
Que una película trate el tema del aborto ilegal no es ninguna novedad y así es fácil que nos vengan a la memoria títulos como “Un asunto de mujeres” (1988) de Claude Chabrol o “El secreto de Vera Drake” (2004) de Mike Leigh. En ambas cintas el protagonismo de la historia recaía en las mujeres (Isabelle Huppert e Imelda Staunton respectivamente) que llevaban a cabo las interrupciones de embarazo. Tanto en un caso como en otro, la falta de dinero abocaba a dichas mujeres a esa práctica perseguida por la ley. Marie (Isabelle Huppert) mantenía a su familia en la difícil Francia ocupada de la Segunda Guerra Mundial y Vera (Imelda Staunton) aportaba unas libras extras para su modesta y humilde familia en el Londres de los años 50. Tal vez la diferencia entre ambas radique en el hecho de que Vera despertaba la ternura del espectador, mientras que la fría ambición de Marie conseguía todo lo contrario.
En “4 meses, 3 semanas y 2 días” (2007), Cristian Mungiu parece que también utiliza el tema del aborto ilegal, pero creo que sólo lo toma como pretexto para contarnos lo que es vivir bajo el yugo del miedo y de la falta de libertad de una dictadura. Además, introduce una novedad, puesto que el peso de la historia no descansará sobre quien practica el aborto o sobre la joven que no desea el embarazo, sino que lo hará sobre la amiga de esta última.
Otilia (una estupenda Anamaria Marinca) y Gabita (Laura Vasiliu) son dos jóvenes estudiantes universitarias que comparten habitación en una residencia de Bucarest. Gabita se ha quedado embarazada, pero abortar es ilegal en la comunista Rumanía de Ceaucescu. Una amiga común les recomienda los servicios del Sr. Bebe que, a cambio de una suma considerable de dinero, “solucionará” el problema de Gabita. Otilia reservará una habitación en un hotel, acabará de reunir el dinero, contactará con el Sr. Bebe y lo llevará hasta la habitación 206 donde Gabita les espera. A partir de aquí la vida de ambas jóvenes (sobre todo la de Otilia) dará un giro radical.

Mungiu no da concesiones de ningún tipo y nos muestra una historia dura (durísima) donde el espectador se verá asaltado por una serie de imágenes (creo que algunas de ellas son innesariamente atroces) ante las que es imposible no retorcerse en la silla. El aborto de Gabita no es lo más desolador que se narra en la película, lo terrible es el marco de opresión y terror que rodea a dicho acto.

Rodada en gran parte cámara en mano (por ello se le ha llegado a comparar con los hermanos Dardenne), la película tiene un cierto regusto documental que magnifica el realismo que se trasmite en cada fotograma. Tampoco se hace uso de ninguna BSO (si exceptuamos la música que suena durante la boda que se está celebrando en el hotel y que funciona a modo de contrapunto) y lo único que escuchamos es el sonido de la ciudad o el de la desesperación que destilan cada una de las palabras de sus protagonistas.

Bucarest aparece como una fría y gris ciudad en la que Otilia se enfrentará (sin paliativos) a la crueldad en todos sus aspectos y será ella (sin comerlo ni beberlo) la que acarreará con las consecuencias del embarazo no deseado de su amiga. No solamente deberá “contentar” a un Sr. Bebe que no está conforme con la cantidad de dinero que las jóvenes han conseguido, sino que también será la encargada de deshacerse del feto lo que la llevará a un angustioso periplo (que pone los pelos de punta a cualquiera) por las oscuras calles de la ciudad.

En esta línea es interesante destacar la excelente escena en la que Otilia debe dejar a Gabita en el hotel (a la espera de que las prácticas del Sr. Bebe causen efecto y con el miedo a una posible hemorragia) para acudir a la fiesta de cumpleaños de la madre de Adi (su novio) y donde su desolación contrasta con la alegría que reina en la casa.
Mungiu, además, consigue crear una constante tensión expectante en varios momentos del film con la que mantiene la atención del espectador y así, por ejemplo, durante los primeros 30 minutos de la película no tenemos ni idea de lo que va a suceder. Hábilmente el director emplea esos 30 minutos para mostrarnos esa Rumanía sumida en una feroz dictadura comunista en la que los coches son todos iguales, en la que las residencias de estudiantes más parecen un albergue para indigentes donde hay que recurrir al estraperlo para comprar una simple pastilla de jabón o un paquete de cigarrillos, en la que abortar un feto de cuatro meses está tipificado por la ley como un asesinato, en la que se vive codo a codo con el miedo.
A pesar de que existen algunos cabos sueltos (demasiado obvios para que sean errores del director) de los que no acabo de entender su finalidad, la premiadísima “4 meses, 3 semanas y 2 días” (Palma de Oro en Cannes 2007, Gran Premio FIPRESCI a la Mejor Película del año en el Festival de San Sebastián 2007 y Premios Europa a la Mejor Película y al Mejor Director 2007) es un film que vale muy mucho la pena no perderse.
Trailer
Para ver la ficha de la película pinchad aquí
Briony 
Archivado bajo: Reseñas | Etiquetado: 3 semanas y 2 días, 4 meses, aborto, Anamaria Marinca, Cristian Mungiu, Laura Vasiliu






























[...] Para leer reseña pinchad aquí [...]
Me ha despertado curiosidad esta película a raiz de tu reseña Briony. Lo cierto es que la realidad supera muchas veces la ficción. Y no esta mal enfrascarse en una historia donde se nos pueda mostrar los sentimientos humanos de una manera más cercana.
La veré. No te quepa duda.
El paseo nocturno de Otilia por las calles de Bucarest, es uno de las escenas más angustiantes que recuerdo de los últimos años.
Imagino a qué te refieres con la imagen innecesaria. Coincido contigo.
Saludos!
[...] Fuente Original: cinefagos.wordpress.com [...]