‘Retrato de una obsesión’: o cómo aprendí a dejar de preocuparme y descubrí la amistad del hombre-perro y sus amigos superfreaks

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Ante todo no nos equivoquemos. ‘Retrato de una obsesión’ se titula realmente ‘Pelo: un retrato imaginario de Diane Arbus’. No es un título bonito, no motiva para verla pero es el auténtico. El retitularla para su estreno español responde a la sencilla razón de que los distribuidores han pensado (con mucha razón) que había que darle algo de vidilla al tema si querían sacar tajada. Y es que estamos ante una de las más claras muestras de cómo vender malintencionadamente una película. Empezando por el póster, continuando por su “nuevo” título y terminando por su maquiavélicamente montado tráiler (una auténtica obra de arte de sacar de dónde no hay), ‘Retrato de una obsesión’ habrá convocado en las salas a más de un incauto espectador convencido de haber pagado por un thriller. Todo este despliegue de inventiva (por no llamarlo falta de respeto a la obra original o, directamente, poca vergüenza) viene al caso de que ‘Fur’ no es ni de lejos una película al uso, sino todo lo contrario; desafortunadamente en esta ocasión.

Y vaya por delante que me encantan las historias de amor poco vistas o “raras” (ahí están en mi colección las deliciosas ‘The Cooler’ o ‘Punch Drunk Love’), y que yo particularmente ya sabía que no iba a ver una película de misterio, pero en esta ocasión lo inusual ha dado paso a lo bizarro, en todo el sentido de la palabra. Desde su comienzo, en el que Nicole Kidman ataviada con un abrigo de pelo (sí, pelo, ni nutria, ni zorro: pelo) avanza hacia una mansión en la que se encuentra con un jardinero octogenario como su madre lo trajo al mundo, uno ya intuye que lo que va a ver puede ser una maravilla o un gran despropósito. Supongo que ya intuiréis que los tiros apuntan a lo segundo.

Por mucho que cuenten sus tráilers y demás sinopsis oficiales, la historia de ‘Fur’ es bien sencilla. Diane Arbus (Kidman) es una perfecta ama de casa y ayudante de su marido fotógrafo, pero siente que su vida está vacía. La llegada de Lionel (Robert Downey Jr.), un vecino de lo más particular (por decir algo suave), le hará descubrir el verdadero amor y el auténtico significado de su vida, algo que pasa por los antros y los personajes más estrambóticos que uno pueda imaginar. En pocas palabras, es una historia ficticia que usa como protagonista a un personaje real, tal y como nos explican al comenzar la proyección.

Ya sé que más de uno al que le haya gustado la película podrá decirme que quizás no he pillado todo el trasfondo que se nos quiere trasmitir: que hay que buscar nuestra misión en la vida, que la belleza está en el interior (nunca mejor dicho), que puede que en lo anormal esté lo auténtico y bla, bla, bla… bonitos conceptos que no consiguen calar por el simple hecho de que se transmiten sin la más mínima emoción. Steven Shainberg, el director de todo este circo, ha pretendido basarse en la vida de una artista de gran personalidad para desarrollar una visión ficticia sobre cómo habría sido el entorno que la formó como fotógrafa y como persona. El resultado es este “retrato imaginario” que resulta más risible que emotivo. Y es que uno no puede más que tomarse a mofa todo cuanto pasa por delante de sus retinas, como medio de no pensar que acaba de soltar un buen dinero por algo que, de visionarse en solitario, causaría el más profundo de los aburrimientos.

Valga como muestra una de las escenas que mejor pueden ejemplificar lo que quiero decir: Lionel, el vecino misterioso, lleva a Diane a ver un espectáculo singular. En una habitación que parece decorada por el David Lynch más siniestro, una pareja desnuda baila una canción lenta mientras que nuestros protagonistas los miran. Lionel pregunta a Diane si le gusta lo que ve, y ella responde algo como: “Me encanta. Él lleva unos calcetines preciosos”. Ante una escena tan memorable a uno sólo le queda reírse y pensar que hay mucha gente que se dice guionista porque eso es lo que reza en su tarjeta de presentación.

En general, esta es la extraña tónica que sigue el film durante las interminables dos horas por las que agoniza. Todo para desembocar en un final supuestamente dramático pero esperanzador. Sinceramente: de pena. Cuando empiezan a construirse las piezas que marcarán el clímax final uno ya sabe de antemano lo que va a pasar y, lo que es peor, le importa un pimiento. Todo por culpa de unos personajes mal dibujados, demasiado irreales, con los que es difícil empatizar y que parecen vivir en un extraño mundo paralelo (como el propio piso en el que vive Lionel, del todo increíble) creado para hacer atractiva una propuesta que, de no contar con dos actores tan solventes como cabezas de cartel, difícilmente habría llegado a una sala de cine.

Enlazando ya con el apartado interpretativo, lo máximo que se puede decir de Kidman y Downey Jr es que encarnan con solvencia sus personajes, algo especialmente meritorio en el caso del segundo, ya que el mayor recurso de Lionel es la mirada y debido a que era muy fácil caer en lo ridículo. Por su parte, Ty Burell, que interpreta al marido de Diane, da una clase de cómo no dar vida a un personaje, por lo que en sus escasas escenas con Kidman es literalmente eclipsado, algo no muy difícil, por otra parte.

En el apartado técnico, Shainberg demuestra una nula capacidad por hacer algo fuera de lo meramente televisivo, y se limita a poner la cámara delante de lo que está pasando, sin el más mínimo estilo ni sentido de lo estético. Para complementar su labor, el director vuelve a contar con la guionista Erin Cressida Wilson (con la que ya formó equipo en la famosa ‘Secretary’, que aún no he visto y que ha perdido interés tras esto), cuya labor deja muchísimo que desear, dejándonos más de una línea que encajaría mejor en una sitcom cualquiera.

En definitiva, ‘Retrato de una obsesión’ no es lo que pretenden vendernos, para desgracia del espectador. Estamos ante una película aburrida, sin interés y, sobre todo, con personajes raros, muy raros. Seguramente tendrá sus acérrimos seguidores que la elevarán a la categoría de culto (cosas más raras se han visto), pero para mi no deja de ser tiempo y dinero perdidos. Como siempre, que cada cual elija y juzgue.

Lo mejor: lo que me reí con el señor Kitano al ver algunas escenas.
Lo peor: es un muermo de los que hacen época.

Nota: 3

(Ver ficha)

Fdo: Stan

  1. #1 por Peter Parker el 29 mayo, 2007 - 12:20

    Y encima ya habia una película de Robin Williams llamada Retratos de una Obsesión.

  2. #2 por Judit el 1 julio, 2007 - 13:06

    Necesito que alguien me explique el final, no puedo creer que no haya pillado una pelicula tan mala pero no entiendo a qué viene eso de: cuentame un secreto?..por que no me cuenta usted el suyo?…de acuerdo. A ver, esas dos sentadas en el banco desnudas, y todas esas preguntas para la maldita foto….¿que tiene que ver todo eso con el toston de casi dos horas que me tragué antes? No entiendo nada. Por favor, una explicación. Gracias

  3. #3 por Adriana el 26 julio, 2007 - 16:55

    La verdad, es que yo compre la pelicula muy animada de ver montones de gentes tipo Carnivale..pero no. Me encontre con una pelicula, protagonizada por una Nicole Kidman que se dejaba recordar por su papel en Los Otros, un Robert Downye Jr, que en ocasiones resultaba exagerado en su “desparpajo” (lo de los pelos me resultaba tierno)sobre todo en el forzar demasiado el personaje de Diane Arbus. Despues de verla, me meti enla web y quede petrificada: la vida de esa mujer era mucho mas que ser una ama de casa, asistente de su marido actor frustrado/fotografo de revistas de moda: una mujer fuera de parametros.
    Es una verdadera tristeza que la pelicula fuera una rara copia de Las Horas, donde la moda de entretejer historias sea la que dicte el rumbo del largometraje.
    La estetica de la pelicula es de alta calidad, y si a la Kidman la hubiesen maquillado adecuandola fisicamente a Diane Arbus, estoy mas que segura que hubiese sido mas creible (parte de las inseguridades de Arbus era su fisico).
    Para verla en television

  1. Retrato de una obsesión « Tierra de Cinéfagos

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