ALGUNOS DÍAS EN SEPTIEMBRE: una turbia muestra del peor cine europeo

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Hay veces en que el azar, más que la propia voluntad, es el que manda, y es por eso que acabé en la sala donde se proyectaba ‘Algunos días de Septiembre’. Sin referencia alguna sobre ella salvo una escueta sinopsis, la presencia de los competentes John Turturro y Juliete Binoche fueron suficientes para avalar una producción que no me atraía demasiado. Ahora me pregunto por qué no recordé que estos actores son capaces de actuar en “cosas” como ‘Mr Deeds’ o ‘Jet Lag’. Supongo que ya intuiréis que ésta no es una oculta pequeña obra maestra, sino más bien un bodrio a esquivar a toda costa.

‘Algunos días de Septiembre’ nos pone en la piel de Irene, una antigua espía internacional que debe hacerle un favor a Elliot, un antiguo colega: reunir a su hijo e hija (que no se conocen y que pertenecen a dos familias distintas por motivos traumáticos) y llevarlos en presencia de su díscolo padre. Esta misión en apariencia sencilla se verá complicada a causa del importante secreto que Elliot conoce y pretende vender. Banqueros, informadores y un raro asesino a sueldo se mezclarán en su camino.

Al ver películas como ésta uno se pregunta cómo es posible que una productora proporcione fondos y medios a alguien tan tristemente capacitado como Santiago Amigorena. Puede que en algunos casos la responsabilidad se diluya entre director y guionista, pero aquí el genio se come todo el pastel él solito al firmar ambas cosas. El caso es que utilizar un MacGuffin tan tonto y (supuestamente) original como el que se nos presenta aquí no importaría si a cambio se nos ofreciera una decente película de espías al uso, con sus traidores, escenas de acción y carga dramática correspondientes. Pero no, Amigorena es ambicioso e intenta mezclar política, drama y comedia en un ambiente que pide a gritos más tiros y menos reflexión, sobre todo si ésta es de vergüenza ajena. Los personajes que ha construido para su proyecto no pecan de planos sino de estúpidos. A ver quién se cree que existan personas tan radicalmente tontas como un sommelier y una criadora de ocas (tal cual) que se descubren hermanastros y se pasan todo el tiempo con peleas infantiles a pesar de sobrepasar la treintena; o un asesino a sueldo (Turturro) que mata mientras recita poesía y llama a su psicoanalista después de cada trabajito. No amigo, ni tienes la gracia de Tarantino ni la capacidad de Thomas Harris para construir personajes carismáticos. Pero claro, nadie ve la viga en su propio ojo, así que la historia, además de insulsa, está contada a través de unos protagonistas con los que es extremadamente difícil identificarse o sentir el más mínimo interés. Y lo que es aún peor, Amigorena tiene en su haber más de veinte guiones cinematográficos, con lo que no es ningún principiante en esto de contar historias, aunque lo parezca a la vista de los resultados.

Con escenas realmente bochornosas donde se intentan mezclar los prejuicios contra los norteamericanos con la hipocresía europea, sólo se alcanza a un parlamento impropio en una película (“Los EE.UU. son como los dinosaurios (…) por eso hacéis tantas películas de dinosaurios”) insertando con calzador pretendidos toques cómicos que no hacen más que confirmar lo que ya me temía: lo que estaba viendo no tenía remedio. Temas como el incesto, la responsabilidad paterno filial y el ambiente de los espías en Oriente Medio están al servicio de una historia tan desprovista de interés como mal llevada. De hecho, los pasajes más interesantes son aquéllos en los que Elena explica al hijo de Elliot qué tipo de trabajo realizaban ella y su padre durante los noventa, un pasado más jugoso que el aburrido presente que estamos condenados a visionar. Desgraciadamente, como compensación a esta pérdida de tiempo no nos deleitan ni con una escena de sexo ni con un buen tiroteo. Eso sí que es negarle alicientes a una película de espías.

Por si fuera poco, el director no sólo es malo como guionista, sino que iguala (o supera) su ineptitud tras las cámaras. Es difícil ser más convencional y resulta patético su “original” recurso de dejarnos un buen rato una imagen borrosa como forma de expresar una particular filosofía de la protagonista: al quitarse las gafas no ve tres en un burro y así es capaz de ver las cosas con otro enfoque. Sí, no es coña, ya podéis partiros el pecho. De esta manera, podemos disfrutar de bonitas escenas en las que no se ve un pijo. Eso es
un recurso estético y lo demás son chorradas. El resto son escenas que podrían haber sido rodadas con mayor estilo y elegancia por cualquier otro sin conocimientos de cine pero con algo más de talento, requisito que no es muy difícil, puesto que Amigorena carece totalmente de él. En general se tiene la impresión de estar asistiendo a la proyección de las escenas eliminadas de una película, puesto que todas son prescindibles e intercambiables, tan malas unas como otras. Bueno, al menos ésta es su primera película como director, con lo que tiene coartada ante tanto despropósito visual.

Por lo que respecta al reparto, a pesar de contar con actores consagrados como Binoche, Turturro y un inesperado Nick Nolte, que han vivido tiempos mejores, no podemos afirmar que brinden lo mejor de sí, más bien pasan de puntillas por una producción que no llega ni a telefilm, como medio de acabar de pagar la última letra de su nueva mansión en la Toscana. Decir que están mal sería quizás incorrecto, más bien están y punto. Cualquiera que haya visto películas como ‘El paciente inglés’ o ‘Muerte entre las flores’ notará enseguida la diferencia. El resto de intérpretes son de la escuela de Christopher Lambert, es decir, con menos carisma y expresividad que una piedra.

En definitiva, un balance muy negativo para una mala película. Parece increíble que aún siendo el debut del director se haya esforzado tan poco por ofrecer algo mínimamente decente, tanto a nivel visual como literario. Estamos ante una de esas producciones europeas que confirman a los mandamases de Hollywood que no tienen rival en la industria del entretenimiento. En fin, sólo me queda recomendaros encarecidamente no desperdiciar vuestro valioso tiempo y dinero ante tamaña estupidez. Si tenéis ganas de una buena película de espías en Francia diré lo que digo siempre, compraros ‘Ronin’, que, irónicamente, es norteamericana.

Lo mejor: que me reí mucho con los jocosos comentarios de ChicoViejo y Kitano en una sala tan vacía como la película que estábamos viendo.

Lo peor: comprobar una vez más que hoy día cualquiera hace una película, escribe un libro o canta.

Nota: 0

(Ver ficha)

Fdo: Stan

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