Análisis de Trilogías y Sagas: Toy Story. Primera parte

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El mundo del cine está plagado de prejuicios que ensalzan a algunas obras al estatus de obras maestras o películas de culto mientras que otras son denostadas sin motivo alguno. Es muy sencillo: alguien (pongamos que un crítico especializado), dice que una película es buena, otro le da la razón y cuando se quieren dar cuenta, millones de seguidores consideran Blade Runner como una de las películas más importantes de todos los tiempos. Quizá incluso son las mismas personas que la hundieron en el momento de estreno, así que no me fiaría mucho de los críticos, ni de nadie, ya puestos. Si queréis saber si algo es bueno o malo tenéis que comprobarlo por vosotros mismos o corréis el riesgo de perpetuar esa larga lista de clichés y salidas fáciles.

 

En ese mundo de inteligentes apariencias y gilipolleces varias nos encontramos con que muchos dan de lado “géneros” completos. No ya películas, actores o directores. El cine de acción, la fantasía, la ciencia ficción, o el terror son algunos de ellos, y el de animación no se queda atrás. Se le considera inferior a grandes obras dramáticas partiendo de la idea de que los dibujos animados no son más que un entretenimiento para niños. En su columna, el escritor y cineasta español Vicente Molina Foix decía: “que tantos críticos serios digan que una chorrada de plastilina como Up es una obra maestra me produce vergüenza”. Muchos de estos prejuicios estúpidos, aunados al miedo a encontrarnos disfrutando con historias fantásticas y al “qué dirán”, son capaces de hacernos perder auténticas obras de arte como la que tenemos la ocasión de analizar. Una saga, compuesta por tres entregas y que han tardado quince años en realizarse. Un salto espectacular en cuanto a la tecnología y millones de polígonos para crear a unos personajes con alma propia.

Estamos hablando de “Toy Story”.

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En 1995 las películas clásicas de Disney se estaban convirtiendo en eso, clásicos. No hacía mucho que habían llegado “La bella y la bestia” y “El Rey León”, películas que ya tocaban otros palos además del entretenimiento Light y en la que además podíamos percibir el sutil uso del ordenador. Nunca ha sido fácil entretener a niños y adultos por igual, pero en el camino de Disney se cruzó el recién nacido estudio Pixar. Estos chicos ya habían ganado un Óscar por el cortometraje “El juego de Geri” (cuyo enlace no os puedo poner porque en youtube abundan las copias o recuts, y no encuentro el original), modelado en 3D, una técnica que aún no se había aplicado a un largometraje. Disney les ofreció un contrato para hacer varias películas, y decidieron aprovechar las limitaciones del formato. Como ellos mismos decían, los gráficos por ordenador otorgaban a todas las creaciones un aspecto plástico, por lo que centrarse en un grupo de juguetes era perfecto para suplir algunas carencias técnicas.

 

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Pixar, con Tin Toy, ya había explorado la posibilidad de que los juguetes tuvieran vida propia, así que fue el germen del que salió esta fantástica trilogía. Su argumento nos habla de Andy, un niño de unos ocho años, y Woody el vaquero, el que es su juguete favorito hasta que en su cumpleaños, a Andy le regalan un nuevo y espectacular muñeco de acción: el superhéroe Buzz Lightyear, que, por desgracia, no sabe que es un juguete.

 

Ya de por sí la tecnología de esta película llamaba la atención. Habíamos pasado del 2D de toda la vida a un entorno más realista, lo que permitía jugar con brillos, reflejos y texturas. Además, jugando con la iluminación todos los objetos de la casa de Andy parecían reales: puertas desconchadas, paredes sucias… lo único que parecía fuera del alcance de la tecnología eran los diseños de seres humanos, pero en esto entra el valle extraño, cosa de la que os hablaré cuando se acerque el estreno de Tron Legacy. Para que os hagáis una idea el avance tecnológico fue similar al que James Cameron ha realizado con ‘Avatar’. Pero lejos de quedarse en eso, en un bonito espectáculo, las mentes creadoras de ‘Toy Story’ le otorgaron un guión casi perfecto y una serie de personajes, la mayoría basados en juguetes de verdad y con plenas capacidades para convertirse en iconos. No se limitaron a los planos espectaculares, sino que se limitaron a grabarlo tal y como se haría con personajes reales. Eso ayudó a que nos tomásemos en serio a esta comuna hippie y su adoración al dios pagano Andy. El niño es el que rige sus vidas y que juegue con ellos es su único objetivo, su vida. Además Woody es el jefe y le encanta serlo, aunque eso conlleve tener que calmar los ánimos el día de la fiesta de cumpleaños.

 

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Como todos los juguetes, tienen miedo de que Andy tenga un nuevo juguete que le llame más la atención que ellos. Así que Woody despliega a los famosos soldaditos de plástico verdes (comandados por el auténtico Sargento Hartman de La Chaqueta Metálica) para ir espiando los regalos. Y como se temían, Buzz Lightyear irrumpe en su mundo desplazando a Woody. Si ya de por sí el sheriff era un poco cascarrabias, no puede soportar que Buzz se crea en realidad un justiciero espacial. En una rencilla, Buzz caerá por la ventana y los demás juguetes culparán a Woody.

 

Woody se libra en el último momento de la ira de sus compañeros porque Andy lo elige (como segunda opción, eso sí), para llevarle al Pizza Planet. En el coche, Buzz regresa bastante cabreado y comienza una pelea entre estos dos muñecos hasta que caen del coche y se quedan completamente perdidos. La angustia de Woody al ver que su dueño se aleja es capaz de conmoverte, pero es sorprendente la facilidad con la que se incluyen elementos cómicos, como ese claro homenaje a La Guerra de las Galaxias en el que Buzz habla de un arma capaz de destruir un planeta entero. Y aquí Woody estalla gritando una frase que estuvo a punto de convertirse en el título de esta película, ¡Eres… un… jugueteeeeee!

 

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Woody intentará convencer a Buzz para regresar al cuarto de Andy, y juntos buscarán a su dueño en el Pizza Planet, un restaurante de comida rápida donde abundan las referencias cinematográficas. Los Cylons de Battlestar Galáctica… el juego “Wack-an-Alien”, con un astronauta con el pecho plagado de seres de aspecto sospechosamente familiar… y la máquina expendedora atiborrada de peluches con tres ojos, obsesionados en esta ocasión con “el gancho”, el cual cogerá a Buzz y Woody y los llevará directamente a las manos del peor niño del mundo: Sid Phillips, el psicótico vecino de Andy y un chaval tan alegre e imaginativo como tremendamente falto de cariño.

Sid destroza los juguetes. Entrar en su habitación, llena de pósters de grupos de Heavy Metal, es similar al infierno. Allí presencian sus “operaciones”, en las que arranca cabezas y deforma muñecos, y las creaciones que deja. Estos mutantes al principio parecen caníbales, pero luego resultará que entre ellos se ayudan y arreglan a los que aún tienen posibilidades de ser reparados.

 

Es en ese lugar donde Buzz descubrirá que es sólo un juguete, a través de un brutal y chillón anuncio de televisión (Juguete no volador, a la venta en los almacenes de Al). Allí su mundo se derrumba, y es muy similar a la voz machacona de Woody repitiéndole una y otra vez “eres un juguete, ¡No puedes volar!”. Así llegamos a una de las mejores partes de la película, cuando decide seguir adelante, trepa hacia la barandilla, mira por una ventana abierta y salta. Por un momento parece capaz de volar, pero cae al vacío y se estrella contra las escaleras, desprendiéndose uno de sus brazos.

Y esa imagen, la de Buzz mirándose su extremidad caída sin darle demasiada importancia, y su expresión de indiferencia, nos hacen dudar por un momento de si estamos ante algo (o alguien) con vida propia. Muchos directivos de Disney querían que se suprimieran escenas de ese tipo porque podrían descolocar a los niños, pero los de Pixar se esforzaron en mantenerlas. No les importaba tanto lo que los niños pudieran pensar sino que hicieron la película tal y como a ellos les habría gustado verla. Es obvio que en detalles como ese acertaron de lleno.

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Pero como ya dije antes, el dramatismo dura muy poco y saltamos a la comedia. Woody encuentra a Buzz borracho (y sobreactuando con frases del tipo “tantos años en la academia, ¡perdidoooos!” Y sí, no ha bebido nada, pero qué importa, estamos hablando de cine. Woody intentará convencerle de que ser juguete es mucho mejor que ser un guardián espacial y le hablará acerca de Andy, de lo maravilloso que es, y de la envidia que le tiene. Woody es un muñeco viejo, mientras que Buzz es todo lo que un juguete desearía ser, con luces, brillos y demás. Cuando por fin consiguen unirse, deciden darle un escarmiento al sociópata del crío. Muñecos torturados salen de debajo del barro, y Woody rompe “una regla”, al mostrarse tal y como es ante Sid. Será el único ser humano (junto con la hermana de Andy, pero esta no es consciente) que verá a un muñeco moverse, lo que acaba con todos sus experimentos.

Después de eso y tras una persecución, lograrán reunirse con Andy cerrando algunos arcos argumentales que se habían quedado pendientes (no es volar, es caer con estilo)  y mudarse juntos a una nueva casa donde, esas navidades, los soldados de reconocimiento anuncian que el nuevo regalo es, como no podía ser de otra forma… un perrito.

 

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Con Toy Story surgió el boom por las películas de animación en tres dimensiones. Aún no se usaban las tan molestas gafitas de plástico, pero seguro que la nueva moda irá por el mismo camino que las anteriores: se construirá un mercado, se crearán productos que den beneficios y con el paso del tiempo ir al cine a ver algo en 3D será tan normal como comprar palomitas o extirparnos un riñón para adquirir una entrada. Pero la gracia no está en el envoltorio, sino en que sepan ofrecernos algo más que un espectáculo visual. Lo otro sólo funciona al principio. Toy Story es un referente en la animación por ordenador, una película a la que no le sobra nada, y casi tampoco le falta. Aún estaba Disney de por medio, por lo que no se pudo incluir una Barbie en la casa de Sid que se comportaba como Linda Hamilton en Terminator 2 y soltaba las frase “Ven conmigo si quieres vivir”, con la respuesta de Woody acerca de que le gustaría ser “anatómicamente completo”. Aún faltaba tiempo para que nos llevasen a lugares más profundos y oscuros, a temas como la muerte, la caducidad y el abandono, pero sus semillas estaban presente en forma de personajes como el señor patata, irónico y mordaz, el cerdo Ham, un cotilla sabelotodo, Slinky, el perro fiel a su dueño, o Rex, que entró en la película a raíz del éxito de Parque Jurásico y que le condenó a ser el dinosaurio más inseguro de la historia del cine. Pero aún estamos en 1995, de modo que para ver el final habrá que esperar mucho tiempo, y mirar hasta el infinito… y más allá.

Para leer la segunda parte del especial de Toy Story pincha aqui

Para leer la tercera parte del especial de Toy Story pincha aqui

 

IP Anónima

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  1. #1 por Karelia el 6 septiembre, 2010 - 18:15

    Que gran película, todo un hito en la historia del cine, aunque sea de animación.

    Ademas hoy por hoy, son estas películas, las de Pixar por supuesto, las que más dan al espectador cuando uno se sienta en la butaca, son historias geniales, todas y cada una de ellas.

    Un gran post IP (por cierto, tengo que ver Toy Story 3, joooooooo, que aún no he podido verla).

  2. #2 por Snake el 6 septiembre, 2010 - 18:19

    Quince años han pasado y parece que se estrenó ayer. Lo mejor de todo es que Pixar inició una andadura que a día de hoy no ha flaqueado en ningun momento. Espléndidas películas con una calidad envidiable. Innovando en ciertos aspectos pero sobre todo realizando unas historias magníficas. Precisamente ahí tiene su éxito, en los guiones, algo que el resto de sus competidoras lo tienen dificil.

  3. #3 por Tr3pamur0s el 7 septiembre, 2010 - 00:04

    Parece mentira, sí, que hayan pasado ya 15 años. Ví la primera con 18 nada menos, la segunda con 22 y ví la tercera con 32 (ya 33 a día de hoy). Que en todas las ocasiones disfrutase como un niño dice mucho de Pixar. Toy Story tiene la capacidad innata de conectar con el niño que todos llevamos dentro y es un canto a todas esas etapas de la vida por las que acabamos pasando. La tercera parte me sorprendió tanto y me hizo sentir tantas cosas (incluso asomaron unas lágrimas a mis ojos, cosa que no ocurría hace siglos en un cine) que salí absolutamente contento de la sala, algo tan difícil hoy en día como encontrar trabajo. Toy Story es una saga que ha crecido a todos los niveles (técnico, narración, moralejas, etc.) y por eso es imperecedera y jamás pasará de moda. Algún día los críticos y demás “obsoleto-pensadores” se rendirán ante la genialidad de un cine que a día de hoy supera con creces a muchísimas obras de imagen real (y la prueba palpable está ahí, siendo Toy Story 3 lo mejor de lo que va de año seguido de Origen, siempre desde mi punto de vista personal, pero es un pensamiento que leo que está bastante generailzado por ahí). Sin embargo, el mayor galardón que se le puede conceder a este tipo de cine es nuestro boca a boca, no ya de una persona a otra, sino de una generación a otra.

  4. #4 por Avocado el 7 septiembre, 2010 - 03:44

    Una obra maestra del cine,no de animacion sino del cine en general y las segunda parte es por lo menos igual de excelente.En realidad no se cual de las 2 me gusta mas.No he visto la tercera parte todavia pero a juzgar por los comentarios esta a la altura e incluso supera a las anteriores.Cosa harta complicada.Solo decir gracias Pixar.

  5. #5 por ZachTriunff el 7 septiembre, 2010 - 17:18

    Para un servidor, la mejor película de la trilogía, y un hito en la historia del cine.

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