siempre de forma acertada) una balanza que se ha inclinado durante décadas al otro lado. Pero cuando anuncian a Idris Elba como el candidato para ser el Roland Deschain de la Torre Oscura de Stephen King, no deberíamos referirnos a él o a Boyega, como ese “actor negro”. Porque como dijo el propio King, lo que importa no es el color de la piel del Pistolero, sino si sabe desenfundar con rapidez.

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  1. #1 por Sara Calvo Vírseda el 17 diciembre, 2015 - 23:44

    Lo de referirse a Leia como “princesa tetuda” me ha dolido bastante. Su personaje fue mucho más que eso, fue uno de los primeros personajes femeninos en ser así de fuerte e independiente en una película de su género. Descalificarla así sólo por una escena, en la que además acaba estrangulando a su captor con sus propias manos, y sale de allí ella solita sin ayuda de nadie… Yo como mujer sí que quiero más personajes femeninos así. Y me importa un bledo que los adolescentes hormonados se exciten con el bikini, para mí no tiene nada de malo y me encanta.

    • #2 por Carlos Martín el 18 diciembre, 2015 - 00:45

      No me refería a la Princesa Leia en sí en cuanto a lo de tetuda. El bikini de Leia es un homenaje a todas esas princesas de literatura Pulp que por alguna razón se habían olvidado la ropa en alguna otra parte. Esclavas al servicio de villanos que tenían que ser liberadas por He-Man, Conan o quien fuese.

      En cuanto a Leia, ella es fuerte, independiente y todo eso, y en realidad, la parte en la que se convierte en una esclava es un HOMENAJE a ese tipo de fantasía que inspiró Star Wars. La diferencia con las otras princesas es que es ella quien se escapa de Jabba estrangulándolo. Pero ahora, Disney parece renegar de esa parte de la película eliminando todo merchandising con el traje de Leia asegurando que intentaba “sexualidar” a Leia. Cosa que no es cierto, pero de pronto ahora todos ponen el grito en el cielo. La verdad es que Leia NO ESTÁ SEXUALIZADA en El Retorno del Jedi, sino homenajeando (y hasta parodiando) a todos esos personajes simples, planos y necesitados de protección de la literatura fantástica,

      Carrie Fisher ha salido a defender la escena en cuestión, asegurando a esos padres que “no saben qué decirles a sus hijos sobre la escena”, que es muy fácil decirles que un baboso la capturó, la obligó a vestirse así, y luego salió de allí. Punto. Podrías sentirte ofendida si hubiese dicho que Leia es así, pero la diferencia con el resto de princesas esclavas es que ella es mucho más que un trozo de carne a la espera de que llegue el héroe. Es por eso que hay que tener en cuenta cuál es el contexto de dicha escena. ¿Lo entiendes ahora?

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