Extras – La comedia británica según Ricky Gervais

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Extras fue mi primer contacto con el humor de Ricky Gervais, y no me gustó nada en su momento. Fue hace años, cuando en los inicios de La Sexta decidieron emitir lo que ellos llamaron “series de culto”. Reconozco que no le pillé la gracia a muchas de ellas, como ese Larry David insoportable al que me entraban ganas de pegar un puñetazo cada vez que salía con ESTA cara, y Gervais, pese a que tenía un par de puntos buenos, no me enganchó hasta su aparición en los célebres Globos de Oro, donde repartió a diestro y siniestro. Entonces descubrí dos cosas: la primera era que el humor británico era algo a lo que necesitabas darle tiempo y que siempre, este hombre debe ser visto en versión original.

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En 2001, Gervais ya dio la nota con The Office, un falso documental que seguía a los trabajadores de una empresa de papelería al más puro estilo reality y que fue cancelada tras sólo dos temporadas. Las series inglesas siempre son cortas, pero parece que sólo el tiempo le ha puesto en el lugar que se merece a esta historia tan extraña que se adelantó al boom de Gran Hermano y los mockumentarys. Ahí entendimos también que el humor británico muchas veces no se basa en gags recurrentes, muletillas de las que tanto uso y abuso hacen otras series (The Big Bang Theory es una de ellas), o chistes rápidos, malos y sin gracia alguna. En realidad, en The Office importaba lo que ocurría al fondo, en tener al típico jefe que no era gracioso, sino que se lo creía y sólo conseguía provocar vergüenza ajena. En los compañeros de trabajo exasperantes que llevaban a un joven Martin Freeman al borde de la locura, y en los silencios incómodos y tiempos muertos. Una vez has entendido eso, sabes qué puedes esperarte de su televisión. Y así llegamos a Extras, otro proyecto de este genio de la comedia en el que creaba a un nuevo personaje fracasado y enemigo de sí mismo, pero esta vez en la industria del cine.

Gervais interpreta a Andy Millman, un aspirante a actor de treinta y seis años que hasta el momento sólo ha conseguido pequeños papeles de extra en producciones británicas. A lo largo de las dos temporadas vemos cómo Andy intenta lograr su gran momento acompañado tan solo de su mejor amiga, la tontorrona Maggie Jacobs, la única que permanece a su lado en sus mejores y peores momentos. De la misma forma que The Office, no es una comedia al uso: Los chistes no salpican el metraje, sino que nos limitamos a una sucesión de momentos incómodos y personajes extremadamente ineptos o desagradables. Como el personaje interpretado por Stephen Merchant, el peor agente artístico de la historia, incapaz no sólo de conseguirle a Andy una prueba, sino concentrado en destruir su carrera de forma involuntaria. Y como todas estas series, no serían nada sin la presencia de invitados famosos que son quienes se encargan de dar siempre la nota en sus apariciones. Por eso, cada vez que Andy consigue un papel de extra, se encuentra rodeado de actores de la talla de Sir Ian Mckellen, Ben Stiller, Robert De Niro o Clive Owen, que en todas ocasiones interpretan las versiones más desagradables y obscenas de sí mismos. Como ese Daniel Radcliffe que se muestra como un adolescente estrella mimado y obsesionado con el sexo, llevando siempre un condón en la mano, o esa Kate Winslet aficionada a las llamadas telefónicas guarras. A Chris Martin, de Coldplay, un gilipollas que colabora en labores benéficas sólo para promocionar sus grandes éxitos, o un Ian McKellen que se cree Gandalf y produce obras de teatro gay. Por no mencionar al mismísimo David Bowie, a quien Andy va a pedir consejo sobre su carrera y se encuentra escuchando una canción improvisada sobre ser un perdedor que se ha vendido a la industria.

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Pero sin duda lo mejor es el mensaje final que Andy transmite cuando por fin se convierte en estrella, y se encuentra a sí mismo más amargado que nunca, víctima cómo no de su éxito y protagonista de una serie que odia por considerarla absurda y dirigida a un público estúpido. Encerrado en el Gran Hermano VIP, es consciente de que él ha sido responsable de todos y cada uno de sus fracasos, obsesionado con ser famoso, con rodearse con gente de la alta sociedad y del espectáculo, destruyendo todo lo que realmente importa. Su monólogo acerca de cómo funciona la industria debería ser de obligado visionado, criticando todo eso que él ha deseado tan fuertemente. Diciendo verdades como panes porque al final, eso es lo que distingue a un humorista de un comediante, que al final hay algún mensaje que importa y donde, como solo en las comedias británicas, logran encontrar el punto entre el bochorno, las risas sinceras y el drama.

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  1. #1 por vini el 26 septiembre, 2014 - 18:36

    Tambien yo conoci a ricky gervais con esta serie, aunque fue mas tarde que tu, yo encontre las dos temporadas en un pack que compre a muy buen precio, y la serie me parecio genial. Me ha encantado el post. Un saludo.

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