‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ – Imprescindible

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No suelo hablar aquí de películas que he reseñado para otras revistas, porque pienso que me estoy repitiendo. Y sin embargo, Alguien voló sobre el nido del Cuco es una de esas películas que marcan tanto que creo que debería hacer un esfuerzo por olvidarme de todo lo que escribí para el número de Septiembre de la revista Versión Original (inserte su publicidad aquí) y hablaros de ella partiendo desde cero.

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Viendo su perfil de IMDB y acordándonos de los constantes rumores de que padece alzheimer y vive encerrado en su casa, sólo puedo lamentarme de que Jack Nicholson no haya hecho más, mucho más. Se trata de un gran actor con un carisma extraño, y puede hacer tanto de bueno como de villano absoluto armado con un hacha. Pero lo que mejor se le da es interpretar a un tío mundano y no totalmente noble. Es lo que ocurre aquí cuando se pone en la piel de Randy McMurphy, acusado de violación que decide fingir que está loco para ir a un psiquiátrico y así eludir la cárcel. Convencido de que allí le dejarán en paz, no se da cuenta de lo horrible que puede ser una institución mental donde la figura de la enfermera jefe representa la frialdad del sistema sanitario, que a base de rutina ha deshumanizado a los enfermos y ha llegado a la conclusión de que un paciente feliz es un paciente callado. Ante la enfermera Ratched (Luise Fletcher), toda su inteligencia y perspicacia carecen de sentido, pues ella controla con mano de hierro a todos los internos, arrebatándoles todo lo que tienen hasta que los dejan incapaces de defenderse.
Siempre pensé que la película sería un thriller o algo así, pero en realidad se trata de una de las mejores cintas del actor y un relato interesante que ahonda en el optimismo, pero que recibe una serie de golpes por parte del sistema que acaban por arrebatar toda la felicidad posible a esas personas. McMurphy descubrirá que aquello es peor que una cárcel y se enfrentará a los peores tratamientos de la psiquiatría estadounidense, como los electroshocks o finalmente la lobotomización, destinadas más a castigar a los pacientes que a ayudarles. Alguien voló sobre el nido del cuco fue polémica por la representación que hacía de las instituciones mentales, pero también ayudó a dar a entender a la gente que los enfermos mentales también eran personas y no podía almacenárseles en hospitales y sedarlos para que no molestaran, a la vez que exponía alguna de sus mayores vergüenzas. Y sin embargo todos nos quedamos con aquella vez que Nicholson finge ver un partido en la televisión haciendo que todos sus compañeros se junten a él emocionados por lo que está pasando en la pantalla, o cuando los “secuestra” para llevarlos a pescar. O incluso la fiesta llena de alcohol y mujerzuelas que pone en la pantalla a Nicholson y Scatman Crothers años antes de que el primero le atravesase el pecho con un hacha en El Resplandor.
Pero sin duda lo más recordado es ese final donde el jefe indio corre hacia la esperanza tras descubrir que incluso el más bravucón de los criminales no puede hacer nada contra un sistema opresivo que en su momento no se preocupó por los sentimientos de sus pacientes, pero que nos dio una de las mejores películas no sólo de la grandiosa década de los setenta, sino de toda la historia del cine.

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