“Cien clavos” – El adiós de Ermanno Olmi

Cien clavos por ti.

Según Karl Jaspers, uno de los padres del Existencialismo, “Vivimos en una época en que toda espiritualidad se convierte en utilidad. Todo sucede por interés. Una época en que la vida misma es una farsa y la felicidad de vivir es falsa, como el artificio en que se expresa. En semejante época de pérdida de la naturalidad, ¿es tal vez la locura, la solución para nuestra existencia?”

Con estas palabras un profesor titular de filosofía en la Universidad de Bolonia (il professorino, interpretado por el actor israelí Raz Degan) se despide de sus alumnos al finalizar el curso. Tras mantener un conversación con una de sus pupilas en la biblioteca (una muchacha hindú que regresa a su país con la intención de luchar por el papel de la mujer dentro de la religión), regresa a ésta para cometer el simbólico acto de clavar en el suelo 100 libros utilizando 100 enormes clavos (muy similares a los que asociamos con los utilizados en la crucifixión de Cristo) por el que será tildado de terrorista, satánico, criminal, desequilibrado, fanático religioso, psicópata y hasta de genial artista.

Cien clavos (5) por ti.

Alertada la policía y el fiscal general se iniciarán las pesquisas que pronto señalarán al professorino como responsable del “sacrilegio literario”. El anciano monseñor que ha dedicado su vida al estudio de esos libros (a los que alude como si de personas se tratase) no da crédito a lo sucedido y defiende al sospechoso haciendo hincapié en que el mismo le ha expresado su inclinación por tomar los votos sacerdotales y que, además, está a punto de publicar una obra filosófica que aumentará su renombre internacional.

Sin embargo, mientras esto sucede, el profesor ya ha llevado a cabo una especie de suicidio simulado (abandona su coche y lanza su documentación y su chaqueta al río) que le permite despojarse de su pasada vida para iniciar otra de muy distinta. Y así, libre de todo ese lastre, recalará en Bagnolo de San Vito: un pueblo a orillas del río Po en el que vivirá, como si de un anacoreta se tratara, huyendo de todo lujo.

Cien clavos (4) por ti.

La presencia de ese hombre, cuyo aspecto recuerda al de Jesucristo, despertará la curiosidad de los lugareños (que terminarán por llamarle así, Jesucristo) que no sólo lo acogerán sin reservas, sino que lo ayudarán a reconstruir una pequeña barraca abandonada. De entre todos ellos será la díscola panadera de la localidad (Luna Bendandi) la que sentirá un interés más profundo por el extraño visitante por el hecho de que ambos son “diferentes” a los demás.

Cien clavos (2) por ti.

La construcción de un puerto fluvial en el Po pondrá en jaque a los habitantes de Bagnolo, puesto que se les obliga a derruir los asentamientos ilegales construidos en los terrenos destinados a dicho puerto y en los que disfrutan de la naturaleza celebrando multitudinarios ágapes y animados bailes.

Cien clavos (3) por ti.

Sabedores de la inteligencia de ese particular “Jesucristo”, solicitarán su ayuda para presentar un recurso que les permita salvar su lugar de asueto, pero la llegada de una notificación que les insta a pagar una multa de casi 28.000 euros les hará perder las esperanzas.

Es entonces cuando il professorino salda esa deuda monetaria utilizando para ello su tarjeta de crédito, hecho que permitirá a la policía localizarle y arrestarlo. En el interrogatorio, pronuncia una frase que resume toda su filosofía vital y el porqué de su extravagante acto ¿criminal?: “Todos los libros del mundo no valen lo que un café con un amigo.” Además, visitado por el monseñor amante de los libros, llegará a espetar que la sabiduría del mundo es un fraude, que los libros sirven a cualquier patrón y a cualquier Dios, que ese mismo Dios es el exterminador del mundo que no salvó ni siquiera a su hijo de la cruz y que, en el día del Juicio Final será Él quien deberá rendir cuentas por todo el sufrimiento de este mundo.

Obviando el final de la película que es sumamente revelador, esta es la historia que Ermanno Olmi (León de Oro a toda su trayectoria en el pasado Festival de Venecia) nos cuenta en su última cinta “Cien clavos” (2007) y digo última en todos los sentidos, puesto que el director italiano ha declarado que nunca más volverá a rodar una película de ficción y que se dedicará exclusivamente al mundo del documental.

Poco puedo hablar de la obra de Olmi puesto que junto con “Cien clavos” sólo he visto la espléndida “El árbol de los zuecos” (Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1978 y César a la mejor película extranjera). Sin embargo, sí he podido constatar ciertas similitudes entre ambas cintas y es que, tanto en una como en otra, el aplastante peso de la religión queda patente.

El professorino reniega, decepcionado, de sus supuestas creencias religiosas y todas esas frías enseñanzas teóricas encerradas en los libros (personificadas en la figura del monseñor) para iniciar una existencia palpable y en cálido contacto con la realidad (“Hay mas verdad en una caricia que en todas las páginas de estos libros.”). Curiosamente, tal y como hemos señalado, su aspecto recuerda a Jesucristo y también su revolucionaria y sencilla manera de vivir dejándose ayudar y ayudando a sus convecinos (que parecen sus apóstoles) erigiéndose en una especie de símbolo de la bondad.

En “El árbol de los zuecos” Olmi retratará la vida de los campesinos de la región de Bérgamo en el siglo XIX. La pobreza que raya la miseria y la ignorancia se verán secundadas por la extrema religiosidad que practicarán las gentes del campo como válvula de escape a sus desgracias.

En ambas también puede apreciarse otras similitudes como son la utilización de actores no profesionales (en el caso de “Cien clavos” serán los habitantes de Bagnolo de San Vito) y ese tono cercano al documental.

Película reflexiva y deliciosa a partes iguales que, sin llegar a la brillantez de “El árbol de los zuecos”, cierra con broche de oro la carrera de un veterano director de 77 años.

 

 

Para ver la ficha de la película, pincha aquí

 

Briony  

 

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