‘Misión Imposible III’ – Tom Cruise corre durante dos horas

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Ahora que la franquicia tiene mejor salud que nunca y que todos tenemos que admitir que por muy bien o mal que nos caiga Cruise, su carrera es envidiable, es un buen momento para revisar la tercera película de la saga. La primera fue una buena adaptación de una serie de televisión de mismo nombre, y la segunda, una fantasmada que siempre dejo a medias, aburrida y donde sólo sobresale la canción de Limp Bizkit. Con un Ethan Hunt que busca la estabilidad emocional y vivir retirado, una nueva misión le obliga a volver a la acción y enfrentarse a un villano interpretado por Phillip Seymour Hoffman.

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Lo más reseñable de esta cinta es que la dirige J.J. Abrams, que sabemos que es técnicamente impecable pero que en ocasiones sus películas pecan de ser algo sosas. Y la verdad es que por muy bueno que sea el reparto, y que incluso parece que Maggie Q. sólo puede salir en películas si la visten de cuero ajustado o enseñando carne, a esta aventura le falta algo de emoción. Cuando te quieres dar cuenta llevas una hora viendo drones, bombardeos, incursiones dentro del Vaticano, persecuciones en helicóptero y un maquillaje tan increíble que es como si Cruise se transformase en su enemigo. Pero al margen de eso poco nos importan los personajes, quién es quién o dónde está cada uno. Es aquí donde Tom Cruise peca de lo que hace a veces: de limitarse a correr por la pantalla, de la misma forma que Brad Pitt come o Tom Hanks orina, una marca de la casa que estaría genial si hubiese algo que nos interesase del argumento, pero que no llega.

Últimamente he empezado a pensar que este uso y abuso de la tecnología para crear todo tipo de imágenes espectaculares ha conseguido que nada nos impresione. No es una chorrada nostálgica por mi parte, sino la constatación de que sabemos que ahora pueden hacer cualquier cosa por ordenador, así que estamos muy lejos del primer plano de Star Wars con el destructor imperial sobrevolando nuestras cabezas o Christopher Reeve volando como Superman. Quizá dentro de unos años, el cine de la década pasada sea considerado víctima de los excesos digitales, porque (también hay que dejar claro que es por marketing) se está haciendo mucho énfasis en la utilización de efectos físicos en las nuevas películas. De hecho, en Misión Imposible: Nación Secreta, Cruise se ata a un avión de verdad y despega sin ningún tipo de doble o pantalla verde que valga. Es posible que este “más grande todavía” empiece a retroceder poco a poco, y lleguemos a un punto en el que las fantasmadas sean detalles puntuales que las hagan sobresalir del resto del metraje. Si no, sólo tenemos dos horas de videoclip donde descubrimos que el hijo predilecto de la Iglesia de la Cienciología tiene una muy buena rutina de cardio, pero poco más.

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