‘Desafío Total’ – James Bond en Marte

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Phillip K. Dick murió sin conocer el éxito, y sin saber que se convertiría en uno de los escritores de ciencia ficción más adaptados al cine. Sólo llegó a ver una copia de trabajo de Blade Runner, que se basaba en su famosa novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y que a pesar de que se tomaba muchísimas licencias con la obra original, se dice que captó la esencia del futuro pesimista y desencantado del autor. Desde entonces muchas de sus ideas, sobre todo las premisas de sus relatos cortos, se han convertido en películas, pero casi siempre con grandísimas variaciones en el argumento que los han dejado totalmente irreconocibles. Aunque tal vez eso haya sido lo mejor.

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Dick sabía cómo crear escenarios deprimentes en sus textos, aunque sólo fuera porque él ya estaba de por sí más que deprimido. Pero también era capaz de plantear un futuro que podría ser posible, con ideas lógicas como la que presenta Podemos recordarlo por usted al por mayor. Su creatividad se encontraba a la altura de su gusto por los títulos recargados, y en este relato en concreto imaginó un futuro donde la gente pagaría por algo tan extraño como los recuerdos. Ante la incapacidad de muchos de cumplir sus sueños o aficiones, preferirían implantarse una falsa memoria de ellos mismos realizando todos esos actos, como si alguna vez hubiesen ocurrido en realidad.
Este turismo mental empieza a ser un gran negocio y Douglas Quaid, un trabajador de la Tierra, ve en Memory Call la oportunidad de escapar de su monótona vida.

El planteamiento es interesante, sobre todo porque la empresa plantea la posibilidad no sólo de alcanzar cosas imposibles, sino también la de huir de ti mismo. Esto que llaman muy inteligentemente Ego-tour puede ayudar a cumplir tus fantasías de ser millonario, actor famoso o, en el caso de Quaid, agente secreto. Pero en el relato y la película la situación se complica cuando descubramos que nuestro protagonista ya ha jugado con su cerebro anteriormente. Como ya he dicho antes, planteamiento y desarrollo son cosas diferentes. Se escribieron muchos guiones distintos que buscaron potenciar el aspecto de aventura sobre lo demás, y Paul Verhoeven se encargó de darle su toque personal mezclando el humor más negro con el gore y la violencia brutal, y sólo faltaba un actor capaz de aguantar las exigencias del guión. Se barajaron muchos nombres, entre ellos el de Christopher Reeve, pero al final fue Schwarzenegger quien se tomó muy en serio el proyecto al animar a Carolco a hacerse con los derechos cuando éstos quedaron libres tras varios meses de dar vueltas. Se criticó mucho a Arnold porque pensaban que se necesitaba un actor con más capacidad para mostrar matices, pero fue una gran elección. Desafío Total es quizá de los mejores trabajos del austríaco, no sólo en conjunto sino también en cuanto a su interpretación. Quaid descubre, tras pagar para hacerse pasar por agente secreto, que es en realidad un agente encubierto al que le han borrado la memoria, y eso ocurre justo cuando todo lo que él da por supuesto, sus amigos o incluso su matrimonio, se vuelven contra él. El viaje paranoico de Quaid le lleva hasta Marte, el centro de sus fantasías, donde tiene la oportunidad de salvar a todo un planeta y, de paso, hacerse con la chica de sus sueños.

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Su interesante ambientación, con una increíble fotografía de color rojo, encaja con unos efectos especiales tan impresionantes que la convirtieron en la ganadora indiscutible de los Óscars de ese año, nada mal para una cinta en la que tampoco confiaban mucho y que fue calificada como X por su gráfica violencia y escenas como en la que Schwarzenegger utiliza un escudo humano, o chistes sobre divorcios cuando Sharon Stone (que entrenó su cuerpo de luchadora y llegó a golpear de verdad a Arnold) recibía un disparo en la cabeza. Pero lo más inteligente es que la cinta juega con lo que Quaid experimenta, sin dejarnos claro si lo que está pasando es real o se trata en realidad de sus carísimas vacaciones con Memory Call. El elemento onírico aparece en la forma de ese consejero que describe el tercer acto de la película, explicándole a un nada crédulo Quaid que ha sufrido una embolia y que debe despertar si no quiere ser lobotomizado. Durante años se ha especulado por el destino de Quaid, pero la verdad es que queda bien claro cuando el consejero le asegura que permanecer en el sueño le provocaría “delirios sobre civilizaciones alienígenas” antes de su regreso a la realidad. Es por eso por lo que al final, sabemos que Douglas Quaid es consciente de que todo podría estar en su cabeza, así que tras conseguir ese “cielo azul en Marte”, Quaid salva al planeta, besa a la chica y suponemos, despierta.
Lobotomizado.

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