“Expediente Anwar” – A medio camino

En la democrática nación del tío Sam, pasa como en todos los sitios. Les cuesta sacar sus cadáveres del armario y ventilarlos.

Igual que ocurrió con la funesta Guerra de Vietnam, la autocrítica que proviene del medio cinematográfico, ha empezado, pero en un goteo lento, y por ahora, bastante suavizado de lo que todos suponemos es la cruda realidad que va relacionada con el tema del terrorismo.

La tragedia que supuso el 11 de septiembre, que todos, norteamericanos o no, repudiamos, desencadenó en esa nación una psicosis, que desde el primer momento llevó a su gobierno a adoptar unas medidas extremas. Algunas, como las que trata Gavin Hood en “Expediente Anwar”, relacionadas con los sospechosos de pertenecer a grupos terroristas, con los que se saltan leyes en vigencia, amparándose en “la seguridad del Estado”.

A esa autocrítica que ya comenzó a apuntar en relación a las actuaciones de U.S.A. en las guerras de Afganistán e Irak, y el mundo árabe en general, en las recientes “Leones por corderos”, o “La guerra de Charlie Wilson”, se une este “Expediente Anwar”, que nos cuenta lo que ocurre cuando se detiene a alguien sospechoso de tener algún tipo de relación con un grupo terrorista.

Partiendo de un atentado suicida en una ciudad norafricana, de un país colaborador con los Estados Unidos, dirigido principalmente a acabar con la vida del jefe de la policía secreta, nos introducimos en el argumento, que nos cuenta tres historias, pero girando todas alrededor de una que nos muestra la terrible indefensión de un hombre detenido sin ningún cargo, sacado de Washington secretamente, y del que sólo se espera confirmar sospechas a través de la tortura, sin confrontación alguna sobre sus alegaciones.

Estaríamos pues ante un thriller político sobre terrorismo islámico, los secuestros ilegales de la CIA, y el traslado de prisioneros fuera de Estados Unidos.

Pero lo que un principio nos puede parecer de lo más prometedor, esperando una “expiación” por parte de U.S.A., se nos queda como casi siempre, al principio del camino, y del thiler político pasamos directamente al drama, que es por donde se ha enfocado la película.

La dramatización es pues, lo que más se puede enjuiciar de “Expediente Anwar”.

Con un guión que no destaca precisamente por su originalidad y brillantez (cae en muchos tópicos), y que no arriesga todo lo que podía haber arriesgado tocando un tema, hasta ahora “tabú”, contiene algunos elementos dramáticos que si no la convierten en interesante, sí en entretenida.

El elemento dramático principal, es el propio prisionero, Anwar (interpretado convincentemente por Omar Metwally, al que pudimos ver en “Munich”) y su situación, en la que cualquier espectador puede meter su propia piel. La reflexión de que en un país pueden retenerte y torturarte aunque seas tan inocente como un recién nacido, es inevitable.

En las historias paralelas, la de la hija del policía, que huyendo de los convencionalismos familiares, entabla una relación amorosa con un miembro de un grupo radical islamista, no llega a conmover, aunque será esta historia la que nos dará un giro diferente al argumento, hacia el final de la película.

El breve encuentro del espectador con uno de esos grupos radicales que sorben el cerebro de sus seguidores, no va a aportar novedades, pues se presenta como algo ya visto.

La búsqueda del marido desaparecido, a cargo de la esposa (Reese Witherspoon, discreta en su interpretación), es bastante previsible en su desarrollo, cargando tintas en los tópicos vistos muchas veces, y alejado de la esposa de “Desaparecido” que interpretó tan magistralmente Sissy Spacek.

Tampoco en lo tocante al personaje del analista de la CIA en el Norte de África, interpretado por Jake Gyllenhaal, (muy correctamente) podemos encontrar muchas novedades, aunque sea el que resuelva la situación del prisionero.

Si el que Meryl Streep (como la directora de la división de antiterrorismo de la CIA, en un papel de mujer fría y desalmada) y Alan Arkin aparezcan en el film, supone un aliciente añadido, sus actuaciones son tan breves que no pueden dejar gran regusto. Cumplen bien, pero poco más se puede añadir.

Si que subrayaría una interpretación aparte de la de Omar Metwally. La de Yigal Naor dando vida al jefe de la policía secreta, un hombre duro, curtido, tradicional, pero sensible en lo tocante a su familia. Los giros que da Naor al personaje para transmitirnos esto, son dignos de ser reconocidos.

A Hood se le puede reprochar que a la hora de transmitir emoción, se quede corto a lo largo de toda la cinta, así como el no haber profundizado en la carga de denuncia que motivaba el film. Pero por otro lado, tampoco se puede denostar totalmente su trabajo, porque aunque a un ritmo talvez excesivamente lento (necesario en algunas ocasiones) hace que se mantenga el interés por lo que va sucediendo en la pantalla.

Un buen acierto es la música. Una banda sonora con influencias árabes, que se integra perfectamente como un elemento más de ella.

Podía haber sido una gran película, pero se ha quedado a medio camino, aunque comparándola con muchas otras que nos ofrecen nuestras carteleras, puede verse, y tampoco se sale del cine con la impresión de haber tirado el dinero.

Trailer de la película

Swanson  

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  1. #1 por Mr. Lombreeze el 18 julio, 2008 - 17:37

    Les cuesta, pero los sacan. Siempre.

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