“Aritmética emocional” – Error de cálculo

Aritmética emocional (3) por ti.

¿Cuántas películas se han basado, directa o indirectamente, en la persecución y exterminio sufrido por los judíos durante la época del nazismo? Imagino que deben ser cientas y es que el holocausto fue y sigue siendo una fuente inagotable de historias a la hora de escribir un guión cinematográfico.

Existen producciones que recrean aquellos aciagos años y otras que muestran las consecuencias traumáticas que aquella locura tuvo para los supervivientes. “Aritmética emocional” (2007) de Paolo Barzman pertenecería a esta última categoría.

Drancy era un campo de concentración parisino destinado al internamiento de todos aquellos judíos que iban a ser deportados a los campos de trabajo forzado o a los de exterminio. El joven disidente Jakob Bronski es uno de los detenidos junto con Melanie y Christopher, dos niños que sobrevivirán gracias a la protección del primero.

Aritmética emocional (7) por ti.

Cuarenta años más tarde, Melanie (Suran Sarandon) vive junto a su esposo David (Christopher Plummer), un ex profesor universitario que no se ha caracterizado por su fildelidad conyugal, en una tranquila granja de Canadá. La apacible vida de la mujer, sólo truncada por sus ataques de ansiedad, se verá alterada tras recibir noticias de Jakob (Max von Sydow) al que creía muerto y al que invitará a visitarla. El ya anciano amigo llegará inesperadamente acompañado de Christopher (Gabriel Byrne) que, a pesar del paso de los años, sigue enamorado de Melanie.

Este es el prometedor arranque de “Aritmética emocional” que parece augurar una serie de duelos interpretativos que tendrán como núcleo los aplastantes recuerdos, cómo éstos influyen en nuestra vida y de qué manera podemos liberarnos de ellos. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que todo es pura fachada y que en realidad nos encontramos ante un producto caracterizado por su vacuidad.

Aritmética emocional (2) por ti.

La localización de la historia (una granja apartada del resto del mundo), la sensación de que bajo esa apariencia de “familia feliz” se esconde mucho rencón y, sobre todo, la presencia de von Sydow, retrotraen al mejor cine de Bergman. Y sí que es cierto que, a la manera bergmaniana, los protagonistas de la cinta mantienen distintas conversaciones en las que vuelcan sus miedos y sus inquietudes hasta que éstas estallan en la cena que todos comparten: es el momento en el que los personajes se quitan su máscara para verter la ponzoñosa verdad. Y así, nos vienen a la mente esas escenas de “Pasión” (1969) o “Secretos de un matrimonio” (1974) en las que el momento de la sobremesa da rienda suelta a los más ocultos pensamientos.

Pero todas esas sensaciones y concomitancias no sirven para salvar del naufragio a una historia torpemente aprovechada.

Aritmética emocional (6) por ti.

El particular calvario de Melanie (obsesionada de forma enfermiza con el pasado), la progresiva decadencia física, mental y literaria de Jakob (su sacrificio para salvar a los niños le supuso el internamiento en un manicomio donde fue sometido a electroshocks), la tierna tristeza de Christopher (incapaz de olvidar a aquella niña de la que se enamoró en medio del terror), la visión escéptica y cansada de David (sin acabar de entender qué pintan en su casa esos “fantasmas” del pasado) o los silencios de Benjamin (ese hijo que ha soportado a una madre empeñada en rememorar el dolor) no consiguen traspasar la pantalla y ponernos el vello de punta. No sólo es terrible la experiencia vivida en 1942, sino que también lo es la rémora que esas vivencias han dejado en cada uno de los personajes, pero Barzman no es capaz de transmitirnos nada de todo eso.

Y, como si de una moda se tratase, de nuevo la utilización de flashbacks en blanco y negro. En este caso pretenden remontarnos a aquel campo de concentración, recurso innecesario que no aporta nada a la historia cuando son mucho más contundentes las huellas que ese horror ha dejado impresas en el alma de los personajes: sus palabras ya nos permiten imaginar lo que vivieron. No hace falta que nadie “imagine” por mí.

Aritmética emocional (4) por ti.

A pesar de todo siempre es un honor presenciar una interpretación del excelente Max von Sydow magníficamente secundado por Plummer y no tanto por la Sarandon que, en esta ocasión, echa mano de todo un muestrario de muecas trágicas que muy bien podría haberse ahorrado.

Después de la experiencia, miedo me da “El niño con el pijama a rayas”…

 

 

Para ver la ficha de la película, pincha aquí

 

Briony  

, , , , ,

  1. “Aritmética emocional” « TIERRA DE CINÉFAGOS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: