‘Betty Anne Waters’ – Una oportunidad desperdiciada

Lo que más me atraía de Betty Anne Waters (2010) era esa fabulosa reunión de actores que considero más que solventes (Hilary Swank, Sam Rockwell y Melissa Leo) y de otros a los que hacía tiempo no veía en pantalla (Minnie Driver y Juliette Lewis). Una película que contaba con semejante reparto podía ser todo menos mala y sí, mala no es, pero dista mucho de poder considerarla una buena película.

Betty Anne Waters es una mujer divorciada y con dos hijos adolescentes que estudia derecho con la esperanza de poder convertirse en la abogada de su hermano Kenny, acusado de un asesinato que no cometió, y sacarlo de la cárcel en la que está cumpliendo cadena perpetua.

Lo más curioso es que el planteamiento inicial de esa historia basada en hechos reales (detalle anunciado convenientemente en los títulos de crédito que abren el film) tiene cierta pátina de cine independiente que promete sacar partido a lo que se nos va a contar. Los distintos flashbacks a través de los cuáles conocemos cómo se produjo la detención y posterior juicio de Kenny o en los que vemos a dos hermanos que deben sufrir una dura infancia en un hogar totalmente desestructurado son lo mejor de toda la cinta. La pena es que todo ello dura poco.

No sé por qué, pero irremisiblemente el film va derivando hacia lo previsible y políticamente correcto hasta que llega un punto en el que sólo le falta que le coloquen el prefijo “tele” delante para definir el tono que adquiere la historia contada por Tony Goldwyn. Sin embargo, la destacable actuación de la Swank (eso sí, siempre lejos de su soberbio trabajo en Boys don’t cry) y, sobre todo, del sobresaliente Sam Rockwell (qué maravilla de actor y qué desperdiciado está) la salvan de la quema.

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de revisionar En el nombre del padre en la que (también) se nos contaba una historia real y en este caso era la de Gerry Conlon que pasó 15 años de su vida en prisión por un delito que no había cometido. En la película de Jim Sheridan no fue una abnegada hermana la que consiguió demostrar la inocencia de su cliente, pero la forma de relatarnos tal injusticia es totalmente opuesta a la que escoge el amigro cabroncete de Ghost ahora director. Mientras Sheridan arremetía, con honesta crudeza, contra todas las miserias del sistema político-judicial-policial británico y, además, nos brindaba un profundo retrato de los protagonistas, Goldwyn y el guión de Pamela Gray optan por pasar casi de soslayo por ambos aspectos convirtiendo a Betty Anne Waters en un pastiche construido para conseguir “una película muy seria”, pero que más bien parece un cóctel cuyos ingredientes son uno de los reportajes del canal Crimen & Investigación y un telefilm de sobremesa.

Claro que es digna de admiración el empeño y la determinación de Betty Anne que, a lo Erin Brockovich, se convierte en un ejemplo de superación y claro que es loable que consiguiera demostrar la inocencia de su hermano (tras 18 años), pero después poco interesa fustigar a todos aquellos (policías, jueces, fiscales, testigos) que contribuyeron a encarcelarlo y se prefiere dedicarles unas breves líneas en los títulos de crédito finales. Con lo bien que le hubiera ido a la cinta un poquito de mala leche y menos sentimentalismo…

Y justo es reconocer que, al menos, se huye muy mucho de lo sensiblero (la contenida música de Paul Cantelon y el buen hacer de sus intérpretes contribuyen a ello de forma notable), pero se roza en muchos momentos lo empalogoso, lo repetitivo y lo inverosímil. Basta ver, en este último caso, a la gran Melissa Leo sacando un arma en su papel de agente de policía, escena ante la que no pude evitar soltar una carcajada.

Betty Anne Waters no aporta nada que no se haya visto una y mil veces, es superficial, plagada de topicazos y de lugares comunes y con algún injustificable error de raccord como es el que se puede observar en el cambio físico experimentado por la mayor parte de los personajes (recordemos que pasan 18 años) ante el que es inmune la protagonista que parece haber utilizado kilos de crema antienvejecimiento.

Comentar, finalmente, las apariciones de Minnie Driver como la “imprescindible” amiga de la protagonista y su apoyo más incondional. Qué gran escena esa en la que, tras cinco minutos de conversación, Betty Anne ya le cuenta algo tan íntimo como el tema de su hermano. Ah, y no quiero olvidarme de la casi desaparecida Juliette Lewis que, más interesada en su carrera musical, vuelve con un breve papel al mundo del cine.

En fin, película para pasar el rato disfrutando el fresquito del cine. Poco más.

 

Para ver la ficha de la película, pincha aquí.

 

Briony 

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  1. #1 por J. Abel el 17 julio, 2011 - 06:50

    Sinceramente lamento no coincidir. Hay lugar en el cine para cintas como ‘En el nombre del Padre’ y ‘Pena de Muerte’ (con Sean Penn) en la medida en que está justificado hacer conciencia sobre las realidades y la crudeza de las injusticias de ciertos sistemas políticos-judiciales-policiales. Con ‘Betty Anne Waters’ encuentro viable la sencillez y la relativa ausencia de pesado dramatismo: conocemos las circunstancias de un individuo relativamente anónimo y se retratan las inequidades y las debilidades de un sistema de justicia imperfecto. Cobra primer plano la convicción (‘Convicción’ y/o ‘Condena’, según se lea su título en el idioma original) de la protagonista sobre la inocencia de su hermano, en contraste al dramatismo y la auto-importancia – justificados o no – de las otras. ‘Betty Anne Waters’ mantenie la perspectiva sobre la privación de los derechos del presidiario como asunto de trascendencia social, menos así política. Para volver a experimentar ‘En el Nombre del Padre’ y ‘Pena de Muerte’ tendré que hacerme acompañar de una botella de escocés. No es necesario hacerlo con ‘Betty Anne Waters’ – sin temer que estoy comprometiendo mis convicciones. Disfruté confirmar la versatilidad de Sam Rockwell.

  1. Betty Anne Waters « Tierra de CINÉfagos
  2. ‘Betty Anne Waters’ « cineycerveza

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