‘Pistoleros de agua dulce’ – “Si los ruiseñores cantaran como túuuuu”

Tras las adaptaciones cinematográficas de las obras teatrales The Cocoanuts (Los cuatro cocos) y Animal Crackers (El conflicto de los hermanos Marx), había llegado el momento de confeccionar un guión original para que los Marx continuaran desplegando su exitoso humor. De la mano de los guionistas S. J. Perelman, Will B. Johnstone y Arthur Sheekman y bajo la dirección de Norman McLeod nació Pistoleros de agua dulce (Monkey Business).

Chico, Harpo, Groucho y Zeppo son cuatro polizones que, escondidos en cuatro barriles de arenques, viajan de balde en un lujoso trasatlántico con destino a Estados Unidos. En él también se encuentran Joe Helton (un mafioso multimillonario) junto a su hija Mary y Alky Briggs y su esposa Lucille (Thelma Todd), otro mafioso que pretende entrar en la banda de Helton cueste lo que cueste. Por circunstancias, a cual más ilógicas, Groucho y Zeppo se convierten en los matones de Briggs y Chico y Harpo en los guardaespaldas de Helton dando lugar a una serie de equívocos que aumentarán cuando Zeppo y Mary se enamoren y cuando esta última sea secuestrada por Briggs.

La primera película con guión cinematográfico propiamente dicho muestra algunas diferencias sustanciales con sus dos cintas anteriores. La más obvia es que desaparece la figura de la viuda rica interpretada por Margaret Dumont, pero además el personaje de enamorado corre a cargo de Zeppo cuyo protagonismo aumenta (ligeramente) en comparación con sus papeles más que secundarios en Los cuatro cocos y El conflicto de los hermanos Marx. Otra novedad que observamos en Pistoleros de agua dulce es que los números musicales, a excepción de los habituales de Chico y Harpo, brillan por su ausencia.

Si normalmente las canciones y/o bailes de turno tienden a convertirse en “puntos negros” de la trama que interrumpen el ritmo frenético de las comedias de los Marx (con las brillantísimas excepciones de Sopa de ganso y Una noche en la ópera), la citada ausencia de ellos no revierte en mejorar un argumento tan caótico como el que presenta esta película. Pero claro, ¿qué es lo que realmente nos interesa ver en un film protagonizado por los hermanos? Creo que no es necesario responder…

Chico, Harpo y Groucho encadenan gamberrada tras gamberrada regalándonos escenas antológicas que nos demuestran que el trío está en plena forma y con hambre de comerse las taquillas de medio mundo. Explotan todas las posibilidades cómicas que se les plantean y es imposible reprimir una carcajada cada vez que uno de ellos (o dos o los tres) aparecen en la pantalla.

No sé si la poca disciplinada dirección de McLeod influyó decisivamente en este aspecto, pero informaciones de la época constatan que los hermanos conectaron mucho mejor con él que con el más autoritario Victor Heerman (ya sabéis, el de las jaulas). Existe una leyenda según la cual durante el rodaje de Plumas de caballo, cuarta película de los Marx y segunda dirigida por McLeod, los hermanos consiguieron quitarle los pantalones al director y luego se pasearon por el plató agitándolos para que todo el mundo fuera testigo de la gamberrada.

Creo que otro de los aciertos de Pistoleros de agua dulce fue el fichaje de la actriz Thelma Todd que siempre consigue seducir al incontrolable de Groucho con su sola presencia. El hermoso rostro de la Todd surcado por una sonrisilla maliciosa despierta los más bajos (y divertidos instintos) de su partenaire y es innegable la química existente entre los dos. Rubia, guapa y con unas curvas de escándalo (era conocida como “The Ice Cream Blonde” o “Hot Toddy”), también coprotagonizó Plumas de caballo y probablemente su prematura y trágica muerte (de la que hablaremos en un próximo post) truncó alguna que otra colaboración con los hermanos en ese papel de vampiresa que tan bien se le daba.

Pero esa femme fatale rubia platino no es la única novedad, sino que el bueno de Sam Marx realiza un breve cameo. Si observáis la foto que os adjunto a continuación, podréis localizarlo detrás de su hijo Harpo. Además, incluyo la delirante escena de la aduana con los hermanos intentando imitar (inútilmente) a Maurice Chevalier que termina en el puerto donde es fácil distinguir a un sonriente Frenchy sentado sobre unas maletas.

En definitiva y analizada desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, la película hace aguas (nunca mejor dicho) por casi todos lados, pero este handicap se suple por la arrolladora fuerza cómica de Chico, Harpo y Groucho (especialmente inspirado). Las pruebas de esta afirmación, aquí abajo:

. Pobre Capitán…

. Compartir mesa con Groucho y Chico requiere una gran dosis de paciencia.

. Harpo y su famoso “Gookie”.

. Fantástica Thelma, hilarante Groucho.

. La verborrea de Groucho no deja títere con cabeza.

. La frase de Groucho sobre las “mujeres frías” no gustó demasiado a la censura estadounidense.

. Lo que da de sí un dólar…

         

 . Groucho desplegando sus dotes de conquistador y de bailarín…

Para ver la ficha de la película, pincha aquí.

Briony 

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  1. #1 por aguilar el 8 septiembre, 2011 - 23:34

    Es cierto que los números musicales entorpecen la trama de las películas de los Marx: siempre es la parte que más he detestado de estas películas que, por lo demás, me encantan.
    Excelente trabajo con las reseñas de las películas.

  1. ‘Pistoleros de agua dulce’ « Tierra de CINÉfagos
  2. Los Hermanos Marx VIII – El cine y la radio « Tierra de CINÉfagos

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