La sociedad Juliette – Belle de Jour

La sociedad Juliette

En el último año, la literatura romántica, erótica o directamente guarrindonga ha tenido un gran éxito gracias sobre todo a la trilogía ‘Cincuenta sombras de Grey’, que ha desbancado a la saga de Harry Potter en ventas y ha traído a los grandes almacenes páginas y páginas de sexo bruto, sucio, sadomasoquista y mal escrito que se ha publicitado como una revolución en la sexualidad. Sus ventas han hecho necesaria la aparición de novelas de temática similar, todas centradas en personajes femeninos que experimentan un despertar sexual y se follan a todo bicho viviente en un intento de arañar algo del éxito de la historia de Christian Grey, pero si la saga original ya es infumable, sus burdas copias (algunas con títulos tan insultantes como Ochenta melodías de seducción en azul) ya ni merecen la pena el tiempo que tardas en leerlas.

En toda esta ola de narrativa erótica sólo hay una novela que me interesaría leer y que ha sido recientemente publicada, se trata de ‘La sociedad Juliette’, y ha sido escrita por una de las mayores expertas en sexo del planeta: la ex-actriz porno Sasha Grey.

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Sasha es una mujer singular. Joven, guapa y con un curioso talento para la autopromoción, revolucionó el mundo del porno al presentarnos a una actriz muy diferente al acostumbrado. El cine X norteamericano se basaba sobre todo en hembras siliconadas de pelo rubio como vigilantes de la playa, que de tan artificiales jamás resultaban creíbles. Hasta entonces, generalmente (ojo, que he dicho, generalmente) el porno estaba pensado para satisfacer las necesidades masturbatorias de los hombres siguiendo unas fantasías bastante poco realistas tanto en temática como en físico femenino.

Pero Sasha, bajita, sin apenas pecho y más parecida a la vecinita de al lado que a una estrella del cine para adultos, sorprendió por su presencia, porque imponía, porque no se trataba de una mujer que estaba frente a la cámara para otorgar placer visual, sino que se nos presentaba como una mujer con mayúsculas que disfrutaba del sexo y no era un suplemento de sus compañeros masculinos, sino un ser completamente independiente que se hizo respetar. Una de sus primeras escenas fue una orgía con Rocco Sifredi y en mitad de una felación pidió que la golpearan, algo que dejó en shock a su compañero, que no se esperaba ese tipo de comportamiento y que por desagradable o espeluznante que nos parezca, a día de hoy novelas como “Cincuenta sombras” han convertido en algo habitual (al menos en la ficción). Con su carisma, su brillante promoción y su inteligencia, Sasha ha traspasado los límites del cine X para convertirse en una estrella equiparable a las del Hollywood mainstream. Ha aparecido en series como Entourage, en películas de Soberbergh o en la nueva de Nacho Vigalondo, y se trata de una persona creativa que, al contrario de muchos “famosetes”, no se limita a arrojar botes de pintura contra un lienzo y a decir que es arte. Ha conseguido que la veamos como persona y no como actriz porno, y ese es uno de sus mayores logros, junto con el de ser una gran defensora de una idea tergiversada y compleja como lo es el feminismo.

Las novelas de ‘Cincuenta Sombras’ han tenido éxito por algo llamado equilibrio. También por mucho marketing, esa ciencia capaz de venderte paraguas en el desierto del Sahara, pero sobre todo como respuesta a éxitos anteriores. Todos recordamos la moda de los grupos de música de estética “emo” y pseudogóticos, con su romanticismo de botellón y sus anillos de castidad, que luego dejaron paso a niños buenos como lo eran Justin Bieber o los Jonas Brothers. Justo sobre esa época salió la Saga Crepúsculo, un canto a la virginidad escrito por una mormona y una historia sobre las ventajas de la abstinencia. Estaba de moda no practicar sexo o más bien, decir que no se practicaba. Así que saturados de películas de Robert Pattinson donde el amor se expresaba solamente con miradas, estábamos a punto de ver la explosión de lo contrario: la literatura sórdida, sexual, sudorosa pero no por ello mejor escrita, la historia de Christian Grey y la iniciación de su voluntariosa esclava sexual en los campos del sadomasoquismo.

Por supuesto, esas novelas no son, como se las vende, una revolución sexual ni una lucha por el feminismo. Tratan sobre la sumisión de una mujer ante el típico multimillonario que la obliga a hacer cosas que tal vez a ella no le gustan, pero acaba disfrutándolas en el proceso. Es una idea machista o costumbrista como otra cualquiera, y pretender todo lo contrario es tener más imaginación que otra cosa. Además, la autora, E. L. James afirma que escribió la historia como un fanfic (relato amateur escrito por fans) sobre los personajes de Crepúsculo, lo que si es falso es una mentira descarada para atraer a lectoras de la virginidad vampiresca dejando claro que de cultura tiene poco o, si es verdad, confirma mi teoría del equilibrio.

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En esa situación no me interesa leer el enésimo bombazo prefabricado, escrito de una forma espantosa y ridícula a medio camino entre el porno, las películas de serie B y los culebrones venezolanos. No me interesa esa visión superficial del sexo y las relaciones que en realidad poco o nada tiene que ver con ese sadomasoquismo que ha puesto de moda, mal comprendido y peor desarrollado. No me interesa el libro escrito por una cincuentona que parece llevar dos décadas sin follar y orientado a amas de casa con las mismas necesidades, porque no le veo ningún sentido más que el de escandalizar y humedecer conductos íntimos. Me interesaba más la visión del sexo de una de las mayores expertas en el tema, una persona cuya vida ha sido mantener relaciones sexuales en una pantalla, en grupos de dos, tres o cuatro, incluyendo sadomasoquismo real, bondage o todas las categorías que se os ocurran. Y no es porque se trate de una persona que ya ha tenido más rodaje que un autobús urbano, sino porque E. L. James habla simplemente de follar y Sasha podía dar otro punto de vista sobre cómo afecta el sexo a las personas y a las relaciones, a nuestra individualidad y a nuestra forma de ser. Quería ver los aspectos psicológicos de esa sexualidad desde un punto de vista honesto y realmente femenino, no del falso feminismo que se basa en eructar más fuerte de lo que lo ha hecho un hombre antes para demostrar que tú también puedes hacerlo.

El libro de Sasha nos habla de Catherine, una estudiante de cine que explorando su sexualidad se adentra en uno de los clubs más elitistas del mundo, La Sociedad Juliette, un club donde ricos y poderosos acuden simplemente para follar y experimentar hasta donde no lo han hecho hasta entonces. Pero al contrario que Grey, aquí es la mujer la que va buscando la iniciación por voluntad propia. Escuchamos y entendemos sus motivaciones y se establece una distinción entre amor y sexo, fidelidad e infidelidad, entre lo que es cutre y desagradable y lo que no lo es. Sasha entiende la literatura erótica tal vez como una de las pocas formas en las que las mujeres pudieron explorar su sexualidad durante mucho tiempo, una época en la que la promiscuidad parece estar bien vista en los hombres pero se censura en las mujeres. Su relato en sí es una versión de Belle De Jour, la película de Luis Buñuel donde Severine, una mujer casta y pura que vive en un matrimonio modélico acaba en un prostíbulo en su viaje para satisfacer sus emociones insatisfechas y reprimidas. El nombre Belle de Jour es el pseudónimo de Severine para esconder su identidad y que se traduciría como “Belleza del día”, que nos recuerda mucho a “plato del día” y que bien podría ser una forma describir a todas esas actrices porno que acaban sin tener un nombre propio, convirtiéndose en carnaza para el disfrute privado y tan olvidables como fáciles de desnudar con la mirada.

La literatura erótica era el lugar en el que las mujeres mandaban, donde podían explorar esa sexualidad que la sociedad les reprimía, y Catherine hace exactamente lo mismo, pasando de clubs como “La fábrica de follar” hasta ambientes más elitistas como las fiestas al más puro estilo ‘Eyes Wide Shut’, donde las máscaras y el anonimato hacen que Catherine pueda desatarse y disfrutar de lo que quiere sin miedo a las consecuencias. Pero no se trata de una novela de evasión, sino que tiene su historia y su esencia. Tiene mucho más que contar que todos los azotes en el culo de Christian Grey, y lo hace en muchas menos páginas.  Sasha habla de porno, de sumisión y de objetos tan ridículos como el taladro-vibrador, en teoría lo último para dar placer a una mujer pero, como ella señala, diseñado por un hombre. Habla de sentirse a los mandos de su propia vida y de creer que es ella quien manda sin en realidad saber que estás siendo utilizada. Habla de pornógrafos amateurs y recupera el caso de Amanda Todd, la chica que se suicidó después de que se filtrasen unas fotos íntimas suyas y sufriera un acoso injusto, por parte de esas chicas con promesas de castidad que se creen mejores por no decir en voz alta que les gusta el sexo, por mantener esa costumbre machista de prohibirlas ser abiertas, la misma que inicia Belle de Jour. No estoy diciendo que sea una obra maestra,  pero sí un libro interesante que tiene algo que contar, con muchos guiños al cine como personajes como Kubrick o escenarios que a veces parecen sacados de Ciudadano Kane, referencias a Vértigo y un triángulo sexual y peligroso como el duelo final entre El Bueno el Feo y el Malo. Una novela corta donde el sexo no es pornografía, sino una forma de conectar y explorarnos a nosotros mismos, donde los tríos no se plantean como la versión del cine X, “con un semental capaz de satisfacer a dos mujeres o dos súcubos que agobian y acosan al hombre”, sino como un conjunto de personas experimentando al mismo nivel y tal vez, obteniendo algo a cambio de ello. No sólo a nivel físico sino también a nivel personal, mientras Sasha y Catherine se preguntan cuál puede ser el precio de ir más lejos, cuánto vale la experiencia y si realmente, el sexo es el garante del equilibrio.

 IP Anónima

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  1. #1 por OVER el 2 julio, 2013 - 02:58

    Los hombres somos una plaga. pero entre paréntesis eso de ser abiertos o no con el tema sexual depende de que tan castradora sea la familia de cada uno de nosotros

  2. #2 por raulendil el 2 julio, 2013 - 16:55

    Gracias por la recomendación, me lo apunto para lectura veraniega. No he leido los libros de Grey pero estoy convencido de que este es mucho más interesante. Tampoco he consumido los productos de crepúsculo. Conozco muy pocos hombres que hayan leido 50 sombras, pero sí muchas mujeres, está claro a quien va dirigido, sinembrago, tal vez este libro, por estar escrito por una ex actriz porno, llame la atención de más hombres y a lo mejor es capaz de enseñarnos algo acerca de la sexualidad y de cómo sienten las mujeres, una asignatura que la mayoría de los hombres tenemos pendiente…. Gracias otra vez por la propuesta!

  3. #3 por Mario el 11 octubre, 2013 - 23:24

    Es el peor libro que he leído hasta hoy, no tiene una historia que sea coherente y mantenga el hilo en todo momento y se pierde en sus elucubraciones, me recuerda al monstruo de Frankenstein por estar hecho de partes mal armadas y muertas de otros libros malos.

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