Sobre Takeshi Kitano, su humor, su violencia, y el porqué de la peculiar estructura de sus películas

Es de sobra conocido el hecho de que Takeshi Kitano comenzó muy tarde en el cine, con una exitosa carrera ya muy avanzada y, a pesar de eso, curiosamente es en el cine donde cosechó sus mayores éxitos y adquirió la fama mundial que actualmente le precede. Antes de comenzar como cineasta, el japonés había triunfado en dos diferentes programas de TV: su dúo cómico ‘Two Beat’ y su creación televisiva ‘Takeshi’s Castle’ (‘Humor Amarillo’ en España), que marcarían profundamente su cine, cuyos análisis revelarán una evolución casi inexistente en su comedia a lo largo de toda su carrera.

‘Two Beat’ era una actuación con gags disparatados y a veces desagradables, donde representaba a un hombre malhumorado y payaso que atacaba y criticaba a todo el mundo. Takeshi y su compañero practicaban un humor estúpido, soez y violento, donde las personas eran ridiculizadas. Aunque ellos eran los protagonistas y narradores de las bromas (estructuradas en gags), el verdadero eje central de su humor eran las personas de las que se reían y se burlaban; Kitano trataba a la gente como seres ingenuos y estúpidos, y utilizaba su posición superior y dominante para poder humillarlos.

En ‘Takeshi’s Castle’ esto no cambió. La única diferencia fue el formato. Los espectadores pasaron de ver a Takeshi como protagonista y narrador a tenerlo tan solo como narrador indirecto (el jefe del castillo). Los ficcionados gags ridículos de ‘Two Beat’ se transformaron en las pruebas ridículas que tenían que superar los concursantes de ‘Takeshi’s Castle’, y las personas de las que hablaba Takeshi para humillarlas en su dúo cómico se convirtieron en protagonistas reales de esas pruebas humillantes.

Aunque parezca lo contrario, este tipo de humor contemplativo de ‘Two Beat’ y ‘Takeshi’s Castle’ (ver cómo Takeshi ridiculiza a personas como nosotros) no se basa en el disfrute por el dolor de la persona humillada, sino en vernos reflejados en esa persona y reírnos de nosotros mismos, aceptando la condición de simple humano, torpe y ridículo; la risa proviene de la interiorización del propio espectador con el concursante y su relación con ese tipo de situaciones en su día a día.

Teniendo esto en cuenta, es fácil deducir que el humor de Takeshi Kitano tiene una fórmula muy utilizada a lo largo de la historia: la del payaso de circo (que también está muy presente directa e indirectamente en su obra cinematográfica, al igual que el teatro kabuki). En el cine, precedentes como Charles Chaplin o Buster Keaton son algunos de sus referentes indiscutibles. Continuamente el japonés los toma como modelo para sus personajes, tanto en forma como en fondo. Estos maestros de la comedia también desarrollaban narrativamente a sus personajes a través de gags en los que, debido en gran parte a las limitaciones del cine mudo, los mecanismos de la comedia se articulaban de forma excesivamente visual, con mucha simplicidad y con dosis de expresionismo y surrealismo. Es por eso que las tramas de las películas de Takeshi se desarrollan como estas pequeñas piezas (y lo mismo sucede con ‘Two Beat’ y ‘Takeshi’s Castle’).

En su obra, sin irnos a ejemplos tan claros y singulares como su película ‘Getting Any?’, podemos observar en, por ejemplo, ‘El verano de Kikujiro’, una narración fracturada en pequeñas aventuras que en su mayoría funcionan como gags cómicos; incluso aparecen continuamente carteles premonitorios que van separando cada una de las partes del film (como pasaba en ‘Takeshi’s Castle’). Si nos fijamos en su estructura, eso mismo ocurre en películas menos amables como ‘Hana-bi’ o ‘Zatoichi’. En ‘Hana-bi’, su película más personal, Takeshi divide la narración en varias historias, las desordena temporalmente y las vuelve a fracturar otra vez; en ‘Zatoichi’ el protagonista (un masajista ciego) se mueve entre aventurillas (pruebas al estilo ‘Takeshi’s Castle’) a la vez que esa narración se entremezcla con piezas de “las pruebas” de otros personajes, gags cómicos (el vecino subnormal) y ráfagas videocliperas.

En la comedia de Chaplin, de Keaton, o incluso del propio Kitano, la fórmula para el humor consistía en mezclar caídas, golpes, peleas, insultos, etc. (humillación), con personajes perdidos, ingenuos y ridículos. Teniendo en cuenta esto, es curioso observar cómo la violencia, fundamental en la filmografía de Kitano, todavía no estaba presente en sus anteriores creaciones (‘Two Beat’ y ‘Takeshi’s Castle’); simplemente acompañaba de forma innata al acto de humillación y no aparecía más que en el proceso del gag como tal, solamente como detonante de la acción y no como mensaje, sin el simbolismo metafórico que tiene en el cine y que más tarde cultivaría.

Como hemos visto, antes de dirigir películas, Takeshi también se basaba en estructuras sencillas que buscaban la esencia de la comedia. Esto es, estructuras de corta duración (gags o pruebas), que daban pie a muchos tipos de contextos diferentes, donde uno o varios personajes eran humillados por otros. En el cine de Takeshi esas estructuras siguen siendo imprescindibles para la construcción del relato. Sin embargo, sus creaciones cinematográficas difieren de sus anteriores trabajos y de los trabajos de los maestros del cine mudo en cuanto al contenido; ya no son obras que se mueven solamente en el género cómico, ni utilizan la comedia como base, sino que son dramas y tragedias que la utilizan como recurso (en la mayoría de las ocasiones con un fondo oscuro). Es por tanto interesante observar cómo el humor funciona tan bien en su cine convirtiéndose en una de sus huellas de enunciación más características; y es aquí cuando entendemos que aunque, como hemos visto anteriormente, la forma de su comedia es siempre la misma, la esencia es completamente distinta. Cuando el humor entra en juego en los dramas de Kitano lo hace por una razón: trivializar la tragedia. Quizás es cierto que si escarbamos muy profundo en la filosofía de los trabajos anteriores de Takeshi (‘Two Beat’ y ‘Takeshi’s Castle’) podemos apreciar esa esencia en su humor, pero ni comparación tiene con su fuerza en el cine. Por decirlo de alguna manera, su cine es más completo y serio.

Del mismo modo que en el cine el humor de Takeshi adquiere otras connotaciones, su representación también cambia, y entra en juego la violencia en su forma más explícita (otro de los puntos clave de su filmografía).

En ‘Violent Cop’, una de sus obras más violentas, cada vez que aparece un gag cómico este termina de una de estas dos maneras: de forma surreal o de forma violenta. Por ejemplo, cuando la banda de criminales secuestra a la hermana del protagonista y juegan con ella de forma cómica, el humor funciona como mecanismo dramático, terminando con la violación o la pelea de los personajes, para enfatizar ese recurso.

En ‘Hana-bi’ ocurre lo mismo: todos los gags cómicos acaban de forma violenta. Un ejemplo de esto es el dueño del taller de chatarra que destroza el coche a un pobre hombre y luego se vuelve a encontrar con él y le pega una paliza (con la violencia esta vez en off, uno de los principales recursos de Takeshi). Otro ejemplo aparece cuando el personaje interpretado por Kitano coge la pelota de Baseball de unos chicos y se la tira muy lejos y se la pierde, o en la maravillosa secuencia final, donde el mismo personaje coge la cometa de una niña y se la destroza.

En ‘El verano de Kikujiro’ podemos ver esos ejemplos con el personaje de Takeshi “cayéndose por las escaleras”, pinchando la rueda de un coche que se cae por un barranco, o enfrentándose a un camionero.

Pero una de las películas que mejor captan la esencia de esta “violencia humorística” es ‘Zatoichi’, sobre todo con el significado de su gag final. Cuando el masajista ciego tropieza con una piedra de camino a casa, tras matar a todos los malos (y mostrando que tiene ojos y que puede ver), se cae al suelo y dice “-Aunque abriese los ojos, no veía absolutamente nada”. Esa afirmación destroza la posición de héroe que alcanzó Zatoichi hasta ese momento de la película y se burla de la esencia propia del relato. Es un final que abre un debate sobre la seriedad de las cosas, la pretensión y, sobre todo, la esencia del humor.

 

ZachTriunff

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  1. #1 por plared el 16 junio, 2011 - 04:26

    La verdad es que a zatoichi, nunca le encontre la gracia. Pero tanto hana bi como dolls, me parecen dos obras de arte totalmente magicas. Un director de alguna forma maldito, que entusiasma o aburre a las ovejas sin termino medio.Pero un genio sin duda.

    Por cierto a estas dos peliculas les dedique una reseña, critica o como carajo quieran llamarlo. La verdad es que son las dos que menos han visitado del pequeño blog que tengo

  2. #3 por Darius Palas el 16 junio, 2011 - 08:29

    Muchas gracias, un artículo muy interesante, hace tiempo lei que kitano tuvo un accidente de trafico (de ahí ese aspecto tan particular de su cara) y eso influyó en su forma de ver la vida, igual se puede ver un cambio en la forma de ver la vida en general, porque SPOILER la mayoría de las películas, por no decir todas acaban con la muerte del protagonista y muchas veces de ella con una dosis de humor peculiar o muy violenta

    • #4 por ZachTriunff el 16 junio, 2011 - 14:28

      Gracias a ti!
      Tienes razón con eso del accidente (o intento de suicidio, que es otra de las versiones) con su moto conduciendo borracho, que le marcó profundamente.
      Durante toda su recuperación en el hospital se pasó los días pintando cuadros y escribiendo poesía. Si te fijas, esas pinturas y dibujos aparecen en casi todas sus películas tras el accidente (por ejemplo los dibujos que aparecen en los créditos de ‘El viaje de Kikujiro’).

  3. #5 por Snake el 16 junio, 2011 - 15:48

    Para mí Dolls y Zatoichi son dos pedazo de peliculones. Eso sí, coincido con plared, igual encandila como aburre, según la película.

  4. #6 por I Told You So!! el 16 junio, 2011 - 18:56

    Antes de nada, enhorabuena por el ejercicio de revisión y análisis de Kitano. No es fácil encontrar el gusto más allá de la violencia en las pelis de Kitano y la nota cómica que hay en ellas, la historia que siempre quiere contar incluso pudiendo saca un drama de un gag.

    Sobre Zatoichi, por algo es la mejor adaptación del personaje que he visto y leído nunca, al menos para mí de aburrida tiene poco.

    Un saludo.

  5. #7 por Moutache el 16 junio, 2011 - 20:34

    Un post para enmarcar, realmente. Muy muy bien escrito y captando la esencia de este peculiar director, que a mi me fascina porque tiene tanto la capacidad de alegrarme el dia, como de quedarme con la peor de las sensaciones. Peculiar y muy suyo el tio.

    Mis favoritas: El Verano de Kikujiro y Zatoichi. Absolutamente únicas, valientes y narradas con una pericia increible.

    • #8 por ZachTriunff el 17 junio, 2011 - 03:07

      Joe, me alegro de q te gustase, muchas gracias moutache, viniendo de ti ese alago significa mucho.
      Un abrazo compi!

  6. #9 por narf01 el 17 junio, 2011 - 11:42

    lo cierto es que yo lo conoci como actor en Battle Royale y me encanto, despues he visto algunas de las pelis que ha dirigido y alguna cosilla mas como actor, pero el papel de Battle Royale, no se por que, es el que mas me ha llegado

  7. #10 por Demóstenes el 27 junio, 2011 - 01:42

    A mí la mayoría de su cine me ha ido gustando, aunque me falta buena parte de su filmografía por completar. Pero debo confesar que “Dolls” me pareció un soporífero y pretencioso producto de infumable cine.

    Para mí la mejor siempre será “Brother”. Aunque quizá sea la menos profunda… y por supuesto Battle Royale. Zatoichi también me gustó mucho, es una película a la que no cambiaría nada, excepto quizá ese rubio ridículo con el que el bueno de Kitano va teñido.

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