‘La Lista de Schindler’ – Salvar al mundo entero

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El cine no es sólo un entretenimiento, aunque ahora vivamos en una época de blockbusters y secuelas pirotécnicas. Sigue siendo un vehículo para transmitir ideas, recordar hechos históricos o denunciar crímenes. Es una forma de arte y también de comunicación, sobre todo cuando dejamos al margen la ficción y echamos la vista atrás, a nuestro vergonzoso pasado del que no hemos aprendido. Es por eso que hay películas incómodas, difíciles de ver por lo que representan, por lo que nos recuerdan que ocurrió y hasta dónde pudimos llegar.

Ese es el caso de La Lista de Schindler.

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Vivimos en una época triste, donde se alaba la ignorancia y se critica el conocimiento. Donde tenemos acceso a todo tipo de información y aun así, proliferan las mentiras, las pseudociencias, los charlatanes y sujetos tan interesantes como los Negadores del Holocausto Judío. Pueden encontrarse no sólo en debates más o menos serios, sino sobre todo en Internet, en Youtube, en foros de temática gore o blogs personales. Cada vez más abundan los neonazis o personas que se creen tales. Adolescentes con avatares de Amon Goeth, las SS, el número 88 o cualquier tipo de iconografía fascista comentan la cantidad de mentiras que nos hicieron creer en campos de concentración y cámaras de gas. Es por eso que películas como la dirigida por Steven Spielberg son tan necesarias. Porque el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla y no podemos permitirnos que una de las páginas más negras de nuestra historia quede jamás en el olvido.

La lista de Schindler se basa en la historia real de Oskar Schindler, un empresario alemán que en los tiempos de los nazis vio una gran oportunidad para enriquecerse a costa de los judíos. Para ello construyó una empresa en la que los empleó fabricando todo tipo de material como ollas o pucheros, pero acabó convirtiéndose en uno de los mayores salvadores de toda la Segunda Guerra Mundial al comprar a más de mil doscientas personas para salvarles así de los campos de la muerte. Su historia, transformada por supuesto en un libro, fue un proyecto difícil que pasó por varios directores, algunos de los cuales tenían experiencias personales en todo lo que el guión describía, pero finalmente fue Steven Spielberg quien decidió hacer la película más dura de toda su carrera, un infierno monocromático por el que se negó a recibir sueldo alguno, y con el que sentó la que muchos piensan que es la película definitiva del Holocausto.

Schindler nos es presentado, entre sombras, como un auténtico playboy. O más bien, como alguien que está deseando serlo. Mujeriego y amante de las fiestas, no ve a los judíos más que como mano de obra barata que le permitiría llenarse los bolsillos. Para eso, no le importó hacer tratos con el abominable Amon Goth, jefe de las SS y uno de los hombres más implacables de todo el partido nazi, brillantemente interpretado por Ralph Fiennes, que ganó quince kilos para mostrar la evolución del personaje. Goth era un psicótico, un asesino y un auténtico monstruo. Sus crímenes son detallados de forma muy gráfica en la película, hasta el punto que hay quien piensa que tanta brutalidad jamás pudo ser real, y que todo esto no es más que una invención propagandística.

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Pero no fue así. Escenas como la liquidación del Gueto de Cracovia son por desgracia reales, representadas gracias a los relatos de los supervivientes con gran realismo. Es el momento en el que Schindler cambia de idea, o se da cuenta del salvajismo al que se enfrentaron los refugiados, con la famosa niña de abrigo rojo que aparece de fondo, el único rastro de color en una película en blanco y negro. La elección de este color se debe no a que Spielberg sea un presuntuoso como muchos afirman, sino a que toda la documentación que revisó estaba presentada de esta forma, y quizá le ayudaba a conseguir un aspecto documental. Por otro lado, la niña de rojo no significa nada más que el lugar en el que Schindler se fija, un punto en concreto en medio de toda esa barbarie. Hasta entonces, los judíos han sido una masa de personas anónimas, pero quizá con la niña él (y todo el mundo) es capaz de aislarlo, ponerle rostro a la brutalidad. La niña, pues, es quien le hace preocuparse por ellos incluso en una época en la que estaba más que penado hacerlo. Cuando besa a una judía, Schindler enfrenta la cárcel y sólo es capaz de salir gracias a la mediación de Amon, quien también tiene un punto de vista ambiguo sobre las mujeres de esa etnia. Las conversaciones entre los dos hombres son las dos caras de una misma moneda, cuando Schindler intenta convencerle de que el poder consiste en perdonar la vida incluso sabiendo que puede arrebatarla, tal vez intentando que cese en sus métodos violentos. Así, Amon Goth proporciona otra de esas escenas escalofriantes cuando deja marchar al chico que le atiende y duda entre si asesinarlo o no, resolviéndolo de forma cruel fuera del plano.

No hay lugar para las concesiones en esta película. Spielberg no quiere escapar del tema o recurrir al humor como hizo en La última Cruzada. Los nazis fueron un horror y su obra no debe ser justificada ni alabada. Podemos ver la frialdad con la que se ejecutaban a los judíos en momentos como el operario manco o la ingeniera que disparan a la cabeza tras responder a los oficiales, el auténtico horror de la caravana de niños que saludan a sus padres rumbo a un destino que desconocen o esa enorme pira funeraria, con la niña del abrigo rojo entre una pila de cadáveres. Jamás una película ha mezclado tanto la realidad con la ficción.

 Al final, Schindler busca una forma de salvar a esos hombres y mujeres convirtiéndolos en operarios de su fábrica, e intentando llevarles a otro país donde no puedan ser ejecutados. Así tiene lugar la creación de la famosa lista en la que anota los nombres de las personas que compra a Amon Goth, salvándoles de las cámaras de gas. Pero incluso vamos más allá cuando uno de los trenes que transporta a las mujeres acaba en el campo de Exterminio de Auschwitz, (ese plano del niño pequeño pasándose el dedo por el cuello es escalofriante) y las mujeres son rapadas y desnudadas, repitiendo las escenas que se nos han descrito anteriormente. Spielberg quita el sonido cuando las mujeres son empujadas en masa hacia el interior de las duchas, llevando los nervios del espectador al límite. Cuando vemos que al final sólo sale agua, ellas no pueden hacer otra cosa que reír histéricas, completamente locas. Schindler las salvaría finalmente y las sacaría de allí, pero ninguna de ellas (ni todo aquel que vea la película) podrá olvidar jamás cómo una de las mujeres se gira para ver a un grupo de gente desfilando hacia un pequeño barracón en silencio, mientras sobre ellos, una chimenea arroja cenizas sobre sus cabezas. Un recordatorio de que no todos tuvieron tanta suerte.

Pocos pueden ver en La Lista de Schindler una mala película. No juega la carta del Holocausto que tan fácilmente te consigue premios y reconocimiento en los periódicos, sino que es una cinta necesaria. El problema viene cuando Spielberg había estado haciendo películas de entretenimiento palomitero como Parque Jurásico, haciendo que muchos le resten credibilidad al afrontar un tema tan serio creyendo que lo hace por el dinero y por los premios. Le acusan de “mercenario sentimental” cuando Schindler tiene que huir al final de la guerra, pensando que ponerse a llorar es un recurso dramático que busca tocar la fibra sensible del público. La manía generalizada que muchos le tienen al director, o  considerarnos críticos de cine hacen que no prestemos atención al diálogo y al mensaje de la película, la importancia de una cinta que debería ser vista por todo el mundo en algún momento. “Podría haber salvado a más”, dice, “sólo con el alfiler de mi corbata me hubiesen dado a una persona más.”

Sólo una.

Tal vez incluso una niña de abrigo rojo.

“Quien salva una vida, salva al mundo entero.”

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Para leer la ficha pulsa aquí. 

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  1. #1 por Frank Jones el 11 abril, 2014 - 07:44

    Brillante film, si no el mejor de todos

  2. #2 por Rodrigo Coronel el 11 abril, 2014 - 19:19

    Loco, casi me haces llorar. Me encantaron tus palabras, y sin dudas es una de las más grandes películas de todos los tiempos.

  3. #3 por Daniel Jara el 13 abril, 2014 - 05:00

    Mucho me hablaron de esta película y ese fue uno de mis pecados, no haberla visto a mis 26 años de edad, la vi apenas hace 2 meses junto a mi hermana, que error mio fue no darle tiempo a este gran película que me dejo muchas sentimientos encontrados y al leer tu reseña se ve que es el complemento perfecto de la película, muy buen articulo, felicitaciones por la pagina.

  1. ‘La lista de Schindler’ | Tierra de Cinéfagos

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