‘Superman IV: En busca de la paz’ – El último clavo en el ataúd

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Seré directo: Superman IV es un producto de la Cannon.

La famosísima productora, ahora desaparecida, fue conocida por hacer una ingente cantidad de películas de bajo presupuesto centradas sobre todo en la acción más dura, compensando la falta de talento o inspiración ofreciendo al público lo que demandaba en la no tan gloriosa década de los ochenta. Y con los Salkind ya desentendidos de la franquicia tras los malos resultados obtenidos con Superman III, Christopher Reeve accedió a ponerse la capa una vez más porque le dieron más libertad creativa (suya es la historia) y también porque le prometieron otros proyectos que jamás vieron la luz. Y así llegaríamos a la última vez que el mundo vio a Superman en una sala de cine durante muchísimo tiempo, con la peor de todas las adaptaciones y una sensación de ver a un pobre animal herido arrastrándose hacia su muerte.

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Uno sólo puede preguntarse qué piensan los actores como Reeve o Gene Hackman, quien regresó en su papel de Lex Luthor, mientras ruedan algo que a todas luces será malo. La idea de que un sobrino perdido de Luthor llegue en un estrambótico coche, aprese en su interior a los policías más estúpidos del mundo y juntos planeen crear un clon malvado de Superman a raíz de un cabello suyo, es ya de por sí absurda. También hace que nos preguntemos qué carrera ha estudiado Luthor para ser un genio en todos los aspectos, incluyendo la clonación humana mezclando tres o cuatro líquidos en un cubo.

Lo único interesante de esta película es la idea del propio Christopher Reeve y que ahonda en el miedo a una guerra nuclear que por entonces aún estaba muy presente. Cuando un niño le pide que se deshaga de todas las armas nucleares del mundo, Superman debe decidir si no interferir en la historia de los hombres o tomar partido ahora que es su casa. Pero el clon malvado, un tipo con traje de plástico y unas aptitudes interpretativas que son para matarte del susto, le pondrá las cosas difíciles luchando en la superficie lunar o secuestrando a la damisela de turno y llevándosela al espacio, donde sobrevive milagrosamente. Nunca una película de Superman había sido tan floja, desganada y con peores efectos especiales, realmente malos, muy por debajo incluso de los de la película de Richard Donner.

¿Adónde fue la majestuosidad de ese Krypton helado, de ese Jor-El con rostro y voz de actor de Óscar, la melodía ensoñadora de John Williams o la simple y llana “magia” de las películas de Superman? La respuesta es que nunca la hubo. La franquicia ya estaba en serios problemas en sus comienzos, con un tira y afloja entre los que ponían el dinero y quienes se partían el lomo por adaptar el universo del cómics. Con el gran repertorio de villanos, resulta increíble que ninguno salvo Luthor o Zod aparecieran en estas secuelas, y que los guiones que los involucraran fuesen desechados por cosas mucho más absurdas y aburridas. Fue Richard Donner el único que aportó algo, junto con el compositor o el pétreo rostro de Christopher Reeve, quien ganó la inmortalidad con el personaje, pero que por el camino destruyó su carrera condenándole a películas directas a vídeo.  Con Margot Kidder sufriendo ya los primeros episodios de sus graves problemas mentales, Reeve sería el que peor parado saldría cuando en Mayo de 1995, tras rodar el remake de El Pueblo de los Malditos dirigida por John Carpenter, se caería de su caballo mientras participaba en una carrera de obstáculos, partiéndose las dos primeras vértebras cervicales. Su accidente truncaría para siempre su vida, volviéndole totalmente dependiente y condenado a una silla de ruedas y a respirar a través de un ventilador y un orificio en la garganta. La historia de Superman se volvería trágica al mostrar cómo el símbolo de un hombre fuerte, saludable e invencible era muy distinta a una realidad angustiosa en la que Reeve sopesó la posibilidad de suicidarse para no seguir viviendo de esa forma. Sólo dos personas le ayudaron a salir adelante: su esposa Dana y su gran amigo Robin Williams, quien entró en su habitación de hospital disfrazado de médico dispuesto a hacerle un tacto rectal. Lástima que hasta Williams tuviese un final tan trágico.

Tras el fracaso de Superman IV y el accidente de Reeve, no hubo muchas ganas de poner en marcha una secuela. Los actores propuestos no convencieron, y la calidad de los últimos intentos más la bancarrota de la Cannon mataron a la franquicia hasta el año 2006, en el despertar de una nueva fiebre por las películas de superhéroes.

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  1. #1 por Alberto el 1 diciembre, 2014 - 21:31

    Superman regresa es secuela de esta, cierto? y por qué Lois Lane no recuerda que Clark es Superman en “Superman Regresa”?

    • #2 por Carlos Martín el 1 diciembre, 2014 - 23:25

      Lois conoce la identidad secreta de Superman en Superman II, pero luego éste le da un beso que le borra la memoria. No es muy ´lógico pero bueno, el resto de la saga tampoco lo es.

      Aquí en la cuarta, creo recordar que también conocía su identidad, pero en realidad, Superman Returns es una mezcla extraña de secuela y reboot, que desecha Superman 3 y 4. Así que volveríamos al punto en el que Lois no recuerda nada.

      • #3 por Sergio el 3 enero, 2015 - 16:56

        Así fue exactamente!

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