‘Especial Harry Potter’ – El Príncipe Mestizo

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Cuando hablamos de adaptaciones, siempre nos surgen los mismos problemas. Por un lado tenemos la obra original, generalmente un libro, que, como en el caso que nos ocupa, supera las seiscientas páginas. En ellas hay tal cantidad de sucesos e información que cuando te planteas hacer un guión, tienes que decidir qué se queda fuera y qué no, cómo aligeras los acontecimientos y prescindes de tramas secundarias. En el caso de los dos primeros libros de la saga, las películas dirigidas por Chris Columbus lo tuvieron bastante fácil. Sin embargo, como ya ocurrió con el quinto volumen, ‘La Ordendel Fénix’, hay muchas cosas que están destinadas a no cobrar vida jamás en una pantalla de cine.

Enfilando ya la recta final de este especial sobre ‘Harry Potter’, hay que tener mucho cuidado con el texto con el que trabajamos, ya que forma un díptico indivisible junto con el último volumen, titulado ‘Las reliquias de la muerte’ y por tanto, cualquier cambio, por mínimo que sea, puede afectar al resto del relato. Pero de momento nos centramos con el sexto libro, uno de los mejores, más emocionantes, oscuros y dramáticos de la serie, que nos marca un punto y aparte en la aventura que el niño mago comenzó hace ya mucho tiempo atrás.

Es el tiempo de analizar ‘El Príncipe Mestizo’.

 

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Pero antes de entrar en materia, tengo que explicar algo interesante. Y es que como ya ocurrió antes, el libro se convirtió en una cuestión de estado desde mucho antes de que saliera. Las medidas de seguridad que lo custodiaron fueron increíbles, y cuando una librería decidió vender unos cuantos ejemplares antes del día señalado por la editorial, un juez tuvo que intervenir para prohibir que los compradores leyeran una sola página antes de lo previsto. La saga, como una maquinaria perfectamente engrasada, estaba lista para volver a la carga entre estrategias de marketing que consistían en publicar en la red fragmentos de algún capítulo y anunciar que un nuevo personaje moriría al final de este volumen. El título, que hacía referencia al “Príncipe Mestizo” sonaba hasta interesante, pero cuando salió en España, inexplicablemente el título cambió a “El misterio del príncipe”. La editorial asegura que lo hizo “para evitar la piratería”, pero si vosotros no le encontráis mucho sentido a esta explicación, tranquilos, yo tampoco.

Uno de los arranques más interesantes de la serie tiene lugar aquí, y como la historia alcanza unos niveles globales, ya no podemos tener a Harry como protagonista absoluto. Como dije antes, la estructura de “sueños y recuerdos” sigue para que cuando Harry no deba estar en un escenario, permanezca presente. Pero aquí tenemos al primer Ministro británico, (estamos en 1996, así que tiene que ser John Major), al que ponemos en contacto con Cornelius Fugde, ministro de Magia y al que parecer acaban de destituir. Presentamos un clima de caos donde los puentes se derrumban y urbanizaciones enteras quedan reducidas a escombros, lo que nos da una idea de la gravedad de la situación. Entonces, Fugde presenta a un nuevo Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, quien se hará cargo de la batalla contra Voldemort a partir de ahora.

Pero no es el único capítulo que adopta un punto de vista alejado a Harry, ya que el siguiente también lo hace. Y se trata de un capítulo potente, muy alejado del tono relajado que adoptaban los otros libros al comienzo, ya que desde el principio nos centramos en asuntos importantes y trascendentales, como por ejemplo, la lealtad de Severus Snape.

Siempre hemos desconfiado de él, y no hemos sabido muy bien dónde situarlo. Sabemos que es de los buenos, pero su pasado como mortífago, su odio hacia el padre de Harry y su aspecto de murciélago han sembrado dudas más que razonables. Pero Snape siempre se ha mantenido en una posición ambigua y abstracta, por lo que sólo era cuestión de tiempo que uno de los mortífagos lo notase, y Narcisa Malfoy, junto con Bellatrix Lestrange, acuden a él para tratar un caso que parece agobiar a la madre de Draco. Narcisa le pide a Severus que interceda por ella, ya que Voldemort parece haber encargado a Draco una peligrosa misión de la que probablemente no salga vivo.

Dicha misión parece más un acto de castigo hacia Lucius Malfoy, que fracasó en el Ministerio, que una verdadera oportunidad para Draco. Snape se compromete a ayudarlo, y para ello Bellatrix le obliga a pronunciar el Juramento Inquebrantable, un conjuro que le matará si rompe su palabra. Por tanto, Severus Snape tiene su destino ligado a la misión de Draco Malfoy, y como lector sabemos que ha llegado del momento de que su lealtad quede al descubierto para siempre.

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Más elementos que, desde el principio, nos dan a entender que esto de “ir a Hogwarts-pasar el curso-vivir una aventura” se está acabando es el tercer capítulo, en el que Dumbledore se persona en el domicilio de los Dursley para recoger a Harry, y de paso tenemos una extrañísima conversación en la que el director les recrimina a los parientes del chico el trato que ha recibido entre ellos. Lo único que pide, es que le dejen volver por última vez a su casa, donde gozará de una protección especial ya que, como dejó caer al final del quinto libro, la sangre de su madre le ofrece a Harry una protección ancestral, y la sangre de tía Petunia, al ser su hermana, es una especie de refuerzo. Esto no es más que una excusa para mantener unos personajes que, de odiosos han pasado a ser adorables, ya que Harry ha heredado el número 12 de Glimmauld Place, junto con… Kreacher.Este elfo doméstico sigue oponiéndose a ser el siervo del chico, pero como no le queda más remedio, tiene que obedecerle. Aún no somos conscientes de la importancia de este ser, y lo explicaremos más adelante. Un detalle más es que Dumbledore parece haber sufrido una herida que le ha dejado la mano derecha ennegrecida y arrugada, como muerta, pero parece no darle importancia y acto seguido le propone a Harry acompañarle en busca de la aventura, esa caprichosa seductora.

Hasta ahora no hemos tenido ningún respiro, por así decirlo. Pero esto es el libro, y teniendo en cuenta algunos de los cambios que hicieron en la película anterior, había que esperar a que ‘El Príncipe Mestizo’ se estrenase (con seis meses de retraso a última hora y que supusieron millones de dólares en concepto de pérdidas por la salida del videojuego y el merchandising) y comprobásemos cómo se había adaptado este fragmento. Y lo hicieron de la siguiente forma: Lo eliminaron por completo, y aunque ya sabía yo que no buscarían a un doble del Primer Ministro, al menos esperaba que tuvieran el detalle de introducir a Dumbledore en el hogar familiar de los Dursley, cosa que no hicieron. Se limitaron a mostrarnos la caída de un puente (que parece hecho de forma precipitada, dado lo “rígido” de los viandantes que caminan sobre el croma), el rapto de Olivander y pasamos a ver a Harry en un bar, ligando con una camarera. Pero aparece Dumbledore y le pide que le acompañe en una misión: la de ir a visitar a un antiguo profesor, Horace Slughorn, para convencerle de que regrese a Hogwarts, ya que, una vez más, hay una baja docente.

Horace parece estar escondiéndose de los mortífagos, como mucha gente, y mientras Dumbledore se ausenta para ir al lavabo (atentos a los efectos especiales que reconstruyen el salón, bastante baratillos), Horace se nos muestra como un tipo bastante ambicioso y presumido, que busca rodearse siempre de los mejores en busca de un beneficio personal. No es malvado, pero si un poco parecido a una araña que teje su red a base de alumnos brillantes y contactos de alto standing. Por supuesto, Harry le impresionará, llegando al extremo de ser la razón por la que decida volver cuando Dumbledore finge haberse rendido y sale de la casa con un ejemplar del Cosmopolitan bajo el brazo (otro detalle que haga que veamos al director como un poco alocado, tal y como siempre ha sido).

 Harry va a casa de los Weasley a pasar lo que queda de las vacaciones, y nos encontramos a Fleur (o Flegggrrr), que ha empezado a salir con uno de los hermanos Weasley. Allí veremos también las notas por primera vez en lo que va de saga (seis años, nada menos…) y sus notas hacen que Harry se deprima al saber que no cuenta con los títulos suficientes como para convertirse en Auror, cazador de magos tenebrosos. De hecho, el culpable es Snape al no concederle una calificación más alta en Pociones.

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Pero al contrario que la historia de ‘La Ordendel Fénix’, el sexto volumen recupera la historia policíaca, y se centra en personajes más que en actos. Al fin y al cabo, son gente como Harry, Draco Malfoy, Voldemort (en la sombra) o Dumbledore quienes, con sus acciones, hacen que la historia avance. A estas alturas, tienen tanto de donde tirar, tanto que explorar, que casi podrías dejarlos solos y ellos te harían el libro completo. Es el caso de Draco Malfoy, cuyo protagonismo había caído en las películas (cuestión de tiempo) y que ahora tuvo la oportunidad de lucirse y demostrar que es el que más futuro tiene de todos los chicos de la franquicia. Harry sospecha de él, y cree que le han convertido en mortífago para suplir a su padre, que se encuentra preso en Azkaban. Por supuesto, todos piensan que está exagerando, ya que su enemistad viene de largo, sin embargo, Harry no irá tan desencaminado como parece. Por una vez un libro de Harry Potter no va a acabar con una larga explicación aunque no estará carente de misterios, ya que cuando se anuncia que Slughorn será el profesor de pociones (algo extraño, ya que hemos dado por sentado que se encargaría de la asignatura maldita) Severus Snape pasa a encargarse de Defensa contra las Artes Oscuras. Visto en perspectiva, parece que Dumbledore tuvo un detalle con el personaje más amado/odiado de todos permitiéndole enseñar su asignatura favorita.

Este cambio en el profesorado propiciará que Harry pueda seguir estudiando pociones, pero para ello tendrá que coger un libro de segunda mano bastante viejo que está completamente lleno de tachaduras y anotaciones que harán mejorar su talento en clase hasta niveles extraordinarios. Ese libro, según reza una inscripción, pertenece al “Príncipe Mestizo”.

La película pasó por alto alguna trama secundaria, eliminando a Tonks y sustituyéndola por Luna Lovegood (gran fan de Lady Gaga, por lo que veo), y decidieron coger los problemas de Ron con el Quidditch de ‘La Ordendel Fénix’ y trasladarlos aquí, donde encajarán más teniendo en cuenta que las relaciones amorosas empiezan a hacer acto de horrorosa presencia. Y sí, es un poco insufrible, pero supongo que muy real cuando chicos y chicas de dieciséis años empiezan a tontear y a tener las primeras relaciones consistentes en intercambiar cantidades industriales de saliva.

Al margen de la historia de Draco, Dumbledore decide dar clases particulares a Harry en busca de conocimientos que no sólo ayudarán a conocer un poco mejor a Voldemort, sino también pueden proporcionarnos pistas para saber cómo destruirlo. Y lo harán con el ya habitual uso de recuerdos, de modo que saltaremos atrás y adelante en el tiempo, cosa que ya hicimos en libros anteriores, para presenciar una vertiente mucho más adulta, oscura y tangible, más parecida al thriller que a la novela de fantasía, donde Tom Ryddle, el hombre tras la máscara de la serpiente, se nos presenta como el último descendiente de una antigua familia, antaño poderosa, pero caída en desgracia y la ruina.

Una de las escenas que se dejaron fuera de la película está centrada en la madre de Tom Ryddle, una chica sin ningún tipo de poder mágico excepcional, torturada por su padre y humillada constantemente por su hermano, que parece tener algún tipo de problema mental. Viven en una chabola cerca de la mansión de los Ryddle, unos ricos muggles a quienes nosotros ya conocemos de sobra. La chica, Mérope Gaunt, está perdidamente enamorada del hijo de los Ryddle, cosa que su padre tolera al considerarlo poco menos que un sacrilegio que una sangre mágica tan pura y antigua se mezcle con muggles, cosa que justifica su tendencia hacia la locura, algo que aumentó en los Gaunt debido a la costumbre de casarse entre primos. Durante una muestra de su habitual soberbia, Marvolo Ryddle enseña un antiguo anillo al que parece otorgarle muchísimo valor, junto con un guardapelo que dice perteneció al propio Salazar Slytherin.

Voldemort, por lo que vamos viendo, se asemeja más a un criminal patológico que a un mago malvado sin ningún tipo de remordimiento. Proveniente de un hogar destrozado, nacido de una madre que se escapará de casa junto con el guardapelo, que vendería a precio de saldo, y que seduciría al joven Tom Ryddle a través, probablemente, de un filtro de amor para más tarde ser abandonada con un embarazo bastante avanzado. Dumbledore le encontró en un orfanato cuando alcanzó la edad para acudir a Hogwarts, y le sorprendió encontrar a un chico despierto, quizá un poco especial, pero con una veta de maldad en él. Aunque nunca le encontraron haciendo algo malo, siempre han sucedido cosas extrañas a su alrededor: misteriosos ahorcamientos de los animales de los demás niños, chicos que regresan de una excursión a la playa traumatizados… por no hablar, algo muy curioso, de un afán por el coleccionismo, guardando trofeos de sus fechorías, lo que le coloca en el perfil típico de un asesino en serie. Aunque de momento, el niño Ryddle sólo ha robado pertenencias a sus compañeros de dormitorio, este detalle será crucial en la lucha contra él. La película aligeró el pasado de Voldemort, cosa que me parecería comprensible si no hubiesen usado esos minutos del metraje para inventarse escenas como un ataque a casa de los Weasley que no viene a cuento y que parece no ser más que una excusa para remarcarnos lo pobres y desgraciados que son ya y, por tanto, lo malvados que son los mortífagos.  

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Pero regresando a Hogwarts, sentimos que hay frases que rescatar del film y que hacen referencia a la importancia de los personajes, que son quienes están llevando el peso de esta historia.

“Hubo una vez un joven, como vosotros que se sentó en este mismo comedor, caminó por sus pasillos y durmió bajo su techo. A los ojos del mundo parecía un alumno como otro cualquiera. Su nombre: Tom Ryddle. Hoy, claro está, el mundo le conoce por otro nombre, y esa es la razón por la cual ahora que os tengo todos aquí, quiero recordaros algo de suma importancia. Cada día, cada hora, quizás en este mismo instante, fuerzas oscuras intentan penetrar los muros de este castillo, y su arma más peligrosa, sois vosotros.“

Pero, por alguna razón, en los últimos tiempos películas y series de televisión se han especializado en crear personajes carismáticos y con gran cantidad de matices, de modo que cuando toca que la historia avance a través de dos ataques a los alumnos del colegio, sentimos que ha quedado un poco flojo en comparación. La película fluye mejor cuando tiene que centrarse en alguien en concreto, en miradas y sentimientos (para lo que es muy importante la labor de buenos actores, como el humor de la fiesta de Horace) que cuando ha de preocuparse del devenir de los acontecimientos. Las escenas realmente buenas, como la del pájaro enjaulado, y donde vemos un símil de un Draco Malfoy frágil y quizá hasta puro en cierto grado, sin escapatoria posible (impagable la lástima que el matón del colegio te da en la escena del Sectumsempra), contrastan con lo flojas de los ataques a los alumnos, o lo mecánico de los recuerdos de Voldemort.

Recuerdos que, por cierto, siguen dándonos a entender que esa obsesión por los trofeos y el coleccionismo puede ser vital para su destrucción. Él, un chico completamente ordinario y con unos deseos voraces de ser único y especial, necesitaba reafirmar su posición como alguien grande y por encima de todos los demás. Por ello, cuando descubrió una de las técnicas de magia más oscuras que se conocen, no tardó en aplicar esta costumbre. Según los recuerdos de Horace Slughorn, Tom Ryddle ya se mostraba deseoso de vivir para siempre, de modo que se interesó por los Horrocruxes, que consisten en objetos donde una persona puede esconder una parte de su alma, protegiéndolo así de cualquier ataque, volviéndole inmortal. Para desgarrar el alma, Tom debe hacer algo considerado antinatural, cometer un asesinato. Y como podremos ver, lo llevará a cabo en varias ocasiones, haciéndose con objetos y reliquias que tienen algún tipo de elevada posición y estatus dentro de la comunidad mágica. Tras recuperar el guardapelo que perteneció a su madre, y el anillo que tuvo su abuelo, asesinó a su familia paterna.

Además, en el último curso de Hogwarts, creó el primer Horrocrux, un experimento del que nosotros ya hemos oído hablar: un diario. En él, Tom se conservaba como algo más fuerte que un recuerdo, algo que podía pensar por sí mismo y que era capaz de influir en las personas. Su destrucción, ocurrida cuatro años atrás, fue un varapalo para el señor oscuro, y también un grave error para Lucius Malfoy, quien no sabía realmente con qué estaba tratando.

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Así, acontecimientos ocurridos en “La cámara secreta” parecen tener un poco más de importancia, pese a que muchos lo han visto como el libro más flojo de la saga y un poco alejado del resto. Por lo tanto, ahora sabemos que hay que para destruir al enemigo, primero hay que deshacerse de los Horrocruxes. Y eso nos abre una serie de nuevos interrogantes como cuántos son, qué aspecto tienen y dónde están. Y para eso es fundamental que Harry se haga con un recuerdo del profesor Horace, algo de lo que parece avergonzarse de haber hecho y que ha modificado en su memoria. Allí es probable que encuentre la respuesta. La escena donde Horace habla de la madre de Harry es un añadido de guión, bonito y triste, y allí es donde descubrimos cuántos Horrocruxes planeaba hacer Voldemort. Siete. El número siete siempre ha tenido una importancia vital en la magia, la hechicería y el vudú, y no deja de ser curioso que siete sean los cursos del colegio  Hogwarts, y que siete sean también los libros de la serie.

Entonces, aligerándolo todo, entendemos que el diario de Tom Ryddle ya no existe, eliminando uno de ellos. Por otra parte, el anillo que fue propiedad de la familia de Voldemort, también ha sido destruido a un alto precio, ya que es el responsable de la mano ennegrecida de Dumbledore. Junto con la serpiente gigante que siempre acompaña a Voldemort, ya hacen tres. Con el alma que reside dentro del cuerpo reconstruido de Voldemort, cuatro, y es probable que Dumbledore haya encontrado otro, y esta vez, le permita a Harry acompañarlo.

El viaje a una misteriosa cueva, donde encontramos una isla en mitad de un lago subterráneo donde parece haber escondido un Horrocrux, puede ser la mejor parte de la película, y también la más fiel al libro. Vemos que el Horrocrux está protegido por una poción que es incapaz de eliminarse o trasvasarse, de modo que la única forma de destruirla es… bebiéndola. La poción puede tener cualquier efecto, y Dumbledore le hace a Harry prometerle que le obligará a seguir bebiendo pase lo que pase. Es curioso, ya que la poción parece hacer un gran daño mental a quien la ingiere, haciéndole recordar o alucinar con episodios desagradables. En cualquier caso, mientras Harry insiste una y otra vez en hacerle beber, nos preguntamos qué pasa por la cabeza del director mientras, grita, llora, gime y se lamenta en voz alta, presa de un miedo y remordimiento atroces. No será la primera vez que pensemos que no conocemos a ese hombre, ni tampoco la última. Al final, consiguen el guardapelo, escapando de milagro de una de las trampas de Voldemort, consistente en un ejército de muertos vivientes que emerge del agua que rodea a la isla, y ponen rumbo al colegio.

Y aquí, sé que hay muchos (entre otros mi compañera Karelia) que se echan las manos a la cabeza por los cambios hechos en el film. Y es que mientras Harry y Dumbledore estaban fuera, algo parece haber sucedido en el castillo. Los mortífagos han irrumpido y están destruyéndolo todo, y cuando llegan a la torre de astronomía, alguien parece estar allí esperándolos: Draco Malfoy. Justo cuando Draco entra, Dumbledore paraliza a Harry, que permanece oculto, pero este gesto que busca protegerle elimina cualquier posibilidad del director de defenderse. Dumbledore habla con Malfoy, diciéndole que sabe lo que tiene que hacer,  que conoció, (al menos en la película) “a un niño que se equivocó en todas sus decisiones” Y que él no es ningún asesino. Somos conscientes de que no es lo mismo ser un crío presumido, rico y pomposo, que lo que Voldemort pretende que sea. Pero cuando está bajando la varita, aparecen los mortífagos y siguen insistiendo para que lo mate. Es en ese momento cuando la dualidad y ambigüedad es Snape quedan al descubierto. Me gusta cuando Snape se encuentra con Harry y le pide que guarde silencio, cosa que no ocurre en el libro, y lo patético que parece Dumbledore en la novela, tumbado en el suelo y, al parecer, pidiéndole a Severus que haga algo, “por favor”. Snape, con una expresión de asco intenso, mata a Dumbledore frente a la atónita mirada de Harry y se lleva a Malfoy de allí. Un equilibrio entre los acontecimientos del libro y esos pequeños añadidos hubiesen mejorado muchísimo el resultado final.

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Lo que a muchos les reconcome es que la batalla de Hogwarts ha desaparecido (sólo hay un Auror un poco perdido que salta por los aires) y los pasillos parecen estar vacíos. Esto no es sorprendente, ya que las películas de Yates son tremendamente baratas, y aquí han decidido ahorrarse millones de dólares adoptando un tono crepuscular que dice mucho de la situación que se vive en ese momento. Draco, sacado a rastras del colegio, seguramente se sienta igual que el castillo cuando Bellatrix destruye parte del gran comedor, y todas las velas se apagan agitadas por el viento. Es la oscuridad que se impone sobre la luz, el adiós definitivo a la infancia, una de las reglas del género fantástico que dice que el maestro debe morir antes de que el discípulo lleve a cabo la misión.

Y mientras la película pasa por alto el funeral del mago más grande de todos los tiempos, averiguamos que el Horrocrux, un guardapelo, es falso. Alguien lo cambió hace tiempo y dejó una nota, un mensaje para el señor oscuro, donde dice que lo destruirá en cuanto tenga ocasión. Más preguntas, y por una vez, ni a Harry ni a sus amigos le importan. Sólo saben que hay mucho camino por delante, muchos misterios, y en esta ocasión no tendrán la mano salvadora de Dumbledore para ayudarlos si las cosas se ponen feas. Lily, James, Sirius y ahora el director, todos han ido cayendo para proteger a Harry de la ira de un enemigo despiadado, cruel y a todas luces, invencible. Pero ya no queda nadie que muera por defenderlos, de modo que, cumpliendo con la misión de Dumbledore, deberán encontrar los demás Horrocruxes y destruirlos, para finalmente enfrentarse al propio Lord Voldemort y acabar con él también. Se acabaron las clases, se acabó el ambiente protector de Hogwarts, y hay mucho por hacer, y tan difícil de conseguir, que nos sorprende que sólo quede un libro, uno nada más, antes de que todo acabe.

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  1. #1 por Vaskita el 24 septiembre, 2011 - 16:22

    La peor y con diferencia. No nos explican casi nada de los Horrocruxes. De hecho, quien no se leyó el libro salía del cine sin entender una mierda. El final es un sacrilegio: ni batalla de Hogwarts, ni Harry inmovilizado (¿Harry paradito sin hacer nada?), ni el funeral,… Mucha tontería con los insufribles romances adolescentes, pero las historias más profundas como la de Lupin y Tonks o Fred y Bill en la genial escena en la enfermería no aparecen. Y para colmo un spoiler en toda regla. Vamos que no hay que ser una lumbrera para ver que Snape no es lo que parece, no hay más que ver su cara después de matar a Dumbly… joer si mi hermana que no se leyó los libros me insistía en que era bueno, aunque yo se lo negase.
    Un bodrio, aunque la fotografía es muy buena y Tom Felton da una lección de interpretación a sus jóvenes compañeros.

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