CRY WOLF. No tan lista como se cree.

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Parece mentira, pero han pasado ya 11 años desde que el Scream de Wes Craven y Kevin Williamson insuflara al cine de terror adolescente aires renovados y un espíritu de exceso deconstructivo que no han vuelto a ser superados desde sus prodigiosos 10 minutos iniciales, con esa apetitosa (siempre apetitosa) Drew Barrymore siendo acechada por un psychokiller de tres al cuarto ataviado con un cutre traje que entonces daba miedo y hoy es instrumento de risa. Aquel diabólico prólogo, lleno de referencias cinéfagas y tensión cortante, sigue siendo el punto álgido de la renovación del slasher teenager (perdón por los extranjerismos, pero a veces su uso es poco menos que indispensable cuando se tratan determinados géneros), el cenit cualitativo de los nuevos asesinatos con suspense previo llevados a cabo por una némesis oscura y muy física (dejando a un lado torturadores a distancia y a la propia parca, que tanto han proliferado últimamente). Ni las secuelas, ni las derivaciones, ni siquiera el resto de la película estaban a la altura de ese brutal concentrado de nervio y humor referencial (algunos ni se enteraron, pero Scream YA era una parodia, sin necesidad de ninguna Scary Movie, título que, a propósito, era el inicialmente previsto para la cinta de Craven) que sirvió de introducción a una trilogía que fue perdiendo interés a medida que se sucedían sus escenas (de un preludio excelente en la primera parte a un clímax final totalmente olvidable en la tercera).

Pero el género del terror en su vertiente adolescente y (a veces deliciosamente) frívola nunca se ha caracterizado por su afán de superación sino más bien por su carácter derivativo y canalla, según el cual un esquema argumental nunca está suficientemente explotado hasta que deja de dar dinero, y hasta que se hace totalmente imposible camuflarlo del algún modo con diferentes aditamentos que consigan que espectadores como el que esto escribe vuelva a dar consecutivas oportunidades a diferentes títulos que, de entrada, ya sabe que no le proporcionarán el mismo placer que esos minutos entrantes de Scream o, especialmente, algunos títulos de horror producidos durante los 70 y 80. Así que, viendo que esta Cry Wolf era comparada con la cinta de Wes Craven, no podía hacer otra cosa que esperarla con recelo y cierta desgana, pero también con curiosidad y algo de esperanza en el fondo. El resultado es una película casi del montón, de factura técnica aceptable (con efectismos a porrillo) pero con un guión que no pasa de ser travieso, una broma macabra y divertida que se pretende inteligente pero que en realidad es bastante transparente para los curtidos en el género y, por lo tanto, acaba siendo algo insatisfactoria.

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Hay varios detalles a destacar en este largometraje (y ninguno es la presencia de Jon Bon Jovi en él: no es ni mucho menos la primera película que hace y su papel lo lleva a cabo como podría haberlo hecho cualquier otro actor secundario en nómina. Atacarle por un personaje que no requiere ningún esfuerzo dramático especial me parece fútil). Empezamos con un prólogo horrible, rodado sin gracia, oscuro y sin tensión: una chica corre por un bosque de noche y un tipo acaba dando con ella para después dispararle a la cabeza. La segunda escena de terror de Viernes 13, ambientada de día y en un espacio más abierto, era muchísimo más eficaz, poseía suspense y acababa con una degollación en primer plano que todavía está en la retina de cualquiera que haya visto la película. Pero Cry Wolf es una cinta sintomática de nuestro tiempo: montaje rápido, movimientos de cámara trepidantes y autocensura, esa maldita autocensura que algunos directores de cine de miedo deben implantar, presionados casi siempre por las productoras y distribuidoras, para que su obra no alcance una calificación que impida la entrada al cine a menores y, por tanto, se quede sin la mayor parte del pastel de las recaudaciones. Parecía que con estrenos recientes como Saw o las cintas de Rob Zombie había quedado suficientemente demostrado que ese público al que se le prohíbe la entrada ansía ver esas escenas fuertes en pantalla que le arrebatan y a las que puede acceder desde otros medios que no son pasar por taquilla. Pero supongo que esto es lo que diferenciará a auténticas bestias a seguir con fidelidad como son Zombie o Alexandre Aja de otros directores menos valientes o con menos que ofrecer. Incluso cintas tan inofensivas como Scream, Sé lo que hicisteis el último verano o Leyenda Urbana no escatimaban el cuchillazo a tiempo, pero en Cry Wolf todo suena, además de a visto, a recatado. Y no hay nada peor que un slasher que camufla sus tropelías tras trucos de montaje. Porque Cry Wolf funciona, al fin y al cabo, como otro slasher cualquiera, como otro body count adolescente ambientado en instituto, a diferencia de esa otra película con argumento parecido titulada Rumores que matan y que no necesitaba de la violencia para funcionar bien como thriller porque sus intereses, simplemente, iban por otro camino diferente. Pero es precisamente en la parte de thriller enrevesado donde Cry Wolf funciona mejor, obviando la simpleza de sus escenas terroríficas (un quiero-y-no-puedo en toda regla). La idea de partida es interesante (la aparición de un asesino en el campus que en teoría no era más que la invención de un grupo de jóvenes aburridos) y se desarrolla de modo fluido a través de los vericuetos que recorre la trama. Pero jugar a un whodunit con una terna de sospechosos tan simple hace que el esfuerzo de marear al espectador avispado caiga en saco roto. Lástima, porque la idea podía haber dado para bastante más de haberse puesto en manos más valientes y menos convencionales. Le hubiera venido bien a la cinta más mala baba y menos corrección política (no es ya sólo la falta de gore, sino que hay más cositas a señalar, como el manido recurso de que los protagonistas pertenezcan a varias etnias diferentes para contentar a todo el mundo). Aunque, por lo menos, esta vez el final feliz no lo es tanto.

En definitiva, una película que se puede resumir con esa suma que tanto les gusta hacer a algunos y que la mayoría de las veces no tiene ni pies ni cabeza. Espero haber acertado con la mía. Pero ojo, que si sois listos y tenéis experiencia en el género, la suma podría convertirse en un SPOILER en toda regla: Leyenda urbana + Rumores que matan + Inocentada sangrienta + Sospechosos habituales = Cry Wolf.

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Target: Estudiantes de comunicación o periodismo que busquen dar el bombazo en la facultad y no sepan cómo.

Lo mejor: Lindy Booth, sacando una actitud y belleza que no había sido aprovechada en la magnífica El amanecer de los muertos.

Lo peor: A pesar de ser bastante entretenida también es previsible.

Nota: 5 /10

Fdo: Darkman

(ver ficha)

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