TIERRA DE CINÉFAGOS

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El Vampirismo en el Cine – DRÁCULA, DE FRANCIS FORD COPPOLA-

DRÁCULA, DE BRAM STOKER -1992

En 1992, y esta vez a tan solo trece años de distancia de la última película de las que más se han ceñido en el cine a la figura del vampiro de Stoker (Drácula, de Badham), Francis Ford Coppola, ofreció otra nueva versión del personaje.

Coppola, director, productor, y guionista de multitud de títulos, ya había dejado para la historia películas emblemáticas dirigidas por el, como “Apocalipsis now”,  “La ley de la calle”, y su trilogía de “El padrino”.

Aunque como director no tenía que demostrar nada, si que el nuevo proyecto significaba un riesgo para su productora American Zootrope, que se encontraba al borde de la quiebra en aquel momento, y un fracaso de taquilla, la hubiera llevado a la bancarrota total.

Como todos sabemos ya, ese riesgo tuvo su recompensa.  Drácula fue uno de los grandes éxitos cinematográficos de los años 90, y generó grandes beneficios.

Lo que también generó su esperado estreno, fueron grandes controversias, tanto entre la crítica, como entre los espectadores. Desde ser considerada una obra maestra por unos, a ser tachada de artificiosa por otros.  

Su título, y el arranque de la historia, fueron y son objeto de polémica.

El título, “Drácula, de Bram Stoker”, y el  publicitarse como película fiel a la novela, causó ya un cierto malestar, pues tampoco se ceñía exactamente al libro, al incluir, sobre todo, ese principio explicativo del origen del Vampiro (que en ningún momento aparece en la obra de Stoker), relacionándolo con un sanguinario personaje rumano del medioevo (Vlad Tepes), del que no se había tenido mucho conocimiento fuera de su país hasta bien avanzado el siglo XX.

Ese inicio que Coppola da a su Drácula, ha inducido a que muchas personas que no han leído el libro, ni saben de las fuentes de las que bebió Stoker para escribir la historia, den por sentado que se basó en la vida de Vlad “el empalador”, lo cual sería más que dudoso, puesto que no hay nada que permita establecer que Bram Stoker tuvo referencia de la existencia del rumano.

En la película, ese prólogo, presentando a un guerrero sin piedad (a través de juegos de sombras chinescas, en claro referente a Kurosawa), pero profundamente enamorado de su prometida, y que cuando la pierde reniega de Dios y de su alma, da pie, a que se pueda establecer un nuevo nexo entre el personaje de Drácula y Mina, al ser esta el vivo retrato de Elisabeta, su malogrado amor.

Tenga o no relación ese principio, con la novela de Stoker, el resultado es impactante, y una gran baza para la película.

Pasando ya, a lo que propiamente dicho sería el comienzo, nos encontramos con los ingredientes principales de la historia (más fieles al libro, que los utilizados en otras anteriores), y nos sorprende ver a un Drácula, anfitrión de Harker, con una estética totalmente alejada de la que el cine nos había ofrecido hasta entonces. Un hombre anciano, con un extraño peinado, envuelto en una impresionante bata roja, que hace gala de una sutil ironía, y puede derramar lágrimas cuando evoca su pasado.

El personaje llena la pantalla, interesa y resulta atrayente.  Otra baza ganada para la película, casi igualable al poderoso prólogo.

El castillo de Drácula, escenario en donde se mueve el Conde, junto con las sombras reflejadas en las paredes, crea el clima necesario para ponernos en contacto con el mundo de lo sobrenatural, e involucrarnos en la historia que se nos va contando.

Nada es excesivo en ese principio, que nos va conectando de forma hilvanada con el día a día de Mina y su amiga Lucy en Londres.

El exceso lo traen las tres vampiras esclavas del Conde, en una escena claramente sexual, cuando seducen a Harker.  Excesiva, pero efectiva, ver a tres huríes (una de ellas, una joven Mónica Belucci), “navegando” entre sedas en una increíble cama,  haciéndole mil perrerías a Harker-Reeves, y muy bien resuelta con la aparición de Drácula.

El viaje a bordo del Demeter, no contiene la misma carga dramática que se nos transmitía en la película de John Badham, al ser un narrador el que nos va transmitiendo lo que acontece en el barco durante la travesía. Pero sí podemos ir observando la transformación de Drácula, y su conexión indirecta con Mina.

La escena de la seducción de Lucy por la bestia en la que se ha transformado el Conde, esta vez, descaradamente sexual, podría resultar ridícula, si no se hubieran mimado hasta los mínimos detalles, que crean el ambiente adecuado para que nos resulte creíble y atrayente.

Y perfectamente ambientado el encuentro entre un Drácula reconvertido en joven petimetre de finales del siglo XIX, y Mina, con una acción acelerada de cine mudo, que cuadra perfectamente con la época, y que se ralentiza cuando el Vampiro descubre entre la gente a su objeto de deseo.

Dejando aparte el look de las gafas azules que protegen los ojos de Drácula del exceso de luz natural, que fue bastante criticado en su momento (si la película hubiera estado ambientada en el presente, las gafas hubieran sido de Armani, o Ray Ban), toda la larga secuencia del encuentro de la pareja, y el comienzo de su relación en el cinematógrafo, está perfectamente planteado, para mostrarnos como el Conde puede seducir sólo como hombre, sin utilizar ninguno de sus poderes.

La aparición en escena de Van Helsing, si que es de impacto para quienes siempre hemos relacionado a ese personaje con Cushing.  Un para mí excesivo Hopkins, rayando el histrionismo, rompe los cánones  establecidos en anteriores películas, y con la descripción del personaje en la novela, dotándolo, de un aire de brujo o exorcista medieval, pero… que como estamos viendo el Drácula de Coppola, cumple también su función, al convertirse en el líder de los tres hombres enamorados de Lucy, embarcándolos con su vitalidad, en la aventura de destruir a Drácula.

Pero aún así, rechazo a nivel personal los pasos de baile que se marca con Mina en su primer encuentro con ella.

Si en la película de Badham se nos planteaba una historia de amor entre Drácula y Mina, pero que contemplábamos con reservas por la parte que le correspondía al Conde, que al fin y al cabo, buscaba su propio beneficio, la que nos ofrece Coppola desde el principio, es una verdadera historia de amor.

El Vampiro es un ser atormentado por la pérdida de la mujer que amó, lo que le hizo renunciar al descanso eterno.  Necesita volver a amar y ser amado, y ha encontrado a su Elisabeta en Mina. 

Drácula no es aquí el ser despiadado y sin sentimientos que la novela y películas anteriores nos habían mostrado.  Su sed de sangre, la que le da vida, no le impide reflexionar sobre el triste destino al que condenará a la mujer que ama, si se alimenta de ella, y le da la opción de alejarse de el.

Este planteamiento (alejado totalmente del personaje de la novela, desprovisto totalmente de sentimiento humano alguno), supone también otra buena baza de cara al espectador, que se involucra totalmente en la relación de Drácula y Mina, y como ya ocurría en la de Badham, toma partido por ellos.

En las escenas en las que la relación de la pareja se va cimentando, no hay que pasar por alto la del baile a la luz de las velas en el reservado.

Ya comenté en el anterior post que ha sido bastante criticada por efectista, al igual que lo fue la del Drácula del 79, pero en esta película, Coppola está jugando con dos barajas: la del argumento, y la de los efectos, y el uno sin el los otros, no hubieran podido dar el resultado final que nos ofreció.

En capítulo aparte estarían las transformaciones del Vampiro a lo largo de toda la película, algunas rizando el rizo del aún más, aunque tampoco molestan cuando la estás viendo, y sólo reflexionas sobre ellas pasado un tiempo.

El magnífico broche final, comienza con la persecución del Conde por tierras transilvanas en dirección a su castillo, en una sucesión de secuencias que en ningún momento hacen decaer el interés del espectador, hasta llegar a la muerte de Drácula.

Durante toda la película, Coppola nos ha ofrecido una nueva concepción, sobre una historia muchas veces ya contada, y su ambientación, sus decorados deslumbrantes, y su cuidado vestuario, han adquirido protagonismo propio, y se han quedado grabados en la retina del espectador.

La poderosa y acertada banda sonora que nos ha acompañado durante todo el film, nos ha ayudado también a crear nuestro clima particular hasta  llegar al desenlace.  Una B.O.  muy digna de figurar entre las de nuestra “cedeteca”, para disfrutarla a pequeños sorbos en determinados momentos.

Los actores cumplen correctamente sus cometidos (con mis pegas a Hopkins), y se nota la mano del director, destacando la interpretación de la Ryder, que encarna, apoyándose en su frágil físico, a una Mina vulnerable y encantadora.  Oldman también merece su mención aparte, en especial interpretando al viejo Vampiro.

El regustillo que deja esta versión, pasado un tiempo, y después de haber sopesado sus pros y sus contras, es la de que Coppola hizo un buen trabajo.  Posiblemente el esperado por todo el mundo, aunque haya sido criticado después. 

El momento en el que se rodó, requería el tratamiento, la puesta en escena, y los efectos especiales en los que se apoyó.  Coppola creó un film sobre Drácula acorde con estos tiempos, que ya eran también los de los 90.

Los que amamos el cine clásico, puede que hayamos sido los que mas “pegas” le hayamos puesto, pero tendríamos  que tener en cuenta que un futuro cinéfilo que por ejemplo nazca hoy, y la vea dentro de 20 o 25 años, también la considerará un clásico, y la incluirla en su lista particular, tal y como he hecho yo. Esta película siempre merecerá el honor de figurar entre los clásicos “DRÁCULAS”.

   

FICHA TÉCNICA:

AÑO: 1992

NACIONALIDAD: USA

DIRECTOR:  Francis Ford Coppola

GUIÓN:  James V. Hart

MÚSICA:  Wojciech Kilar

DURACIÓN: 127 min.

INTÉRPRETES: Gary Oldman, Winona Ryder, Anthony Hopkins, Keanu Reeves, Richard E. Grant, Cary Elwes, Bill Campbell, Sadie Frost, Tom Waits, Monica Bellucci

TRAILER DE LA PELÍCULA

Fdo: Swanson     

22 Diciembre, 2007 - Publicado por Swanson | Cine de Terror, Películas de los 60 al 2000, Reseñas | , , , , , , | 4 comentarios

4 comentarios »

  1. Me encanta este Drácula, me llama poderosísimamente la atención. Creo que Oldman esta excelente en ese papel tan seductor a veces.

    Esta si que la he visto, y revisto, y la tengo en mi colección particular, porque me encanta.

    De lo que hablas del prologo, es verdad que no esta en la novela, pero así Coppola da origen al vampiro, para que los espectadores sepan porque se condeno a la muerte en vida, y proque quiere a Mina. Creo que sin el prólogo, no habria sido una buena película, porque dejaría muchas dudas a resolver.

    Karelia

    P.D: Un gran post Swanson, me ha encantado, como ha quedado claro.

    comentario por cinefagos | 23 Diciembre, 2007 | Responder

  2. Me encanta la peli, es muy conmivedora Coppola ha hecho un gran trabajo…

    comentario por carolina santa | 6 Junio, 2008 | Responder

  3. es una de las mejores peliculas que he visto

    comentario por hernando | 17 Octubre, 2008 | Responder

  4. [...] la historia de ficción, cuyo artífice, Eiko Ishioka, ya nos impactó con sus creaciones para el “Drácula” de Francis Ford Coppola. Y también la música, que con la firma de Krhisna Levi, se adecua [...]

    Pingback por “The Fall. El sueño de Alexandria” – La magia de una historia bien contada « TIERRA DE CINÉFAGOS | 10 Diciembre, 2008 | Responder


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