Iron Man 3 – El cine de superhéroes

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Shane Black no es un nombre muy conocido por los fans del cine de superhéroes, aunque todos le hayamos visto en alguna ocasión o conozcamos algunos de sus más famosos trabajos. El director de Iron Man 3 apareció en las pantallas del mundo entero hace ya veinticinco años en el film ‘Depredador’, protagonizado por Arnold Schwarzenegger en el que interpretaba a Hawkins, el soldado que hacía chistes y que moría asesinado por el alienígena rastafari. Poco después, Black pegó el pelotazo al escribir el guión de ‘Arma Letal’, y convertirse así en uno de los guionistas mejor pagados de Hollywood. Su carrera no le llevó a los blockbusters actuales, pero dirigió a Robert Downey Jr. en Kiss Kiss Bang Bang, y de allí, le dio la oportunidad de dirigir ‘Iron Man 3’ cuando Marvel decidió que ya era hora de comenzar con la fase 2 de su plan cinematográfico.

La tercera entrega, estrenada poco después que ‘The Avengers’ es el siguiente paso en este negocio monumental, y una prueba de fuego porque había que saber cómo quedarían las aventuras individuales de los personajes tras enfrentarse a un peligro mayor que todos los que habían enfrentado en solitario. También, era el fin de una trilogía.

IRON MAN 3

El pequeño resumen de la vida de Black sirve para que entendamos que es un hombre que viene del género de acción, de la vertiente física que sigue la estela de John Mctiernan, cintas con personajes sólidos y trabajados que cargaban con el peso de una historia que dejaba tiempo para secuencias frenéticas. Por otro lado, Iron Man, The Avengers y Superman van por un camino muy distinto, no son cine de acción, pertenecen a su propio género, de reciente creación y que incluye sus propios mecanismos. No sólo las habilidades sobrenaturales del protagonista, sino también su capacidad de resistencia a los ataques físicos, el hecho de que no queden secuelas tras enfrentarse a experiencias de vida o muerte, incluso los efectos cartoonianos en ocasiones nos llevan a una suspensión de la incredulidad que hace que desconectemos el cerebro y nos limitemos a disfrutar, porque eso es precisamente lo que pide el género, evasión y diversión sin problemas.

Iron Man y Tony Stark no son personajes reales, vienen del mundo del cómic, y al contrario que el estilo realista de Nolan, imitado hasta el aburrimiento, Marvel ha querido darnos entretenimiento sin complicaciones, aprovechándose del carisma del personaje, para mostrarnos a un superhéroe sin apenas traumas que ni siquiera esconde su alter ego, para divertirnos y hacernos reír. El carisma de Robert Downey Jr. ayuda bastante, porque todos conocemos su pasado sombrío que se asemeja mucho al de Stark.

Pero Iron Man 3 es el colofón final, como toda historia dividida en tres actos, y esta película no podía ser un estreno más en el que el protagonista no sufre ninguna evolución, nos entretenemos y la olvidamos. Tenía que ser algo más, tenía que mostrarnos qué pasaba con Tony Stark tras los sucesos de Nueva York, y cómo mostraban al Mandarín, el mayor enemigo del personaje y que hasta ahora jamás había aparecido en pantalla. No sé nada de los cómics ni conozco la historia ‘Extremis’ en la que dicen que se basa Iron Man 3, así que hablo desde la perspectiva de la película y de un espectador individual. Podéis estar de acuerdo conmigo o asegurar que me equivoco, como con todas las opiniones.

La verdad es que empieza genial, con Tony hablándonos en off acerca de que nosotros mismos creamos a nuestros demonios, y luego saltamos a 1999, para ver cómo la historia de los villanos viene de antiguo, de mucho antes de que Tony sufriera su accidente. Aquí es donde conocemos a dos de los principales antagonistas, y poco después vemos cómo ha encajado Tony los acontecimientos que vimos en The Avengers. Nuestro personaje sufre por primera vez consecuencias psicológicas en forma de ansiedad. Es el primer rasgo que nos hace ver a Tony como un hombre normal y corriente, al margen incluso de su alcoholismo. Tony necesita la armadura, es el lugar donde se encuentra cómodo y protegido, y es la razón por la que se pasa días enteros despierto creando nuevas armaduras para enfrentarse a posibles enemigos.

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El ataque que Happy (innecesario Jon Favreau que podía hacer alguna gracia en Iron Man 2, pero aquí sobra) nos muestra a hombres que tienen la capacidad de regenerarse, y es la motivación principal para que Iron Man busque venganza amenazando en directo al Mandarín, un terrorista que no recuerda para nada a Bin Laden y al que clavan en las pocas imágenes que podemos ver de él, como si estuvieran grabadas por guerrilleros talibanes. El problema es que el discursito suena mejor en el tráiler que en la propia película, y la destrucción de la mansión Stark la entendemos justificada más por la necesidad de meter acción acrobática cada pocos minutos que por simbolizar la destrucción del alma de nuestro personaje. Iron Man 3 cumple también con la regla de hacerlo todo cada vez más grande y más espectacular. Ya no basta con que tenga una armadura, tiene que quitársela al vuelo, y también que lanzársela a Pepper, por lo que ahora no es un personaje con una habilidad especial, sino que todos pueden ponerse y quitarse las armaduras, que además pueden ser manejadas por control remoto, paso indispensable para crear un clímax final. Lo que más lástima me da es ver al pobre Tonto perdiéndose precipicio abajo, más que todas las explosiones y nubes de humo.

Así llegamos al segundo acto de la película, donde Tony Stark, despojado de su esencia de playboy, su mansión e incluso sus carísimos trajes tiene que experimentar una evolución, tiene que superar la ansiedad y encontrar una forma de sobreponerse a sus problemas. Y en esta ocasión no tendrá ayuda de nadie, ya que es la película de Marvel con menos referencias a Los Vengadores de la historia, cosa que ya muchos critican. Esta parte de la película viene para dejarnos claro que Shane Black es un realizador diferente a lo que Marvel busca. El primero se preocupa por los personajes, y el segundo por la espectacularidad. Es por eso que esta es la película donde menos tiempo vemos al superhéroe con su traje, porque quiere dejarnos claro que ÉL es Iron Man, y no la armadura. Con su intelecto, sus defectos y sus virtudes. Pero claro, no se trata de una película de autor, sino que forma parte de esta gran franquicia que necesita lo que el estudio quiere, y que a veces encaja mejor que en otras ocasiones. Este choque de formas de hacer cine lastra a la película, que va y viene y avanza a trompicones, pero no termina de despegar. Hay momentos bastante buenos, pero la decepción llega cuando intuimos lo que nos cuentan luego: que El Mandarín no es más que un actor contratado por el personaje de Guy Pearce en un giro que algunos califican de memorable y otros de maldita estafa.

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Soy de los segundos. Pero sólo porque El Mandarín imponía en los pocos fragmentos que hemos visto, incluso en la escena en la que ejecuta en televisión en directo a un político estadounidense. Ese aire de terrorista islámico implacable quedaba genial, pero se ve que la historia no puede quedarse con eso y tiene que apuntar más arriba. Es entonces cuando descubrimos quién es el verdadero villano y cuál es su maléfico plan, aparte de esos replicantes capaces de regenerarse y que a mí personalmente no me terminan de convencer.

El problema radica en que algunos piensan que alguien como El Mandarín no quedaría bien en una pelea contra Iron Man, y si lo hicieran, sería más parecido al estilo de Black que al de Marvel. Necesitan involucrar a personajes capaces de habilidades más sobrehumanas, y de paso meternos escenas un pelín vergonzosas como el rescate en el Air Force One, donde lo mejor es que al final un camión se lleve por delante a la armadura. La inclusión del Presidente de los Estados Unidos a lo mejor es algo que en su país es bastante normal, pero al resto del mundo puede parecerle quizá demasiado patriótica para nuestros estómagos. Luego podemos pensar si El Mandarín ha sido brutalmente castrado porque un personaje con reminiscencias asiáticas hacía muy difícil de vender esta película en China, un mercado muy suculento pero que tiene sus propias reglas, y desde luego, ridiculizar sus costumbres es algo que se toman muy a mal.

Y así llegaríamos a la pelea final, donde Iron Patriot no ha hecho nada más que ocupar metraje innecesario, donde Gwyneth Paltrow y su falsa muerte sólo sirven para darle también poderes especiales a ella y donde los soldados inmortales en ocasiones recuerdan a Darryl Hannah en Blade Runner, y que no son más que una excusa para ir un paso más allá. Los efectos especiales son alucinantes, y nos hace pensar en el T-1000 de Terminator 2 y en su aspecto cambiante y algo líquido. Pero por supuesto, no son más que una excusa para poder permitirnos ese clímax en el que comprobamos que efectivamente ya no vale tener una armadura, ni tan siquiera dos. Docenas de trajes autónomos desfilan por la pantalla mientras Tony entra y sale de cada uno de ellos sin problemas, en un carísimo ballet acrobático donde regresamos a lo que el cine de Marvel busca, la esencia del cine de superhéroes, la espectacularidad por encima de todo. Al final, el resultado es de dos películas y estilos diferentes fusionadas en una sola con un resultado más que desigual. Shane Black aporta el toque más personal y serio, pero sabemos que al final, es la compañía la que manda y la que dicta cómo deben ser las cosas.

Es por eso que Iron Man 3 plantea otros problemas. Y es que es, a todas luces, un final perfecto. Hemos experimentado la evolución del megalómano Tony Stark, la superación de sus adicciones e incluso hemos visto cómo se pasaba horas enteras fabricando diferentes tipos de armaduras que sólo sirven para engordar el merchandising. Se trata sin duda alguna del mejor personaje de la Marvel, y su piedra angular para futuras producciones. Cincuenta millones de dólares pagados a Robert en Los Vengadores dejan constancia de ello. Pero también, hace que nos planteemos qué puede suceder a partir de ahora, porque hasta hace unos años la costumbre era realizar trilogías que dejaban la historia más que cerrada. La operación final de Stark y la eliminación de su característico imán en el pecho dejan bien claro que todo podría finalizar aquí.

Pero Marvel quiere más. A la ya anunciada Los Vengadores 2, se añaden las planificadas Iron Man 4 y 5, y a la vez, Robert Downey Jr. va dejando caer en sus entrevistas que se acerca a los cincuenta años y que sería una edad perfecta para ir dejándolo. Su contrato se acaba, pero no sabemos si lo dice en serio o si se trata de una técnica de negociación para que la empresa que está haciendo cientos de millones con sus películas suba el sueldo a los actores, bastante miserable en algunos casos. No es el único que ha insinuado una salida. Scarlett Johansson o Chris Hemsworth también protagonizan este tira y afloja público. Unido a lo agarrados que están demostrando ser los de la Marvel, van sus ansias de ganar dinero explotando las ideas y las franquicias hasta que tal vez sea demasiado, el público no responda y estemos saturados de superhéroes y sus habilidades personales.

Para leer la ficha de la película, pincha aqui

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  1. #1 por Jan el 8 octubre, 2013 - 11:02

    Muy de acuerdo con tu análisis, Carlos. Fui a ver la película con pocas ganas después de la decepción que me supuso el visionado de la segunda entrega, dónde se el protagonista supera su alcoholismo un un pis pas. El tono infantil llegaba a extremos muy peligrosos. Con la tercera, por tanto, tenía mis reticencias, pero tanta gente cuyo criterio tengo en cuenta me la recomendó, que al final la vi. Me decepcionó, y bastante. Y es lo que tú dices: son dos películas en una, y se nota. Es habitual en el Hollywood de los últimos años decantar la balanza por la espectacularidad antes que por la historia (algo que en Los vengadores se equilibraba bastante bien, de ahí a sus resultado final), pero están llegando a rozar el absurdo. A mí el clímax me pareció digno de una película de Transformers o Power Rangers, ¿que harán después? ¿combates submarinos? ¿en la luna, con poca gravedad? Y aparte de convertir al Mandarín (un pedazo de personaje en los cómics) en un actor, convirtiéndolo al final en poco menos que un chascarrilo con patas, tampoco entendí muy bien a qué venía la inclusión del chavalín, que por muy Marvel que sea la historia, no venía a cuento, o sí, que con Disney de por medio… En fin, Iron Man 3 me dejó un regusto amargo, pese a algunos buenos momentos. Espero que Whedon sepa volver a dar con la tecla en Avengers 2.

  1. ‘Iron Man 3′ | Tierra de Cinéfagos

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