‘La Montaña Sagrada’ – Imágenes en mi retina

En el cine, como casi en todas las ramas de lo que nosotros llamamos arte, el surrealismo es escéptico, es decir, no lo tomamos demasiado en serio, es misterioso, y, pese a saber que está ahí, algo que parece carecer de sentido es destinado a carecer de efecto. Pero tiene sentido. Mucho a veces. Otra cosa, como dijo el enorme Dalí, es que no sepamos cuál. Albert Hofmann tuvo la brillante idea un 19 de abril del año 1943 de salir con su bicicleta tras haber ingerido 250 µg, una cantidad que consideró inofensiva, de dietilamida de ácido lisérgico, LSD-25 o como se conoce más popularmente LSD, un compuesto que el mismo químico suizo había sintetizado por primera vez de forma experimental hacía unos años. El resultado fue desastroso, casi le da un infarto, descubrió los efectos de la droga más potente y más demandada de la década de los 60 casi veinte años antes. Tras haberse usado con uso clínico, la droga pululaba por las calles estadounidenses, en una época de guerras lejanas y de rebeldía por parte de la juventud, con el movimiento hippie, que estalló con el surrealista efecto experimental del LSD, ilegalizada poco tiempo después de forma absoluta junto con el cannabis. Su impactó fue enorme, marcando a una generación que despegaba las alas renovándose, un ave fénix que cambiaría el mundo tras años de decadencia. Y a Alejandro Jodorowsky le pilló con 30 años todo esto, en plena juventud y apogeo. Qué duda cabe que es uno de los artistas más valiosos que quedan en pie.

Este octogenario chileno, de orígenes judío-ucraniano, ha realizado casi de todo, se le considera escritor, dramaturgo, actor, poeta, director teatral, director de cine, guionista de cine, compositor, escultor y escenógrafo, guionista de cómics, dibujante y autor de “Fabulas Pánicas”, tarotista, mimo, psicoterapeuta y psicomagoFernando Arrabal, con quién había fundado el Movimiento Pánico, vería realizada su obra de teatro  Fando y Lis‘, la historia de una pareja de novios en busca de la ciudad simbólica de Tar, donde todos encontrarán la paz y la alegría, aunque deben enfrentar ciertas pruebas que se les atraviesan en el camino en clara alegoría al mito de la caverna platónica, transformada en film por Alejandro en 1967, que ya en ese entonces llamaría la atención, siendo casi atacado el director a la salida de la presentación de su película. Poco después llegaría ‘El Topo‘ (id, 1970), un western inclasificable, lleno de simbolismo cristiano, filosofía y rarezas, donde el sentido de la vida es la clave para desenvolver todo el entramado de situaciones guionizadas por Jodorowsky, creador de sus historias. El joven director conseguiría relevancia internacional con el film, llamando la atención al propio John Lennon, que a través de su representante Allen Klein, le propuso financiar y distribuir parte de su próximo film, ‘La Montaña Sagrada‘ (The Holy Mountain, 1973), rodada en inglés y, dícese de paso, con gran ambición y valentía.

El simbolismo de la película es su valor intrínseco y extrínseco. No hay nada en el argumento que sea lineal salvo los últimos minutos.  Dos mujeres son rapadas a manos de un misterioso alquimista. El gusano se convierte en mariposa tras haber estado en letargo. Un ladrón, que antes había sido casi apedreado, sirve como modelo para fabricar Jesucristos en una tienda donde se venden Jesucristos de cartón-piedra. La llegada de los europeos a las inexploradas regiones de Sudamérica es representada por sapos y lagartos. Los excrementos pueden ser convertidos en oro. Una puta puede enamorarse y seguir al hombre que ama hasta la muerte. Se puede llegar a ser inmortal desprendiéndote de tu humanidad y sabiendo cómo llegar y dónde está la Montaña Sagrada. Hay que un ser colectivo para conocer el sentido vital. Estas son algunas de las escenas esotéricas y mensajes de la película y de los protagonistas, si es que hay alguno. George Harrison, que figura como productor del film, tuvo en sus manos el papel protagonista del ladrón, pero lo rechazó porque tendría que haber enseñado un primer plano de su ano. Exigencias del guión, supongo. Hasta ahí llega el poder de Jodorowsky para contar la historia. No duda en desvelar un cuerpo desnudo de forma hedonista o a representar metafóricamente las distintas partes del entramado social que nos envuelve y que nos dice qué pensar y qué sentir. Criticarlos y masacrarlos directamente, señalándolos con un dedo amenazante. Sin embargo, el largometraje no fue difundido abiertamente, se presentó en algunos festivales y el tiempo se ha ocupado de darle el valor que se merece. Posteriormente el director degustaría el sabor de la derrota con la frustrada adaptación de Dune‘, quizás pecando de ambicioso, pero que seguramente habría sido un antes y un después en el cine de haberse realizado.


El eneagrama de la personalidad, ideado a partir del sufismo por Georges Gurdjieff y desarrollado por el peruano Óscar Ichazo (consultor de Jodorowsky durante la escritura del guión del film) y el chileno Claudio Naranjo, está presente en cada uno de los nueve personajes, cada uno de un planeta distinto, que realizan la búsqueda de la inmortalidad, que llegará cuando escalen la montaña sagrada. Deben desprenderse de su dinero, de su cuerpo, de su pasado y de sus ilusiones. Ser libre de pensamiento y de ataduras al ser propio, ver más allá de tu ser egoísta. Todos verán imágenes de muerte antes de llegar a la cima, pasando por el carismático bar Pantheon, donde se esconden los que no han llegado a alcanzar la montaña y creen saber lo que significa, incluso uno de ellos la ha atravesado horizontalmente y no verticalmente. Más vale maña que fuerza. Ellos llegan, menos el ladrón que se ha ido con la puta enamorada de él desde el principio. Y allí no les espera nada. Ellos son más humanos que nunca en ese momento, pero lo que viven no es la realidad.

Es una película. El alquimista o Alejandro Jodorowsky le pide a la cámara que se aleje.  Ésta se aleja desvelando que todo es falso, ellos son actores y las cámaras los están filmando. El personaje se revela, mirando directamente al espectador, contra su no-existencia, como ya pasaba en la nivola ‘Niebla’ de Miguel de Unamuno.

Para leer la ficha de la película, pincha aqui

Zeore

  1. ‘La Montaña Sagrada’ « Tierra de CINÉfagos

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